A pesar de lo poco que tienen en común mucho se les ha comparado preguntando a la audiencia cuál es mejor, sin embargo, algo me dice que los RPG occidentales y los que vienen de más al oriente son géneros diferentes.

Se plantea pues un tema controvertido, del que es complicado hablar sin recibir un moogle bomba por parte de algún ultra fan del género JRPG. Los del otro lado suelen ser más de sacar una espada hackmaster +12 y arrearte en la cabeza con el canto.

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¿FinalSkyrim?

De primeras, si nos acercamos a cualquier tienda de videojuegos, podremos saber si nos encontramos ante un juego de rol occidental o un JRPG sólo mirando la portada del mismo. Esto incluso pasa en otros géneros. El diseño infantil, los peinados coloristas imposibles al más puro estilo manga shonen se desmarca del diseño realista y crudo de los occidentales. El diseño interior del juego se sigue marcando la diferencia y aquí hay para todos los gustos, desde los familiares diseños de Akira Toriyama para un Dragon Quest hasta las imágenes distópicas de Fallout.

Argumentalmente la cosa suele diferenciarse también. En la mayoría de los juegos orientales encarnamos a un adolescente normalmente algo gamberrete pero que descubre que es el elegido para salvar el mundo de una terrible oscuridad que amenaza con destruirlo, añade que es huérfano, algún amor frustrado, un amigo algo brutote y una o dos niñas monas que acompañen al héroe. Pocos se salen de este guión y, los que se salen, apenas tienen ligeras variaciones para diferenciarse de otros juegos salvo alguna muy honrosa excepción como Demon's Souls. En el otro lado, los RPG occidentales también tienen sus lugares comunes pero estos responden a la exigencia de libertad que se les presupone, es decir, la mayoría coinciden en dejar en manos del jugador la elección de ser malo, bueno, respetado o temido por cómo resuelve las situaciones o retos que les plantea el juego, en fin, te dejan escribir, en mayor o menor medida tu historia.

Esto se convierte por tanto en una de las diferencias más notables la flexibilidad en el desarrollo de la historia. El RPG occidental suele tener una historia en árbol con diferentes estados intermedios que hacen que en tu partida y la de un amigo sucedan cosas diferentes y, en muchos casos, se lleguen a también a una conclusión final diferente. El JRPG, en cambio, tiene una linealidad en el desarrollo de la historia empezando en A y terminando en E, teniendo a veces la suerte de completar B, C y D en distinto orden pero normalmente sin tramos opcionales y con un final definido y feliz, por supuesto. A veces esto se junta con una jugabilidad tan rígida que no parece que estemos ante un juego de rol más allá de por una subida de niveles.

Pero no todo son diferencias, hay algo en el que todos ellos coinciden y es en la tendencia de los últimos tiempos de hacerlos más accesibles, más sencillos y en algunos casos, más simples. Llegando a un punto en el juego de rol se difumina de tal forma que casi se transmuta en otro género diferente por lo que el personal, en general, se suele cabrear bastante. Sirvan de ejemplos de esto Final Fantasy XIII y Dragon Age 2 como ejemplos de uno y otro lado.

¿Con estos detalles podemos concluir en qué lado hacen mejores juegos de rol? Pues no. Hay casos en ambos lados de juegos y sagas de enorme calidad y, como todo en la villa del señor, hay gustos para todos. Soy de los que piensan que en occidente lo están haciendo mucho mejor y, personalmente, esos juegos de rol resultan más de mi agrado. ¿Razones? Indiscutible la mayor sensación de libertad y de riqueza a la hora de elegir tu propio camino. Pero, cuidado, eso no quita que de vez en cuando disfrute con un buen JRPG como ya lo hice con Kingdom Hearts de PS2, Tales of Eternia de PSP o Eternal Sonata de Xbox360, además, reconozco que las bandas sonoras que acompañan a los JRPG son difícilmente superables.

En fín, seamos sinceros lo que al final importa no es dónde o quién lo haya desarrollado, lo que importa es que el juego sea divertido y te satisfaga, ¿no?