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Análisis de Kirby y la Tierra Olvidada - No hay vuelta atrás: el Carby ha venido para quedarse

La tierra olvidona.

Eurogamer.es - Recomendado sello
La entrega más completa y divertida de Kirby desde hace muchos años establece una nueva etapa para el personaje, aún con algún cabo suelto.

¿Puede a uno no gustarle Kirby? Entiendo perfectamente que a algunos jugadores pudiera aburrirles, o simplemente no interesarles, pero no llego a imaginarme una situación en la que alguien me dice, de forma totalmente seria, que le desagradan activamente los juegos de la bolita rosa. No creo que esto tenga que ver, del todo, con la innegable adorabilidad de la mascota de Nintendo, sino más bien con el hecho de que en la mayoría de los casos se trata de títulos pensados para evitar, en la medida de lo posible, la fricción con el jugador. Juegos en los que no frustrarnos, en los que sentimos que avanzamos, en los que casi nada es permanente y siempre podemos reintentarlo. Pequeños remansos de paz que responden a cualquiera de nuestros esfuerzos con premios y sorpresas y que se sienten, a veces, como el equivalente a dejarle un poco de espacio a un niño para que tenga la oportunidad de ganarnos en el juego. Títulos que no son difíciles, ni tampoco lo necesitan, porque su foco está en otro lado: en hacernos sentir bien y divertirnos sin hacernos sudar.

Precisamente por esto me resultó algo extraño que los primeros compases de Kirby y la Tierra Olvidada me desagradasen un poco. Nada trágico, nada dramático: niveles muy bonitos pero muy sencillos, en los que prácticamente todo está al alcance de nuestra mano y es imposible perderse. Entiendo ahora que este Kirby tiene una posición un poco extraña dentro de su franquicia: la de avanzarla hacia un lugar totalmente distinto, uno en el que abandonamos - la mayor parte del tiempo - su desplazamiento lateral característico para enfrentarnos a un mundo en 3D en el que el combate y las plataformas funcionan de manera diferente. Unos primeros tráilers que nos mostraban un juego que parecía, a priori, mucho más libre y abierto nos recibe con unos mundos iniciales que son notablemente lineales y donde las nuevas mecánicas no brillan particularmente. No obstante, si le damos un poco de paciencia, el título consigue despegarse de su propia tradición y a empezar a pensar de maneras distintas, a proponernos cosas nuevas, y a hacernos entender que este es el camino que ha decidido tomar a partir de ahora.

Y es, la verdad, un buen camino. La premisa del juego es que Kirby es transportado a un universo en el que los Waddle Dees han sido raptados, y que tendremos que explorar para rescatarlos a todos. La aldea de los Waddle Dee servirá como núcleo central de la aventura, y es allí donde empezaremos la partida y a dónde volveremos recurrentemente cuando queramos mejorar nuestras habilidades, recuperar vida o simplemente relajarnos un poco y jugar a unos cuantos minijuegos. Después, podemos acceder al mapa principal, dividido en seis mundos con una cantidad variable de fases y pequeños retos contrarreloj. No todas las fases son obligatorias, pero para acceder al jefe final de cada mundo tendremos que haber rescatado, al menos, un mínimo de Waddle Dees, así que seguramente querremos hacerlas todas (o repasar muy, muy bien las que ya hayamos jugado para asegurarnos de no habernos saltado ningún bichillo).

Al iniciar cada fase se nos ofrecerán los dos objetivos principales de cada una: en primer lugar, superar la fase, y en segundo lugar, rescatar la mayor cantidad de Waddle Dees posible. Además, habrá otros tres objetivos - que también nos servirán para obtener más Waddle Dees - y que estarán, al menos en un principio, ocultos. Los descubriremos cuando acabemos el nivel o cuando empecemos a completarlos. Algunos de los objetivos secundarios tienen que ver con recoger coleccionables, o con vencer a jefes utilizando transformaciones concretas, con resolver puzles o encontrar y visitar áreas secretas. Así, querremos explorar bien cada nivel y toquetearlo básicamente todo, porque cualquier cosa puede ser, potencialmente, un objetivo secundario que nos ofrecerá una recompensa al completarlo.

Los propios niveles, especialmente cuando pasamos los primeros mundos, tienen una estructura más o menos amplia y libre, pero están pensados para ser lineales. Aún así, nos dejarán, de vez en cuando, separarnos del camino principal para hacer puzles o secciones secundarias. Prácticamente ninguna de ellas nos tomará más de un minuto, o dos como mucho, pero sí que se esfuerzan en mantener la sensación de descubrimiento, en que tengamos que mirar la pantalla unos segundos antes de que nos haga "clic" la manera de resolver el rompecabezas. En ese sentido, creo que los objetivos son bastante útiles para guiar nuestra exploración. Nos hacen prestarle atención a cosas que quizás no notaríamos normalmente, y nos sirven para darnos cuenta de si nos hemos saltado alguna sección o algún secreto, incentivando el volver atrás para descubrirlo. En general, Kirby y la Tierra Olvidada no quiere que nos perdamos nada, y esto implica una relativa permisividad a la hora de volver hacia atrás y reintentar las secciones. Casi nunca he sacado la totalidad de los objetivos de una fase a la primera, pero rara vez me ha costado más de dos o tres intentos.

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Jugablemente, eso sí, todo funciona de manera bastante similar a lo de siempre. Kirby puede absorber algunos enemigos y expulsarlos en forma de proyectil; cuando absorbamos a determinados enemigos concretos, copiaremos sus habilidades. Aquí tenemos a todos los sospechosos habituales: la espada, las bombas, el fuego, el hielo y demás. No he echado en falta ninguna de las habilidades clásicas en particular, a pesar de que sí que da la sensación de que son menos numerosas que en entregas como Planet Robobot. Aún así, Kirby y la Tierra Olvidada consigue introducir más dinamismo en su combate con el sistema de mejora de habilidades. Con los objetos que obtendremos al superar las fases opcionales de contrarreloj, y con los planos que obtendremos como recompensa por resolver ciertas salas secretas o derrotar a los jefes, podremos ir a la aldea Waddle Dee y mejorar nuestras habilidades en la armería. Cada habilidad puede mejorarse hasta tres veces y a pesar de que mantienen unos movimientos bastante similares, suelen añadir nuevas funciones que hacen que adquirirlas vuelva a ser emocionante.

La gran novedad de esta entrega son las transformaciones, que son diferentes a las habilidades de copia en que están acotadas a zonas concretas y en que permiten a Kirby transformarse, temporalmente, en objetos. Una idea con la que la saga lleva coqueteando desde Epic Yarn y que, la verdad, funciona muy bien. Es cierto que lo que tenemos que hacer con ellas suele ser bastante evidente: destruir una pared con la estantería, alcanzar un lugar alto con la escalera o romper un suelo o una tubería con el cono, por ejemplo. Pero son satisfactorias de usar, visualmente muy graciosas, y siempre nos ilusiona un poco cuando vemos la oportunidad de utilizarlas. Quizás podría echársele en cara al juego que las secciones en las que aparecen son bastante cortas: generalmente el diseño de cada fase se las apañará para que no podamos movernos muy lejos con ellas, poniéndonos barreras que sólo pueden superarse con el Kirby estándar, sin transformar. Por ejemplo, si llevamos al Kirby máquina de refrescos, enseguida nos encontraremos alguna zona a la que sólo se pueda acceder a través de una escalera porque en esta forma, no podremos escalar, así que tendremos que revertir la transformación y continuar caminando normal. Aún así, las mejores partes del juego son, sin duda alguna, aquellas en las que el juego nos deja experimentar un poquito más con las transformaciones, bien porque nos deja usarlas durante tramos más largos de lo normal, o bien porque forman parte de puzles complejos.

Más allá de esto, es cierto que el aspecto visual del juego también es una fuente de sorpresa constante. Sin ser particularmente fino en lo técnico - en los niveles con muchos enemigos notaremos, especialmente en el modo sobremesa, como el ratio de fotogramas flaquea un poco - el juego sí tiene un apartado artístico muy fino y definido en la corta distancia y, sobre todo, un amplio abanico de ideas que explorar y después subvertir casi constantemente. En este sentido, mi mundo favorito, por su variedad, es el que está inspirado en un parque de atracciones, en el que nos encontraremos desde carreras de karts hasta montañas rusas o un nivel de la casa del terror que, si no es mi nivel favorito de la saga, como mínimo está entre los tres primeros.

De todos modos, lo que redondea Kirby y la Tierra Olvidada no son necesariamente los niveles, sino la manera en la que comprende que los mejores juegos de la historia del personaje vienen de la mano de una mezcla de minijuegos, retos opcionales, boss rush y demás pequeñas cosas. Conforme vayamos avanzando y superando los niveles principales, con el rescate de Waddle Dees que eso conlleva, la Aldea central irá desbloqueando nuevas instalaciones. Desde el minijuego de pesca o el de cafetería a un coliseo en el que podremos enfrentarnos contra todos los jefes finales seguidos, distintos tipos de coleccionables y opciones para volver a escuchar la música y las cinemáticas. Cada vez que volvemos a la Aldea y se ha desbloqueado algo nuevo no podemos evitar ir corriendo a toquitearlo un poco y, a lo que queremos darnos cuenta, ha pasado media hora. La gigantesca variedad del juego, por la cual podemos saltar de una actividad a otra, de un minijuego a una contrarreloj, de superar un nivel o un jefe a una caza de coleccionables, de pelearnos con Meta Knight a pescar un ratito, se siente como toda una celebración de todo lo que es y todos los motivos por los que nos gusta Kirby.

Así, incluso aunque haya indudablemente potencial sin explotar en este Kirby y la Tierra Olvidada, creo que su llegada es una buena noticia: todos sus elementos establecen una nueva dirección para la saga que parece más que sólida como para aguantar un buen puñado de entregas. Además - ¡incluso aunque no tenía por qué hacerlo! - después de terminar la historia principal podremos disfrutar de un post-game bastante extenso que inevitablemente recicla un tanto de los niveles que ya conocemos, pero que se plantea como una adenda un poco más desafiante y difícil de completar para quienes quieran vivir un poco más en su mundo. Un broche más que notable para un salto al 3D que quizás no acierta todos sus disparos, pero que siempre tiene en mente ser exactamente como a nosotros nos gusta Kirby: suave, dulce y bonito, sin tensiones.

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