Lara Croft and the Guardian of Light

Desenterrando una grata sorpresa.

¿No os ha ocurrido alguna vez que cuando algo se convierte en cotidiano pierde el interés y termina por banalizarse lo que en un principio era motivo de expectación y jolgorio? En realidad esto sucede frecuentemente con casi todo: las llamadas perdidas de tu ex-novia, el tercer botellín de cerveza o la sexta de Perdidos. ¿A quién le importan a estas alturas?

Con las sagas de videojuegos pasa igual, si las ventas acompañan acaban apareciendo con una periodicidad previsible hasta que al final atragantan, aunque tampoco es que dicho fenómeno deba preocuparnos. Ya nos dimos cuenta de que esto se iba al carajo cuando un simulador de sacar al perro como Nintendogs se convirtió en uno de los juego para DS más vendido de todos los tiempos. Toca resignarse.

Pero para que se os pase el espanto de este baño de fría realidad os contaré una historia.

En 1996 salió a la venta Tomb Raider para PC. La Asociación de Amigos del Buen Gusto inmediatamente lo aclamó como uno de los mejores juegos de la historia y esperó en colectivo estado de anticipación la siguiente entrega de la saga, que obviamente saldría al año siguiente (eran los tiempos del King of Fighters por año, amigos, eso no lo inventó Activision). Tomb Raider II supuso un pequeño paso al frente hacia el género de la acción convirtiéndose en el título más exitoso de la saga, a pesar de que vulneraba en cierta medida el planteamiento arqueológico-wannabe del primer título. De hecho Toby Gard, el creador del personaje, dejó Eidos después de que se tomara la decisión de ponerle más pistolas en la segunda parte.

La cuestión es que antes de darnos cuenta pasaron trece años y bastantes secuelas desde Tomb Raider II y, como todos sabemos, muchas cosas pueden pasar en trece años. Destaquemos el 11-S, la guerra de Irak, la crisis económica mundial, la espiral de mediocridad del Real Madrid, la tercera película de Torrente y el cambio de manos de Eidos como hitos reseñables que harían llorar al Niño Jesús, que como todos los que han visto La Pasión saben, aguanta un montón de dolor.

Pero cuando parecía que íbamos a volvernos locos apareció Tomb Raider: Underworld para aclamo crítico y comercial, avanzando la trama argumental y calmando a millones de fans con cierto síndrome de Estocolmo. El juego ofreció varios momentos memorables, algunos de ellos debidos a las variaciones jugables introducidas, proveyendo las dosis necesarias de aventura, tiros y plataformeo que se espera de un Tomb Raider. Y todo esto a pesar de algunos bugs y su sistema de control, del cual hablaremos (mal) en otra ocasión.

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