The Stanley Parable

The end is never the end, my only friend.  

Este análisis forma parte de la sección de Game Over.

Stanley es un tipo aburrido. Todos conocemos a Stanley, incluso sin saberlo podemos habernos convertido en él. Esclavo de la rutina laboral, toda su vida se desarrolla delante de la pantalla de un ordenador. Stanley es una persona gris, anodina, uno más en el engranaje de la maquinaria de la empresa para la que trabaja. Un número. Un mandao. La clase de tipo que no destaca en las cenas de empresa y que pasa desapercibido cual ficus en el pasillo del lavabo, hasta que tras 40 años de servicio se le otorga la jubilación junto con un reloj conmemorativo, metáfora perfecta del tiempo malgastado.

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"Este juego gira alrededor de las decisiones que tomamos, como si de un libro de "Escoge tu propia aventura" interactivo se tratase".

Sin embargo, Stanley es feliz.

Stanley, además de ser monótono y aburrido, es un ser cuadriculado que se siente realizado con su trabajo. Al fin y al cabo, éste consiste en realizar meticulosamente las acciones que le va dictando el ordenador de su despacho, y en eso Stanley es impecable. Se le da como a nadie seguir las órdenes que escupe cada día el monitor sin compasión, y Stanley se siente cómodo teniendo un patrón que dirige sus acciones permanentemente. Puede que Stanley sueñe en secreto con explorar lejanos continentes o con vivir una vida de aventuras como las que ve en las películas, pero Stanley sabe que eso queda reservado a esos momentos en los que mira ensimismado al infinito. La pantalla pita intensamente, vomitando nuevas órdenes que seguir, y Stanley sabe que, de alguna forma, él encaja a la perfección en su trabajo gris, rutinario, aburrido y anodino.

Hasta hoy.

Algo no cuadra en la oficina, donde Stanley está sentado en su mesa ante el gran monitor de tubo. ¿Habrán vuelto a pintar el techo? La sensación de desconcierto va en aumento y Stanley siente como crece por dentro algo que hacía mucho tiempo no vivía: Indecisión. ¿Por qué nadie le dice qué hacer? Y entonces es cuando se da cuenta: El monitor, quién le dicta diariamente los pasos a seguir en cada momento, está apagado y no funciona. Presa del pánico, Stanley sale de su despacho para ver si también ocurre lo mismo en los demás ordenadores de sus compañeros de oficina; únicamente para darse cuenta que los compañeros misteriosamente no están en su puesto de trabajo y se encuentra solo.

Stanley deberá, por primera vez en mucho tiempo, tomar decisiones, buscar a sus compañeros y averiguar qué está pasando en el edificio. Aunque a lo mejor no deberá tomar esas decisiones, ya que 'alguien' se las irá dictando, incluso antes de tomarlas... Si queremos hacerlo.

The end is never the end.

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Y hasta aquí es todo lo que voy a comentar de la historia -éste es el punto de partida en el que nos coloca el juego-, porque The Stanley Parable es de esos juegos de los que es mejor desconocer en la medida de lo posible dónde nos estamos metiendo. Algo complicado, debido a la cantidad de información a la que tenemos acceso habitualmente, y a la repercusión que ha tenido este juego, tanto en blogs como en canales de Youtube. Pero si a estas alturas aún no lo conocíamos, o como mínimo hemos simplemente oído alguna referencia, es bastante recomendable hacerse con él para echar unas cuantas partidas. Incluso aconsejaría a quién no haya jugado a The Stanley Parable que deje de leer en este mismo momento y vaya directamente al penúltimo párrafo, porque aunque a continuación se destripa poco del argumento, puede condicionar la experiencia a alguien que llegue virgen a ésta parábola. Y eso sería una pena.

"El juego tiene multitud de finales, algunos insospechados, y que van desde finales tópicos, como mandan los cánones, hasta a elaborados debates filosóficos".

Como podemos intuir por la presentación, este juego gira alrededor de las decisiones que tomamos, como si de un libro de "Escoge tu propia aventura" interactivo se tratase. Tras este argumento, podríamos pensar que detrás de The Stanley Parable se esconde una premisa con tintes Orwellianos, o más bien cercanos a la realidad distópica que retrataba Aldous Huxley en "Un Mundo Feliz". Dependerá de la lectura que hagamos nosotros como jugadores. La historia que elegirá Stanley variará en función de lo que hagamos en cada partida, dónde hay una serie de alternativas a la que nos enfrentaremos, algunas más obvias que otras. Las partidas, por lo general, son cortas y los desenlaces -algunos muy memorables- nos harán querer repetir la experiencia, variando nuestras decisiones para ver qué más tiene guardado en la chistera este juego para nosotros.

The Stanley Parable tiene etiqueta de "juego experimental", y es lo que hay que tener en cuenta antes de jugarlo, que lo es tanto que al fin y al cabo el sujeto de la experimentación somos nosotros mismos, a través del avatar de Stanley. Podemos obedecer y ser los perfectos ratones de laboratorio. O ser subversivos y ver a dónde conducen los pasos del camino no marcado. Incluso podemos tratar de romper el juego o usar trampas. Eso sí, nos encontraremos con que todo estaba previsto y allí estaba el juego ya esperándonos, representado por la figura omnisciente del narrador más obscenamente británico y deslenguado que nos podamos echar a la cara. Y tiene respuesta para todo lo que se nos ocurra perpetrar. Para todo.

El juego tiene multitud de finales, algunos insospechados, y que van desde finales tópicos, como mandan los cánones, hasta a elaborados debates filosóficos que nos van a dejar descolocados ante lo poco habitual de encontrarse una propuesta así en un videojuego. Pasando a su vez por finales y momentos de auténtico blow mind. Eso sí, todo siempre con un sentido del humor irónico y mordaz. No hay más que mirar la lista de logros del juego para ver a lo que me refiero.

¿Qué tiene esta parábola, que el que la juega la recomienda automáticamente a sus allegados? Si jugablemente es tan insulso como por ejemplo Dear Esther... Ni siquiera podemos saltar -aunque podemos intentarlo repetidamente, que a lo mejor nos dan algo por ello-. Sin embargo, narrativamente nos va a absorber durante horas, intentando desentrañar la multitud de secretos y huevos de pascua que contiene este remake en HD de un mod de Half Life 2; al que por cierto aporta varios finales y extras que el original no tenía.

Si accedemos a la fábula de Stanley con la mente abierta y preparada para -casi- cualquier contingencia, nos encontraremos con un título que nos va a enamorar, por lo inteligente de su propuesta y desarrollo. Como recomendación personal os sugiero que también probéis la demo; no cuenta realmente nada del juego y es otra historia en sí misma. Es de las demos más originales que se han visto últimamente, y es una muestra del humor ácido que destila The Stanley Parable. Si existiera el premio a la mejor demo del año (¿DOTY?), sin duda ésta debería ser la galardonada.

Nunca es fácil recomendar un título de esos calificados como "experiencia interactiva", y más cuando explicar lo que lo hace grande es destrozarlo por completo. Jugablemente es tan sencillo como caminar y desplazarse por un pasillo, no nos supondrá ningún reto. Además, técnica y gráficamente no es ninguna maravilla, y por ello todo apunta a que el juego debería llevar la nota más baja que podríamos otorgar. Sin embargo, The Stanley Parable es altamente disfrutable, y lo recomendamos encarecidamente a quién tenga ganas de probar algo realmente original e inteligente. Y, quién sabe, quizás podamos escapar de la mundanal rutina y del aborregamiento en el que los Stanley's del mundo nos hallamos sumidos.

4 /5

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Acerca del autor

Heko

Heko

Colaborador

Equipo Game Over: Redactor en Game Over. Gamer inquieto desde que tuvo uso de pasión y en concreto desde que cayó en sus tiernas manos un ZX Spectrum. Intentar aprender a programar en Basic con dicho artefacto le provocó un hondo trauma que aún hace mella en él y por el cual se vió abocado a una vida de lujuria frikeril. Cinéfilo compulsivo, adora lo retro, los rpgs y las bandas sonoras de los videojuegos.

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