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Tres euros, veinte minutos, un millón de copias: La sencillez macarra de Buckshot Roulette

Matar o morir.

No esperaba acabar un jueves por la noche jugando a la ruleta rusa con una escopeta, pero de alguna manera sucedió.

Llevaba ya un tiempo escuchando hablar de Buckshot Roulette, un peculiar título con una energía rarísima, como misteriosa y maldita, que ya había adquirido cierto renombre en su publicación original en la plataforma itch.io a finales de 2023. Se lanzó en Steam a principios del mes pasado y, desde entonces, ha vendido más de un millón de copias, la mayoría de ellas en sus primeras dos semanas. Una cifra nada desdeñable para lo que es, en esencia, uno de los juegos más raros que he visto en mi vida, tanto conceptualmente como en lo que respecta a su estilo visual.

Buckshot Roulette no tiene tutorial, ni cinemática introductoria, ni nada que se le parezca: nuestro personaje arranca su partida firmando un contrato en el que consiente participar en el juego, y después accede a lo que a todas luces parece ser el destartalado baño de un bar con una pinta todavía más sórdida. Avanzamos un poco hasta que encontramos al “dealer” - ¿de los de casino, o de los que ofrecen sustancias ilegales? - que nos invita a su juego. Una partida de ruleta rusa, ni más ni menos.

Cada partida de Buckshot Roulette dura alrededor de veinte minutos, y es enteramente posible pasarte el juego en ese tiempo. Pero para ello necesitarías tener una cantidad abismal de suerte, que es exactamente lo que me pasó a mí. A pesar de que, en un principio, puede parecer que nos enfrentamos a un juego de puro azar, lo cierto es que hay un puntito de estrategia y probabilidad que hace la experiencia más interesante. Cada partida se compone, al menos al principio, de tres fases. En cada una de ellas, tendremos un número predeterminado de vidas, es decir, de disparos que podemos recibir antes de morir y tener que empezar desde cero. Al principio de cada ronda, se carga la escopeta con un número concreto de cartuchos en un orden aleatorio. Algunos de ellos estarán vacíos, y otros estarán cargados. Cuando nos toque, tendremos que escoger si dispararnos a nosotros mismos o disparar a nuestro oponente. Si disparamos al dealer con un cartucho vacío, perderemos el turno. Si nos disparamos a nosotros mismos con un cartucho vacío, podremos ejecutar un segundo disparo. Si disparamos al dealer con un cartucho de verdad, perderá una vida, y tendremos más posibilidades de ganarle. Si nos disparamos a nosotros con un cartucho cargado… bueno, esto os lo podéis imaginar.

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Si queremos salir con vida tendremos que confiar en el poder de la estadística. Es tan sencillo como eso; si la escopeta se carga con tres balas reales y dos de pega, entonces tendremos que decidir cómo disparamos teniendo en cuenta las probabilidades que hay de que salga una bala de cada tipo. Si había tres balas reales y tres de pega, pero ya hemos disparado dos de las reales, entonces tendremos que acomodarnos a eso. La verdadera adrenalina está en el hecho de que nunca sabemos de verdad si hemos acertado hasta el momento en el que disparemos. Esto, unido a unas animaciones bastante tensas en el arma, hace que sintamos los momentos críticos como especialmente tensos. Que cuando estamos al borde de perder o de ganar pulsemos el botón, casi al borde del asiento, entrecerrando los ojos, con un poquito de miedo y un poquito de expectación.

El juego va introduciendo pequeñas variables conforme avanza la partida, como objetos que podemos usar para conseguir efectos especiales, como ver la bala que hay en este momento en primera posición dentro de la escopeta o recuperar vida de manera puntual. Pero su mayor virtud es que nunca jamás sobreexplica: tanto el universo del juego como sus reglas van presentándose poco a poco y no requieren de justificaciones enrevesadas ni largas líneas de diálogos. Buckshot Roulette es lo que es, y después de haber pasado un par de horas con él, no me extraña lo más mínimo que haya cautivado a tantos jugadores.

Su atmósfera inquietante, la facilidad con la que consigue ponernos al borde del paro cardíaco y una banda sonora totalmente digna de mención son la receta perfecta para un videojuego que, si bien breve, es particularmente rejugable y muy divertido de ver jugar a otros, tanto en persona como a través de plataformas como Twitch. El desarrollador tiene planeada, además, una actualización que añadirá un modo multijugador, que nos permitirá enfrentarnos con nuestros amigos en este macabro juego. Otro motivo más que suficiente para echarle un vistazo.

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