Análisis de Mario Kart 8

Nintendo en estado puro.

Un Mario Kart no puede ser, por definición, un juego revolucionario. Esto es así. Ya pueden introducirle power-ups impensables, rebalancear el control de los karts, o hacer que cada nueva entrega se vea mejor que la anterior... ¡Como si quieren cargarse la propia gravedad!

Un momento. Esto es precisamente lo que han hecho con Mario Kart 8: Cargarse la gravedad y hacer que los karts puedan subirse literalmente por las paredes. Pero ni así lo han conseguido. El Mario Kart de Wii U es el mismo juego de carreras locas de siempre y esa es precisamente la clave de su éxito.

Sí que hay, claro está, pequeños ajustes aquí y allí. Es sabido que cuando Nintendo, y más concretamente su famosa división EAD, se pone manos a la obra con un nuevo Mario Kart parece más un taller de reparaciones encargado de realizar la puesta al día a sus vehículos que la desarrolladora innovadora que es en otras ocasiones. Saben bien que un ajuste por aquí y otro retoque por allí pueden ser más efectivos que inventar algo distinto, y por eso cada nuevo Mario Kart es más un ejercicio de refinamiento que algo revolucionario.

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El diseño de todos los escenarios es de quitarse el sombrero, en especial el de algunos nuevos como el Aeropuerto Soleado, Ruta Celeste o Cumbre Wario.

Para empezar, y como pasa cada vez que una franquicia clásica de Nintendo se estrena en Wii U, lo primero que llama la atención es el salto a la alta definición. La mayor resolución le sienta de maravilla a los mundos coloristas y a los personajes de la factoría japonesa, y Mario Kart 8 no es ni mucho menos una excepción. A nivel de presentación en general, lo que vendría a ser esa primera capa formada por el envoltorio visual y sonoro, el juego quita la respiración. Gracias a unos modelados y una animación excelentes da la sensación de que Mario, Luigi, Peach, Toad, Bowser y el resto de personajes -un total de 29 más el Mii del jugador- serían capaces de atravesar la pantalla en cualquier momento. Y lo mismo ocurre con los 32 circuitos, 16 de los cuales son totalmente nuevos y otros 16 -que también lo son- aunque están inspirados en los de anteriores entregas; todos ellos son un derroche de imaginación y de diseño, que vuelta a vuelta, nos descubren no tan solo atajos, sino una abrumadora cantidad de pequeños detalles que logran que los personajes y el mundo de Nintendo cobre vida en la pantalla.

No menos importante que este despliegue visual es el rendimiento de esta octava entrega, la cual pasa sin despeinarse los controles de tasa de frames tan a la orden del día con unos 60fps estables para los modos para 1 y 2 jugadores a pantalla partida (tanto offline como online). Ya en el modo para 3-4 jugadores a pantalla la partida la cosa se queda en 30fps, pero en cualquier caso Mario Kart 8 es un roca en cuanto a rendimiento, un aspecto que encuentra su más directa traducción en el siempre preciso (y profundo) manejo de los karts.

Antes de salir a la pista, sin embargo, es importante mencionar el elemento más novedoso de esta octava entrega más allá del lógico lavado de cara visual y los retoques que veremos más adelante: la anti-gravedad. Esta nueva característica es la aportación de Mario Kart 8 a la saga y es un añadido similar a lo que significaron los tramos acuáticos o de planeo en su predecesor para la portátil 3DS. Estas secciones gravitacionales dan lugar a los circuitos más retorcidos que hayáis visto en los 22 años de historia de la saga, pero también potencian cierto componente físico entre los karts gracias unos choques muy distintos a los que podemos experimentar en tierra firme. Con una física que recuerda a la de aquellas viejas superficies de aire de los hockey 1vs1 de los salones recreativos, esta nueva característica aporta algo de aire fresco a las carreras, pero más importante todavía, añade una nueva capa de profundidad a la fórmula con sus choques con acelerón.

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Las secciones gravitacionales añaden variedad y una nueva capa de profundidad. Son un buen añadido.

Es después de seleccionar el modo de juego, un personaje, un kart, y un circuito cuando, finalmente -y tras arrancar con el turbo de rigor-, Mario Kart empieza de verdad. De nuevo, son determinantes el equilibrio entre el personaje y el vehículo en cuanto que el jugador puede personalizar su estilo de conducción entre parámetros como la velocidad punta, la acelaración, el peso o la maniobrabilidad, entre otros. Asimismo, el control sigue siendo tan accesible para los jugadores principiantes como milimétricamente preciso para los expertos que se pasan en día ideando formas de arrancar décimas de segundo en el modo Contrareloj. Siguen también ahí la importancia de los derrapes y lo determinante que resulta saber aprovechar todas las oportunidades en forma de atajos y turbos que nos brinda cada circuito. Y, como no, también se mantiene presente el elemento de imprevisibilidad y estrategia que aportan los power-ups, con diferencia el elemento más icónico de la saga.

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Mario Kart 8 introduce cuatro nuevos power-ups como son la flor boomerang, la planta piraña y el ocho loco, pero es la Súper Bocina la que acapara todo el protagonista, y la razón es bien simple: Se trata de un objeto capaz de anular el -hasta ahora- aciago destino que suponía tener una concha azul pisándonos los talones. Al usarla se produce un efecto de reverberación a nuestro alrededor que durante apenas un segundo acaba con todo lo que nos rodea en un pequeño radio. Su poder es muy breve, pero tanto puede servir para sacarnos de encima una aglomeración de perseguidores, como para anular cualquier tipo de proyectil que vaya dirigido hacia nosotros. La presencia de esta Súper Bocina en el juego es la demostración más clara de cómo el equipo liderado por Hideki Konno y Kosuke Yabuki han afrontado el reto de seguir mejorando la fórmula de la franquicia defendiendo un sistema de juego que, a pesar de contar con un pequeño componente de azar, sigue basándose casi mayormente en la habilidad del propio jugador.

Y es que cuando hablamos de retocar Mario Kart no tan solo se trata de intentar rebalancera aspectos sutiles de las anteriores entregas, sino también de intentar anticiparse a lo que dentro de unas semanas empezarán a hacer los jugadores expertos. Intervienen aquí los nuevos ítems, pero también pequeños ajustes en cuestiones como el hecho de que ya no podamos coger un segundo objeto manteniendo el otro en la recamara. Todo ello sin olvidarnos de aspectos como una IA más pulida para unas carreras que vuelven a tener a 12 participantes sobre la pista, y que esta vez nos pondrán las cosas más difíciles que nunca si lo que queremos es conseguir todos los trofeos de oro y las tres estrellas en cada copa del modo Grand Prix.

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Los nuevos power-ups pueden revolucionar por completo una carrera en la última vuelta, pero también dan lugar a nuevas estrategias.

Ahora bien, por mucho que se haya mejorada la inteligencia artificial, si hablamos de Mario Kart nada es comparable a los piques entre amigos que siempre han caracterizado a la saga. Como es lógico, Nintendo ha tenido muy en cuenta este aspecto, pero no deja de ser un síntoma de los tiempos que corren que hayan puesto algo más de énfasis en lo que se refiere a una faceta online que, nuevamente, se asienta sobre la base de Mario Kart 7.

No faltan a su cita lo clásicos modos a pantalla partida para partidas de hasta cuatro jugadores, los cuales pueden ser totalmente configurables en cuanto a opciones. Destaca también la gran variedad de configuraciones de mandos con los que podemos jugar, y que van desde el propio Gamepad, hasta el Wii Mote, el Wii Mote + Nunchuck, el mando Clásico, o el mando Pro de Wii U. Es un poco extraño que a la práctica los cuatro jugadores acaben jugando con un mando distinto, pero es algo que no afecta a las partidas, pues con todos los que incluyen stick analógico el control es igual de preciso. Lástima eso sí, que uno de los modos estrella para jugar en local como Batalla no haya salido del todo bien parado con el cambio de los típicos niveles tipo arena por unos circuitos con forma de pista. Los frenéticos combates de explotar globos acaban deviniendo tediosas persecuciones que lastran un modo mítico - y que junto con la ausencia del mapa del trazado en pantalla constituyen los puntos más cuestionables de Mario Kart 8.

Donde verdaderamente está la chica multijugador es en las partidas online, en la creación de torneos personalizados y en las dinámicas de la propia comunidad de jugadores. Con una suerte de modo espectador como Mario Kart TV o la posibilidad de subir las repeticiones de nuestras carreras directamente a YouTube, no sería descabellado considerar Mario Kart 8 como la apuesta más grande que Nintendo ha hecho jamás en el mundo de los juegos online. Tal como apuntábamos en nuestro último avance, no estaría de más que por una vez Nintendo diera su brazo a torcer en su particular cruzada por proteger su audiencia familiar de Internet y se decidiera a añadir más opciones de comunicación entre los usuarios, pero también en esta rigidez parece estar conectado con el equilibrio tan milimétrico que refleja el propio juego. A fin de cuentas, uno se queda con el hecho de que para gritar y armar jaleo está el multi local y para competir y profundizar en el juego las tablas de clasificación y los tiempos del online.

"Más de dos décadas después del primer Super Mario Kart, esta octava entrega se siente sorprendentemente fresca para ser un juego que nunca hemos dejado de jugar."

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La incorporación de los esbirros/hijos de Bowser es bienvenida para dar más variedad a unas carreras para 12 corredores.

Decía al comienzo de este análisis que Mario Kart 8, por la propia naturaleza de la saga a la que pertenece, no podía ser un juego revolucionario debido el simple hecho de que se sustenta sobre unos fundamentos que son incluso más rígidos e inamovibles que los de la propia saga Super Mario. Sin embargo, esto no debería llevar a nadie a pensar que esto de hacer Mario Kart es como hacer churros: Cada consola de Nintendo tiene siempre su propia ración de karts, cierto, pero Nintendo levanta cada una de ellas desde cero, como si fuera un juego totalmente nuevo, y creerme que eso se nota.

Más de dos décadas después del primer Super Mario Kart para Super Nintendo, esta octava entrega se siente sorprendentemente fresca para ser un juego que nunca hemos dejado de jugar, una saga que entrega tras entrega ha sido capaz de pasarse el relevo y que por ello conserva una familiaridad extraña.

Al final, todo es tan sencillo como pisar a fondo el acelerador y preguntarse simplemente si ese juego de carreras locas que no deja de evolucionar y perfeccionarse sigue siendo divertido hoy en día. La respuesta es un sí rotundo. Mario Kart 8 es un título imprescindible para todas aquellas personas que posean una Wii U y un motivo más que a tener en cuenta de cara a hacerse con una.

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