Resident Evil 2 (remake) Artículos

Hay una línea que divide la historia de Resident Evil, una fractura que separa la saga en dos partes bien diferenciadas. En un lado tenemos la trilogía original, con un ritmo indudablemente lento, pero que también resulta terrorífico. En el otro están los juegos posteriores, en los cuales se amplifica notablemente la acción y ciertos elementos estrafalarios. Ambos estilos son disfrutables a su propia manera, pero la verdad es que las tres primeras entregas tienen una clase que los sitúa en una categoría aparte.

Desde su nacimiento, el survival horror ha sido un género estrechamente relacionado con la escasez y la limitación. Con pocas balas en la recámara y la obligación de hacer que cada disparo cuente, hablamos de un tipo de diseño sobrio e inteligente, y de un dibujo de eficiencia casi soviética que hace pasar a sus jugadores por un vía crucis en el que solo sobrevive quien sabe sacar petróleo de sus escasos recursos, pero que a su vez es el primero en aplicarse el cuento: un diseño que sabe convertir las debilidades en fortalezas, y que fundamentaba su interpretación del terror en unos límites impuestos por la propia tecnología.