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Análisis de Stellar Blade - En el límite del bien y del mal

Déjà vu.

Eurogamer.es - Recomendado sello
Stellar Blade refleja constantemente un estado de ambivalencia, brillando en muchos momentos pero también enfangándose de forma muy consciente en otros.

A Stellar Blade, más concretamente a su equipo de marketing, hay que reconocerles el mérito de haber ubicado en el mapa un producto que, de otra forma, quizás no hubiese llamado tanto la atención. Desde hace algún tiempo, y por diversos motivos, el juego de Shift Up ha sido el centro de varios debates que su obra pone sobre la mesa de forma evidente e innegable. Vivimos en la era del SEO, el engagement y las interacciones, y por desgracia eso, los numeritos, parecen ser lo único que cuenta para inversores, especialmente si tenemos en cuenta que los presupuestos para realizar proyectos de gran calado en el sector cada vez son mayores y quienes lo financian quieren la seguridad de tener un retorno cueste lo que cueste. Debates que pueden parecen externos, pero que el juego no se corta en recordar con descaro cada pocos minutos. Es su carta de presentación y es tan válida como cualquier otra; de esta forma consigue convertirse en un festín de sensaciones encontradas, alternando momentos verdaderamente brillantes, con otros capaces de dejarnos estupefactos con su estudiado descaro.

Es el momento de poner todas estas cartas sobre la mesa y profundizar en las capas de toda la polémica suscitada en un juego que, por cierto, en su puesta en escena y desarrollo carece de esa profundidad que se le podía presuponer, precisamente debido a todo lo que ha auspiciado a su alrededor. Eso sí, que quede claro: Stellar Blade es endemoniadamente divertido. Consigue satisfacer de forma inmediata gracias a, principalmente, su sistema de combate y a su espectacularidad visual, sello de un apartado técnico exquisito que se mantiene con solvencia y estabilidad durante toda la aventura, siendo capaz de mantener su poderío incluso en los instantes en los que más elementos aparecen en pantalla. Una sensación que va creciendo a medida que pasan las horas, desbloqueamos nuevas opciones de combate para Eve y hacemos frente a sus numerosos jefes, donde el juego verdaderamente se luce gracias a su espectacularidad, inyectándonos la dopamina necesaria para no querer soltar el mando. Además, en Shift Up han sabido culminar esto con una intensísima recta final con varios enfrentamientos épicos ante jefes finales de forma casi consecutiva, que ayudan a acabar por todo lo alto, apartando ligeramente otros aspectos o momentos que quedan más lejos de resultar tan satisfactorios.

El viaje de Stellar Blade tiene altibajos pronunciados debido a una mezcla de sus decisiones de diseño cuestionables y a su nulo pudor planteando algunas situaciones. Cuando probamos la demo lanzada hace algunas semanas destacábamos las particularidades que presentaba, tanto en su combate como en su desarrollo, y ambas se mantienen en su versión final, con algún que otro matiz referente al progreso en el que ahora profundizaremos. Como ya se intuía, el estudio coreano ha seguido una máxima clara para crear una especie de Frankenstein tomando ideas que funcionan en otros títulos y aderezándolas a su manera. Así, por un lado, bebe de distintas aguas a la hora de construir su propio sistema; por un lado, saca partido de mecánicas verticales propias de los hack and slash con los movimientos vertiginosos de su protagonista para encadenar ataques y combos que irán siendo más devastadores a medida que rellenemos su correspondiente árbol de habilidades, con cierta libertad para conformarlo a nuestro gusto. Además, su filosofía nos insta a atacar sin descanso, porque encadenando golpes o incluso buenas acciones defensivas abriremos la opción de usar las habilidades especiales de Eve, más poderosas y que pueden ayudar a decantar la balanza en un enfrentamiento complicado.

Por el otro, se aproxima más a los soulslike a la hora de rubricar su estilo, con enfrentamientos que suelen ser uno contra uno - de hecho, los que son multitudinarios son los más caóticos debido a una cámara un poco inquieta de más - donde debemos leer los movimientos de nuestros rivales para esquivar, ejecutar gratificantes - y muy necesarios - parries y aprovechar las ventanas en las que podamos mermar lo máximo posible la salud de nuestros variopintos adversarios. Una decisión pragmática que, si bien no es un alarde de originalidad, como prácticamente nada aquí, lo cierto es que funciona de manera óptima, ofreciendo una diversidad de posibilidades para afrontar cada circunstancia de formas variopintas gracias a un abanico de opciones considerablemente amplio. Así se pretende también abrazar a los neófitos en este tipo de propuestas gracias a la selección de dificultad, que cuenta con un modo normal más enfocado a la acción y un modo historia con ciertas ayudar para el combate; si queréis un reto más mayúsculo, tendréis que completar el juego para desbloquear la opción de empezar una nueva partida con un nivel de dificultad más elevado.

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La personalización de Eve es una de las claves del juego a la hora de brindar esa sensación de variedad de la que hablamos. Por eso, es importante sacar partido a la exploración de los escenarios para encontrar nuevos objetos que sirvan para mejorar las capacidades de la protagonista, encontrando equipo configurable como las exoespinas, que añaden distintas mejoras para aportar beneficios porcentuales ya sea en forma de una mayor resistencia defensiva, más velocidad o poder de ataque. Los escenarios son relativamente amplios y es importante activar periódicamente el radar, ya que ayuda a determinar la ubicación de los cadáveres que esconden contraseñas para cofres que aguardan estas recompensas que ayudan mucho cuando toca blandir la espada.

En general, la mayor parte del tiempo el desarrollo de Stellar Blade es lineal, pero llegado cierto momento aterrizamos en Xion, que es una especie de base de operaciones para el equipo protagonista, y donde también podemos comenzar con alguna que otra misión secundaria que ayudará a exprimir el juego (la mayoría se desarrollan en dos zonas más abiertas, aunque algo vacías) y a recibir todavía más opciones que nos animen a cambiar el equipo para probar cosas nuevas o que se adapten mejor a nuestro estilo. Salvo un par de excepciones, eso sí, estos encargos opcionales resultan un tanto inocuos a nivel narrativo y dejan esa sensación de relleno que, por desgracia, muchos títulos de mundo abierto suelen portar con orgullo. De alguna forma, el juego se empeña en añadir capas de variedad a marchas forzadas para manejar los ritmos y que no sean todo combates. Así, por ejemplo, se añaden también sectores en los que toca prescindir forzosamente de la espada para hacer uso de armas de fuego en escenarios que parecen sacados de un survival horror o zonas en las que entran en juego elementos más plataformeros donde saltar de un lado a otro donde el propio movimiento de la protagonista, diseñado para otros menesteres, hace que resulte más complicado de lo que debería ser precisos.

Con la inspiración y la diversión centrada en el combate, queda por ver si la historia acompaña. Pero en este caso, la narrativa principal de Stellar Blade está lejos de ser demasiado interesante; su punto de partida está muy manido, con una raza que se ha hecho con el poder y ha imperado en el planeta de forma violenta. Se puede elaborar algo interesante a partir de ahí, claro, pero no solamente no es el caso, sino que, pasadas pocas horas, se ven a kilómetros los giros de guion y, al igual que en otros aspectos, Stellar Blade juega en un límite peligroso a la hora de tomar influencias que prácticamente fusila sin ningún tipo de rubor, especialmente en sus momentos conclusivos (hola, NieR).

Tampoco ayudan a recuperar el interés por la trama el hecho de que tanto Eve, como el resto de personajes del elenco principal sean cascarones vacíos y faltos de personalidad. El asunto sobre la sexualización de los personajes del juego se manifiesta de forma evidente en muchos momentos y, en el fondo, esperaba que hubiera algún tipo de recurso narrativo que le dotara de sentido, pero no lo hay más allá de poder desbloquear y vestir a Eve con trajes provocativos que dejan poco a la imaginación, abusando de planos que buscan intencionadamente la anatomía de la protagonista, sin olvidar algún que otro personaje que, curiosamente, lo único que lleva cubierto es su rostro. Es difícil negar la mayor de la tendencia premeditada de Shift Up para ser un juego provocativo - en todos los sentidos - en este aspecto; una decisión creativa válida como cualquier otra, que podría tener coherencia si tuviera una intención más allá que la de llamar la atención, pero todo resulta demasiado gratuito y de un gusto discutible. En obras culturales como son los videojuegos pueden aparecer perfectamente personajes con poca ropa o incluso desnudos, pero esto depende del fin con el que incluyan, de su intencionalidad. Y aquí está bastante claro lo que se busca. Eso, unido a la ya mencionada falta de cualquier tipo de vergüenza a la hora de inspirarse en otros juegos a nivel jugable, narrativo e incluso a la hora de calcar escenas de otros títulos (os acordaréis de Uncharted 2 en un momento dado, sin ir más lejos), provoca que, por momentos, aparezca incluso una sensación de lástima ante la falta de creatividad e ingenio que, por desgracia, parece una tendencia últimamente en el sector, que Stellar Blade lleva más allá de forma probablemente innecesaria.

A pesar de todo esto, y de cómo por momentos presume de su propia insolencia, Stellar Blade consigue ser práctico y efectivo a la hora de resultar eficiente gracias a su pirotecnia y a la elasticidad de sus batallas. Divierte, y realmente eso es lo que más cuenta dentro de una fórmula que nos hace pasar buenos ratos durante las 20-25 horas que puede llevar completarlo. Para buena parte del público puede bastar con eso, y es genial. De eso se trata. Pero desde un punto de vista más analítico, el exceso de influencias dejan por momentos la sensación de oportunidad perdida, de que tal vez aportando algo de su propia impronta podría haber llegado a una escala de satisfacción mucho mayor, porque desde luego sus desarrolladores han contado con los medios para ello.

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