Crackdown Artículos

¿Qué ha pasado con el poder de la nube? Crackdown 3 se puso finalmente a la venta la semana pasada, y su modo multijugador Wrecking Zone presenta la iteración final de esa sorprendente tecnología de físicas basadas en la nube desvelada por Microsoft en 2015. Quizás de forma inevitable el juego que ha llegado a las tiendas tiene un parecido fugaz con aquella primera demo, y aunque Wrecking Zone tiene potencial lo cierto es que resulta decepcionante.

Durante su media briefing del E3 2017, Microsoft estaba bajo presión para convencer al público de la necesidad de gastarse 499 euros en una Xbox One X, conocida hasta ahora como Project Scorpio. Con las especificaciones ya anunciadas, todo se reducía a los juegos. Y los juegos llegaron: cuarenta y dos, veintidós de los cuales llevaban la imprecisa etiqueta "exclusiva en consola Xbox". Pero aunque vimos un montón de juegos interesantes por parte de un lado diferente de Microsoft (The Last Night, Artful Escape u Ori 2, por ejemplo), ¿dónde estaban los anuncios de grandes nuevas exclusivas first party? Ya sabéis, ese tipo de anuncios que empuja a los early adopters a reservar la nueva consola. No hubo ninguno, a decir verdad.

Crackdown, el original, era un perfecto hijo de su tiempo. Era un juego desenfadado, una alocada comedia de acción en la que los deportivos servían para saltar por las rampas de los camiones y para estamparse en la cabeza de los pandilleros, y en la que saltábamos cientos de metros porque era más divertido que recorrer la ciudad a pie. Aspectos como la narrativa o la coherencia interna no le importaban demasiado a nadie, y con su apartado técnico sucedía un poco lo mismo: era un juego resultón, y con eso bastaba. De ahí su éxito y su estatus de culto, y de ahí el papelón de una tercera entrega que viene a nacer en un escenario bien diferente. Con una consola nueva a las espaldas (la más potente de la historia, no es poca cosa) y la responsabilidad de abanderar un catálogo al que los dragones y el dubstep han dado plantón, intentar renovar la misma apuesta es una jugada arriesgada. No dudo que sea noble, pero desgraciadamente aspirar a hacer un juego divertido hace tiempo que dejó de ser suficiente.

Hace poco más de dos años, Microsoft desvelaba al público la sucesora de Xbox 360, una fantástica consola con la que, contra toda pronóstico, consiguieron aguantar el tipo frente a una Sony que parecía poco menos que inalcanzable tras el rotundo éxito comercial que supuso PlayStation 2. Pero el resto, como dicen, es historia: todo lo que pudo salir mal en aquel aciago veintiuno de mayo salió mal, y a día de hoy los de Redmond siguen pagando -pese haber mejorado mucho la situación- las consecuencias de aquella infame presentación en sociedad.