El mundo del Kickstarter se ha conmocionado con la noticia de que Star Citizen, el nuevo proyecto de Chris Roberts, ha superado la barrera de los 30 millones de dólares y más de 300.000 backers (o gente que ha puesto dinero, para entendernos), convirtiéndose así en el kickstarter más exitoso de la historia.

Muchas veces se habla de cómo, en ocasiones, los que se lanzan a la aventura del crowfunding lo hacen sin tener los conocimientos necesarios sobre el desarrollo y presupuesto necesario para un juego, o incluso de grandes empresas o gente con renombre queriendo picar de ese cuenco rebosante que es kickstarter, una forma, a priori, sin riesgos para el desarrollador. Y aquí tenemos a alguien de mucho renombre en el pasado del videojuego haciendo un regreso triunfal y reventando todas las expectativas. ¿A qué se debe el éxito de Star Citizen? ¿Qué ha llevado a más de un cuarto de millón de personas, que se dice pronto, a poner su dinero en manos de alguien que lleva más de una década sin hacer juegos?

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La explicación la tenemos en la gestión del kickstarter. Todo empezó con Roberts fundando una nueva empresa llamada Cloud Imperium Games y lanzando una web con una cuenta atrás. El desaparecido Chris Roberts, autor de la saga Wing Commander, había vuelto a la palestra y todos nos llevamos las manos a la cabeza tratando de imaginar cuál podría ser su nuevo proyecto con una mezcla de anticipación y miedo, pues su último proyecto había sido una decepción para algunos. Un mes tras la apertura de la web presenta su proyecto en Kickstarter: un simulador espacial de mundo abierto. Y no se limita a ofrecer una lista de promesas sobre el juego, que también, sino que muestra una versión primitiva pero absolutamente espectacular del juego corriendo bajo Cryengine 3. Roberts ha esperado a tener algo que poder presentar a la gente antes de pedirles su dinero.

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Al mes de abrir el kickstarter éste rompe todos los récords con más de seis millones de dólares. El desarrollo continua y Roberts sabe que la comunidad de seguidores son quienes le han puesto donde está, así que actualiza constantemente la web con multitud de contenido: historia de la saga Wing Commander, entrevistas, videoblogs... e incluso publica una aplicación llamada The Hangar donde los usuarios pueden ver su propia nave -la que cada uno haya comprado al poner dinero- en primera persona y regodearse en la brutal atención al detalle que tiene Star Citizen. Y si la cosa se hubiera quedado ahí estaríamos hablando de un crowfunding con éxito, pero cuando uno rompe la barrera de los 30 millones y su distribución no cuenta con gastos en intermediarios (marketing o distribución, por ejemplo), hablamos de mucho dinero invertido en el juego, y digo bien, porque cada vez que se ha ido superando una cantidad se han ido añadiendo características. Economía dinámica en mundo persistente, batallas online de hasta cien jugadores, Oculus Rift, actualización a Cryengine 4 cuando esté disponible... o la última en ser incorporada: los cuatro mejores mods que aporte la comunidad serán comprados por 30.000 dólares para ser integrados en el juego.

Es fácil entender, llegado a este punto, que Star Citizen haya superado los 33 millones en el momento de escribir estas líneas y que seamos más de 318.000 backers los que hemos aportado dinero a la que puede ser la aventura espacial más grande de la historia del videojuego. Star Citizen es, sobre todo, un sueño colectivo guiado por una persona que sabe como hacer las cosas, alguien con experiencia en la creación y diseño de videojuegos y que las ha pasado canutas en ocasiones. Salga bien o mal, ya ha hecho historia como el crowfunding que más dinero haya recaudado jamás.

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DReaper

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