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Análisis de OlliOlli 2

Patina. Cae. Repite.

Eurogamer.es - Recomendado sello
OlliOlli 2 supera ampliamente a su antecesor con lo que solo se puede definir como un redondo ejercicio de diseño jugable y audiovisual.

Dice una conocida máxima, aplicada sobre todo al cine, que "segundas partes nunca fueron buenas". Y aunque en este mundillo suelen ser más una oportunidad para arreglar los fallos cometidos en la primera parte y añadir cuatro detalles insignificantes que un experimento con las bases del juego o un cambio de rumbo, no han sido pocas las ocasiones en las que hemos lamentado el deseo de ver una secuela casi inmediata en el tiempo -Devil May Cry 2, todavía te miro a ti-. Por eso mismo cuando Roll7, que venía de dejarnos a toda la redacción francamente sorprendidos y satisfechos con un pequeño juego indie de skate para PlayStation Vita llamado OlliOlli, anunció casi sin tiempo para digerir el anterior una segunda parte, volví la vista atrás y me pregunté "¿De verdad hace falta que un juego tan pequeño y bien hecho reciba una continuación tan rápido?".

Respuesta corta: Sí. Respuesta larga: Sí, y mil veces sí.

Para empezar, porque aunque hace poco más de un año que conocimos a su predecesor, el tiempo se había encargado de hacernos olvidar algunos de los ligeros errores que cometía. El más grave de ellos era la ausencia de clasificaciones y otros elementos de diseño que estimulasen nuestras ganas de jugar y competir, con la única excepción del Daily Grind. ¿Qué sentido tiene querer ser el mejor una y otra vez si no tienes a nadie más que a ti mismo para superarte? Aquí no solo volvemos a tener este reto diario de un solo intento, sino que además las tablas online están presentes en prácticamente todos los modos de juego, recordándonos constantemente que por muy bueno que seas siempre habrá alguien mejor que tú si no te esfuerzas lo suficiente y animándonos a hacer puntuaciones altas en todas las pantallas posibles.

No solo existen segundas partes buenas, sino que algunas consiguen superar de tal manera a su predecesora que hacen que sea muy difícil volver atrás. Este es uno de esos casos.

Y hay que puntualizar que no son pocas: 50 solo en el modo historia, más enclaves y nuevos modos a desbloquear con una curva de dificultad basada en objetivos similar a la que pudimos ver en su anterior entrega pero con picos infinitamente mejor calibrados. Para rizar aún más el rizo del contenido nos encontramos en PlayStation 4 con un multijugador local a pantalla partida que nos permite competir contra 3 personas más por la mejor puntuación en un tiempo límite, un añadido con potencial para el calentamiento previo a la noche que, sin duda, alargará la vida y el interés del juego una vez creamos tenerlo agotado a nivel individual.

Siguiendo con este espíritu arcade que el estudio inglés ha querido no solo conservar sino también avivar nos encontramos también con unos menús mucho más claros y visuales, casi minimalistas, que aciertan sobre todo a la hora de imprimir velocidad a nuestras partidas. Pensados sobre todo para la portátil de Sony y las partidas breves en espacios cortos de tiempo, moverse ahora por las distintas opciones es cómodo y fácil -algo a lo que ayuda también su perfecta localización al castellano-, y aportan una inmediatez que invita en todo momento a echar una partidita rápida, uno de los objetivos básicos del juego por cómo está pensado.

Dicen las reglas no escritas sobre las secuelas que si algo funciona no lo toques, pero aquí han acertado incluso a la hora de cambiar cosas que muchos de nosotros no pensábamos que necesitasen excesivos retoques. Yo mismo decía en mi análisis anterior que "su look retro demuestra lo mucho que puede hacerse con una paleta de colores resultona y unos efectos sonoros bien pensados", pero esto no es ni mínimamente comparable a lo que han conseguido gracias a un estilo artístico mucho más plano, menos basado en la nostalgia por los 16-bits y más en la jugabilidad pura y dura. Además de unos coloridos escenarios temáticos basados en platós de cine -de ahí el Olliwood del título- más grandes y variados gracias a la posibilidad de tomar rutas alternativas para seguir encadenando trucos, vemos que las nuevas animaciones de nuestro pequeño avatar sobre ruedas facilitan que los movimientos sean más reconocibles, funcionando mejor y a un nivel mucho más complejo como complemento visual de nuestras acciones con el mando.

Olli Olli 2: Welcome to Olliwood es el juego que Roll7 siempre quiso hacer. Atrás quedan sus aspiraciones de entretenimiento ligero: por muy indie que siga siendo este es un proyecto serio, ambicioso y muy completo.

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Pero lo más interesante del juego es ver cómo añadidos aparentemente pequeños consiguen cambiar por completo la experiencia que conocíamos. Los manuals, una de las novedades más importantes y que yo mismo demandé en su momento, ayudan junto a los cambios de grind o los reverts a demoler la barrera de entrada de una manera insospechada pero altamente efectiva una vez asimilados. La genialidad que subyace en estas novedades, todo un acierto a nivel de diseño, es que no se basan en rebajar la dificultad, sino que sumándole unos espacios en el escenario perfectamente medidos a estas nuevas habilidades conseguimos un abanico mucho más amplio de opciones a la hora de desarrollar un estilo de patinaje más personal; algo que nos permite incluso abordar puntuaciones obscenamente altas -ahora te miro a ti, Víctor Manuel "chiconuclear" Martínez- de formas distintas a las empleadas por otros.

Haciendo una valoración general de todos estos cambios, es obvio que no han tomado el camino fácil. De igual manera que la saga Skate, un referente que los propios desarrolladores no dudan en reconocer, supo aunar la vertiente más divertida y desenfadada de los Tony Hawk con la exigencia del verdadero skate, aquí nos encontramos con una mezcla perfecta entre el reto y la diversión, entre la inmediatez y la perseverancia; todo gracias a una base previa aparentemente sencilla que esconde debajo horas y horas de perfeccionamiento, de variables medidas al milímetro por sus creadores y puestas a nuestra disposición en esta segunda parte de una manera más cómoda, precisa y diversa para explotarlas.

A día de hoy no me cabe duda de que, aún gustándome mucho el primero y reconociéndole todas sus virtudes, Olli Olli 2: Welcome to Olliwood es el juego que Roll7 siempre quiso hacer. Atrás quedan sus aspiraciones de entretenimiento ligero: por muy indie que siga siendo este es un proyecto serio, ambicioso y muy completo. Un juego altamente recomendado para PlayStation 4, en el que pese a todo se siente todavía ligeramente encorsetado, y un auténtico imprescindible para PlayStation Vita, donde encuentra su razón de ser. No solo existen segundas partes buenas, sino que algunas consiguen superar de tal manera a su predecesora que hacen que sea muy difícil volver atrás. Este es uno de esos casos. Bienvenidos a Olliwood.

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