The Elder Scrolls V: Skyrim

Viajamos a Londres para jugarlo.

La semana pasada tuve la oportunidad de viajar a las oficinas de ZeniMax Europe en Londres para probar durante tres horas The Elder Scrolls V: Skyrim -sí, ese juego que hará que me despida de mi mamá, mi papá y del sexo.

A continuación voy a comentaros que tal fue la experiencia, pero antes quisiera destacar un hecho que he advertido estos últimos días. Desde que llegué he estado explicando lo que pude jugar a varios amigos aficionados de los videojuegos y me he encontrado con dos tipos de respuestas. Por una lado están los que conocen por encima la franquicia y se interesan por el que puede ser uno de los juegos del año, pero por el otro lado están los verdaderos aficionados de esta saga de juegos de rol que lleva más de quince años siendo uno de los referentes del género. Con todo el cariño del mundo, pero el entusiasmo de estos últimos hacia el inminente lanzamiento de Skyrim no es normal, unos -y no es coña- me dicen que su estabilidad emocional está en peligro, otros que van a secuestrar un edificio oficial para exigir su publicación, otros que si ya están haciendo planes para comprarse un nuevo ordenador, otros que...

Desde luego, su equipo responsable (Bethesda) debió hacer las cosas muy bien con las últimas entregas (Morrowind y Oblivion) para ser capaz de generar este tipo respuestas por parte de sus seguidores. ¿Y todo esto por qué lo digo? Pues por una reflexión que he estado haciendo estos días, y es que todos queremos que Uncharted 3 salga ya a la venta, no nos quedan uñas para el lanzamiento de Zelda: Skyward Sword, ansiamos que los tímpanos nos revienten con las explosiones de Battlefield 3. Podría continuar y, sí, noviembre va a ser la hecatombe para los que disfrutamos de los videojuegos, pero si hay un lanzamiento que creo que logra entusiasmar a sus aficionados más que ningún otro yo diría que ese es esta quinta entrega de The Elder Scrolls, Skyrim.

Quizás sea por eso, por mantener ese frenesí de los fans, que nada más entrar en la sala donde tengo que probar el juego Matt Carofano, el director artístico, me advierte que voy a empezar saltándome directamente la primera hora de partida, para que no pueda chivaros cómo empieza la historia, ni tampoco cómo narices ha llegado mi avatar allí, en medio de un frondoso valle nevado que me está pidiendo a gritos que lo explore. No obstante, antes me ha tocado crear a Shere Khan -que así es como he llamado a mi héroe khajiit- y tomar contacto con el editor de personajes. Este es uno de los aspectos en los que Bethesda ha trabajado más, sobre todo para sacarse de encima ese lastre de que los personajes de Elder Scrolls son, por lo general, "feos" de cara. Y no, no es que ahora vayamos a encontrarnos bárbaros nórdicos de apariencia jovial, con una delicada sombra de ojos y los labios pintados como en cualquier juego de rol japonés. ¡No, por favor! Tantos hombres como mujeres seguirán siendo de facciones duras, pero su diseño, nivel de detalle y posibilidades de personalización se han multiplicado.

Una vez hemos creado a nuestro personaje podemos echarle un vistazo utilizando la vista en tercera persona, algo especialmente útil para ver que tal le sienta el equipo que le hemos puesto y apreciar el barroco nivel de detalle al que llega Skyrim. Al fin y al cabo, no es baladí que nos preocupemos por el aspecto de nuestro personaje, estamos en un juego en el que nuestro avatar es el centro sobre el que gira absolutamente todo.

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