Los Cazafantasmas: El Videojuego

Fuimos, vimos y les dimos una patada en el culo.

Se dice que Activision Blizzard desechó la licencia de la película de Los Cazafantasmas porque no veía en esta pequeña joya vintage el potencial para desarrollar series anuales como en, por ejemplo, James Bond. Y seguramente al final eso haya sido bueno: el superespía y los agentes de lo paranormal son iconos completamente distintos.

Bond es una fórmula mágica, que ha sobrevivido a innumerables peripecias durante décadas porque siempre vuelve a algo tan simple e inviolable -el hombre conduce, dispara, se acuesta con mujeres, viste trajes- que casi siempre funcionará una vez más.

Los Cazafantasmas, por su parte, son más volubles. Su atractivo se basa en un coche, en una música, en un logo. Pero también en la química entre cuatro actores de comedia de mediana edad, un cierto estilo de escritura, una ciudad determinada en una época concreta, una dosis de nostalgia y pellizcos de desnudos. El hecho de que la leyenda se haya dejado virtualmente sin tocar desde principios de los 90 (sin contar la versión animada) dice mucho. Tiene que ser tratada con extremo cuidado.

Dicho esto, la renacida Atari no se lo pensó dos veces para volver a meterse en el juego. Así que seguimos teniendo Cazafantasmas y los desarrolladores, Terminal Reality, tienen seis meses más para asegurarse que pueden sobrevivir a un hype sólo superado por los rumores de que habrá una tercera película. Lo que habíamos visto hasta ahora dejaba intuir que lo básico estaba bien pero que faltaba trabajar en la presentación.

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Ambientado dos años después de Los Cazafantasmas II, en 1991, el juego pone al usuario en el papel de un quinto cazador de fantasmas sin-nombre-y-sin-cara con habilidades de técnico de armas experimentales - lo que lo convierte en la cobaya perfecta para los últimos trastos inventados por Ray y Egon. La situación ha cambiado; ahora los investigadores de espectros trabajan conjuntamente con las autoridades de la ciudad de Nueva York, y el burocrático Walter Peck ha terminado su acoso, lo que resulta en el recurrente gag en que recibe la factura por los daños colaterales que causes (que serán copiosos, gracias a la tecnología de física creada por Terminal Reality).

El guiño a Peck es un ejemplo perfecto de cómo Los Cazafantasmas: El Videojuego ha captado bien la idea. Como también lo es la atención tomada con el equipo, con el medidor PKE como un perfecto artilugio todo-en-uno para investigar, los rayos para el combate - hay que golpear a los fantasmas contra el entorno para debilitarlos y poderlos atrapar - y los nuevos inventos con el ectoplasma como elemento principal. Las armas pueden ser potenciadas con el dinero que ganemos por atrapar fantasmas, o desbloqueadas al ir avanzando en el juego.

Media hora con la versión de PS3 nos lleva por un tercio de la misión de la biblioteca (el juego entero tiene una duración estimada de 10-12 horas "a un buen ritmo") y muestra el lado de acción del juego; aparte de extraños artefactos y mecánicas de combate, este es el típico juego de acción en tercera persona, con dos o tres cazafantasmas controlados por la máquina que te acompañan y necesitan ser revividos si caen en combate (y viceversa). Para vencer a los enemigos podemos utilizar los objetos que hay situados convenientemente en nuestro entorno, como por ejemplo barriles de agua contra los gólems de fuego.

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