Análisis de The Last of Us: Left Behind

Cómo engrandecer un juego perfecto.

Una de las cosas que más me gustaron de The Last of Us fue esa sobriedad casi áspera con la que Naughty Dog resolvía algunos de los momentos más emocionalmente intensos que hemos visto nunca en un videojuego. Lo que en la mayoría de juegos se traduciría en un espectáculo hiperbólico de efectos especiales, giros de guión forzados y pirotecnia propia de blockbluster, en la travesía de Joel y Ellie se presentaba ante nosotros con una historia medida hasta lo mínimo necesario, una narración contenida que parecía que se reservaba las fuerzas como lo harían sus propios protagonistas. A pesar de esta austeridad el juego conseguía atrapar al jugador en sus red y mecerlo en esa suspensión de desconfianza que, al menos en mi caso -y sé que no soy el único- me obligaba a tener que interrumpir la partida más a menudo de lo que querría para respirar y coger un poco de aire.

Left Behind, el primer y único contenido adicional que ampliará la historia del juego y que hoy mismo se pone a la venta, es totalmente coherente con ese carácter sobrio. La trama se desarrolla pocos meses antes del juego original y en esta ocasión se centra en Ellie, pero no en la curtida y deslenguada superviviente que todos conocemos, sino en una Ellie algo más inocente y menos castigada. A su lado está su buena amiga Riley, una chica de la que ya supimos algo en el juego original y que ahora conocemos por primera vez. Adivinar cómo van a acabar las cosas no es difícil -de hecho es algo que ya se dice en el juego principal- pero esto no es problema, pues aquí lo importante no son tanto los giros de guión sino la evolución de los personajes, y este Left Behind, con las excelentes interpretaciones de Ashley Johnson y Yaani King en la piel de dos chicas que huyen de cualquier estereotipo, obtiene una matrícula de honor en este aspecto.

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Es sorprendente cómo de las dos horas y media que puede durar este DLC, la mayor parte del tiempo está dedicada a las conversaciones entre Ellie y Riley. De manera inaudita en una gran producción de estas características, Neil Druckmann, Bruce Straley y el resto de Naughty Dog ponen el foco y toda su atención en los diálogos y en pequeñas escenas "cotidianas" más que en la acción propiamente dicha -diría que más incluso que en juego original- y el resultado no podría ser más prodigioso. No os engaño si os confieso que al principio no acababa de convencerme la premisa de que Ellie fuera la protagonista de este prólogo, aunque me parece un buen personaje, quizá le cogí tanto cariño a Joel que esperaba saber más sobre ese personaje, pero la verdad es que éste ya gozaba de su particular escena de contextualización al inicio de The Last of Us -¡y menuda escena!-, y en cambio Ellie no estaba igual de compensada en este sentido, algo que se encarga de arreglar este contenido descargable, que a su vez ayuda a completar la historia y añade valor al conjunto.

Sin entrar en demasiados detalles para así mantener la sorpresa, la historia de Left Behind no se limita únicamente a las aventuras de dos chicas en un escenario lleno de peligros, pues hay algo más. Ese algo más es un recurso muy sabiamente empleado por Naughty Dos para evitar que el necesario proceso de "aprendizaje" de Ellie no se limite a un simple y predecible tutorial. Los paralelismos que permite este planteamiento narrativo son tan efectivos que uno podría pensar que la historia de Left Behind ya hacía tiempo que estaba preparada. La naturalidad con la que The Last of Us hace brotar sus mecánicas es algo en lo que nadie les ha superado todavía y que aquí vuelven a bordar.

"Left Behind logra engrandecer The Last of Us en su totalidad, que sea todavía una experiencia mejor de lo que tendríamos únicamente con el juego principal."

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Llegados a este punto muchos quizá piensen que 'sí, que muchos diálogos y mucha escenita, pero qué pasa con el juego'. Pues bien, los elogios continúan en este aspecto, pues aunque la base es exactamente la misma que en The Last of Us, y apenas se añade ninguna nueva mecánica, en Naughty Dog parece que han encontrado nuevas forma de explotar su genial sistema de control. Por ejemplo, ahora son más recurrentes los momentos en los que usando nuestras habilidades podemos acabar con grupos enemigos haciendo que ellos, humanos e infectados, se maten entre sí, y lo cierto es que esta situaciones funcionan tremendamente bien. El resto es exactamente lo que ya conocemos del juego original, con sus niveles genialmente diseñados para que cada enfrentamiento sea emocionante, una dificultad bien pensada en todos sus niveles, un manejo ágil y el pequeño componente de crafting para fabricar armas y botiquines. El único punto negativo es que, debido a la corta duración de este contenido, cuando ya nos hemos acostrumbrado al control -especialmente si llevamos unos meses sin jugar al juego principal- uno se queda con ganas de más, pero de nuevo hay que aludir a ese búsqueda de lo esencial. Porque de la misma manera que cada bala es importante también lo es cada escena.

Left Behind logra engrandecer The Last of Us en su totalidad, que sea todavía una experiencia mejor de lo que tendríamos únicamente con el juego principal, y ese es quizá el mejor elogio que se le puede hacer a un capítulo extra que, a pesar de costar 15 euros, es un regalo para todos aquellos que todavía hoy llevan la historia de Joel y Ellie muy dentro.

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