Assassin's Creed Revelations

Es el turno de Constantinopla.

Es difícil sobreponerse a una mala primera impresión. Cuando en 2007 se lanzó el primer Assassin's Creed muchos nos llevamos una cierta decepción: quizás porque esperábamos demasiado, un juego ciertamente notable se hizo ante nuestros ojos menos valioso. Todos soñábamos con las promesas de Jade Raymond y, cuando nos pusimos a los mandos de Altair, aquellas promesas se vieron cumplidas solo en parte. Muchos supieron ver el mérito en la parte del trato que estaba cumplida y otros -yo me incluyo- nos quedamos algo descolocados: quizás el juego nos pareció demasiado largo, demasiado repetitivo o demasiado fácil. Por el motivo que fuese, la experiencia no fue del todo satisfactoria y perdimos interés en la franquicia. Fue un error: las siguientes entregas mejoraron mucho la fórmula del original y Assassin's Creed: Revelations es la mejor muestra de ello.

En este último capítulo de la historia del credo de los asesinos, un Ezio en plena madurez recala en la ciudad bisagra entre oriente y occidente: Constantinopla. No daremos más detalles acerca de la historia, pero sabed que habrá traiciones, conjuras, templarios, emperadores, sultanes, clanes, conspiraciones y, también, nuevas vueltas de tuerca a momentos pasados de la saga (con presencia estelar de Altair incluida). Toda esta trama argumental se desenvolverá a saltos entre ambas orillas del estrecho del Bósforo, en el binomio fabuloso de una Bizancio/Estambul tan bellamente recreada que ganas dan de hacerse con el juego aunque solo fuese por pasearlas: más pobladas que nunca y con una labor de diseño gráfico y sonoro remarcable, desde los azulejos o los adoquines hasta los mercaderes griegos anunciando sus productos, resultan impecablemente vivas a la vista y al oído.

Los pequeños retoques que se han hecho en el control de Ezio hacen que la ciudad resulte también viva al tacto: los movimientos son más orgánicos y fluidos (en parte gracias al gancho multiusos que la hermandad otomana ha diseñado y que recibiremos bien pronto en nuestro periplo). También el combate ha mejorado un punto, más exigente, menos automático y más dinámico y espectacular, en parte gracias a una IA enemiga que se toma algo más en serio el ir a hacer daño y el buscar y rebuscar entre los montones de paja, o que nos perseguirá con una agilidad envidiable por los tejados de la ciudad. Incluso mecánicas heredadas de entregas anteriores, como el proceso de reclutamiento de otros asesinos, se han elaborado de nueva manera para darles relevancia narrativa: ahora reclutar socios que nos saquen las castañas del fuego no será cosa de matar a los que le asaltan, sino que cada asesino extra tendrá una pequeña misión y una historia asociadas, implicándonos en sus vidas y haciéndolos relevantes para nuestro devenir.

Todo da la sensación esta vez de estar más en su sitio, de tener una orientación clara de lo que se quiere que sea el estilo Assassin's Creed y, precisamente por eso, Revelations se permite el lujo de añadir detalles que sorprenden al jugador. Pongamos por ejemplo los asedios a las bases de la hermandad: durante estos ataques templarios, el juego se transformará en uno -y bastante divertido, además- de estrategia tipo "tower defense" en el que podremos situar arqueros y arcabuceros en los tejados, barricadas en las calles y podremos también disparar ráfagas de artillería sobre los enemigos apuntando con nuestro propio puntero. Esta alternancia, tan bienvenida como bien llevada, y tan equilibrada como el reparto entre misiones de acción y misiones de exploración, hace que Assassin's Creed: Revelations parezca más resuelto a llamar y conquistar la atención de los jugadores que cualquiera de sus predecesores. También nos da la oportunidad de tontear con los explosivos que nos proporcionará Piri Reis, reconvertido de cartógrafo en pirotécnico al servicio de Ezio, y de encargarlos al gusto con los elementos que encontremos o robemos durante el desarrollo de la aventura: bombas de humo, petardos para distraer a los guardias...

Como se ve, se trata de una suma de elementos nuevos, variados y equilibrados que se combinan sobre la base de los ingredientes clásicos de la franquicia: esta estrategia que dio sus frutos ya en la segunda parte y en Assassin's Creed: La Hermandad, parece poner a Revelations en un escalón superior. Una apuesta sobre seguro que busca mejorar lo mejorable y se aleja de cualquier charco posible en el que embarrarse. Queda por ver -el gran talón de Aquiles de la saga- cómo se sostienen todas las pequeñas mejoras en el conjunto de una jugabilidad extendida durante horas: esperemos que tan bien como parece a primera vista. No siempre es fácil sobreponerse a una mala primera impresión, pero Assassin's Creed: Revelations tiene en mente ser como la pequeña locomotora que pudo, y todo apunta a que puede conseguirlo.

Assassin's Creed Revelations tiene una fecha de lanzamiento prevista para el próximo 15 de noviembre de 2011.

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