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Análisis de Pepper Grinder - Los túneles pueden ser plataformas si te lo propones

No, no es ese tipo de grinder.

Eurogamer.es - Recomendado sello
Rápido, atrevido y lleno de buenas ideas, Pepper Grinder es un plataformas atípico de jugabilidad, mecánicas y diseño a prueba de bombas.

Como cualquier otro aficionado al videojuego, me suelo dejar llevar por mis querencias y animadversiones. Un rápido vistazo a mi estantería revela una evidente inclinación por la acción, los tiros y el ocasional guantazo a mano abierta, cerrada o con arma blanca. Y si puede ser todo junto mejor. Sin embargo, de cuando en cuando conviene salir de nuestra zona de confort y probar cosas nuevas para hacer bueno el proverbio que aconseja ser flexible como un junco y no rígido cual tablón que puedes partir sobre el cráneo de tus enemigos en el Condemned. De forma habitual, suelen ser los plataformas a la Mega Man los que sacian mi apetito por un sano cambio de ritmo, pero, en ocasiones, surge una propuesta que, ya sea por su dirección artística o por su planteamiento jugable, capta mi atención y negocia un alto el fuego entre tanto juego de tiros.

Pepper Grinder cumple con nota todos esos requisitos... y con algún otro que no me esperaba.

Desarrollado en solitario - a excepción de la música, que corre a cargo de Xeecee - por Ehr Ach para Devolver Digital, Pepper Grinder nos pone en la piel de, claro, Pepper, una valiente y determinada aventurera que, tras un desafortunado naufragio, da con sus huesos en una playa indeterminada. Por si fuera poco, una malhechora - y, casi con toda probabilidad, malandrina y malencarada - se lleva el tesoro de Pepper a lomos de sus secuaces. ¡Ah, perfidia! Menos mal que Pepper recobra el conocimiento justo a tiempo para salir tras esta banda de forajidos y encararse con ellos con agridulce resultado. Por el lado dulce tenemos a que es aquí cuando Pepper encontró a Grinder, completando el binomio que da sentido y nombre a este título. El agrio, por otra parte, se debe a que ese encuentro se produce gracias a que los malos nos arrojan por un acantilado y se escapan con nuestro botín. Pobre Pepper, perdiste oro, joyas y riquezas sin igual pero ganaste un buen puñado de enemigos mortales y un poderoso taladro gigante. El que no se consuela es porque no quiere.

No nos queda más remedio, pues, que ponernos manos a la obra para recuperar nuestras pertenencias. A sangre y broca, si fuera necesario. Y lo haremos rápido, porque es justo en estos primeros compases de Pepper Grinder - al conocer su sencilla premisa e introducir sus primeras mecánicas - cuando se pone de manifiesto una de sus principales virtudes: la inmediatez. En no pocas instancias Pepper Grinder muestra ecos de grandes clásicos como Sonic o Mario (esas banderas que Pepper iza al final de cada nivel y nos hacen sentir que conquistamos los niveles son una seña inequívoca de ello), pero ninguno de ellos emparenta tanto a este título con todos esos referentes como el hecho de que este título concentra gran parte de sus esfuerzos de diseño a enseñar con el ejemplo. Tan escuetas - casi cercanas a lo inexistente - son las explicaciones sobre la historia como serán las indicaciones relativas al funcionamiento de los controles. Un botón para saltar, otro para subir las revoluciones de nuestro taladro - y poder tunelar al gusto - y, para finalizar, otro para impulsarnos cuando estemos ejerciendo de topos sin licencia. Y a cavar se ha dicho.

Porque no nos quedará otra si queremos avanzar por unos fantásticos - tanto dará que nos refiramos a su ambientación, diseño o pixel art - niveles que, eso sí, estarán repletos de peligros. Por fortuna, nuestro taladro se mostrará tan ducho en cavar túneles a toda velocidad y salvar abismos de la muerte como en despachar a unos enemigos que, en su mayoría, serán los secuaces de nuestra archienemiga ladrona de tesoros. Si bien nos encontraremos algún que otro bichejo preocupado por mantener su territorio - o realizar sus tareas bichiles -, el grueso de nuestros rivales se compondrá de unos, en apariencia, simpáticos y aventajados émulos de los narvales. Y si digo en apariencia es porque, además de tener bastante mala leche y ser unos ladrones, se dedicarán a impedir nuestro progreso y limar nuestra vitalidad por todos los medios a su alcance. O sea, por túnel, mar y lo que tengan a mano, porque si tienen manejar un lanzallamas, una moto de nieve o un avión que parece sacado de la primera guerra mundial pues allá que irán, convirtiéndose en la envidia de sus ancestros marinos.

Ahora bien, Pepper no dejará que semejante escalada armamentística quede así. El rastro de gemas que veremos desperdigado por los distintos escenarios no estará ahí para hacer bonito. Aunque también. Además de funcionar como una suerte de indicador de un posible camino a seguir - un poco como los anillos en Sonic o lo que sea la fruta esa de colores que coge Crash -, el reguero de joyas que recogeremos a fuerza de recorrer los niveles nos abrirá la posibilidad de invertir estas en reforzar temporalmente nuestra salud. Para ello, tendremos que dirigirnos a las tiendas de curiosidades que nos aguardarán en los cuatro mundos de Pepper Grinder y que, además de vendernos cromos, atuendos y demás fruslerías, nos ofrecerán llaves para poder acceder a un nivel extra por mundo. Un gran añadido al que, por desgracia, hay que apuntar dos importantes problemas. El primero es que estas llaves sólo serán canjeables por unos doblones de imponentes dimensiones que no se mostrarán tan accesibles a lo largo de los niveles, obligándonos a prestar una mayor atención a ciertas pistas visuales en busca de caminos alternativos o no tan evidentes. El segundo es que juraría que los responsables de la tienda son enemigos haciéndose pasar por un amistoso topo gracias a una máscara de lo más cutre, pero como no somos de la zona tampoco es cuestión de ir juzgando las costumbres locales.

Lo que sí conviene juzgar, y de forma positiva, es el hecho de que, al margen de que gastemos a manos llenas en las tiendas o no, podremos emplear nuestro taladro para algo más que cavar túneles y movernos por el subsuelo a gran velocidad. Si bien esta será la mecánica principal, a lo largo de nuestra aventura encontraremos muchos momentos en los que Pepper podrá subir las revoluciones de Grinder mientras lo acopla a gadgets, estructuras y alguna que otra sorpresa mecanizada. Así, además de darnos un plus de potencia frente a nuestros enemigos, la variedad de mecánicas jugables y la diversión quedan garantizadas. Y si a todo lo anterior le añadimos su más que reseñable variedad de terrenos y situaciones, sus duros bosses o el modo contrarreloj, queda claro que Pepper Grinder no ha dejado casilla sin rellenar.

Y es que, en última instancia, Pepper Grinder es un título repleto de desparpajo y grandes ideas. Sus ágiles niveles son el contrapunto perfecto a unas mecánicas precisas, divertidas y que, gracias a su amplia variedad, impiden que el ritmo del juego decaiga hasta alcanzar niveles tediosos. Y aunque algunos aspectos podrían haber sido algo menos ásperos - lo desigual de su banda sonora, la extraña economía de sus coleccionables o la implacable dureza de alguno de sus bosses -, lo cierto es que aspectos como su impecable píxel-art, el compromiso con un diseño en el que prima la inmediatez jugable o la inapelable variedad de mecánicas de las que hace gala consiguen que estas aristas no pasen de la mera anécdota.

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