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Análisis de Tetris Effect: Connected - Lo más cercano a un Tetris 2 que hemos experimentado nunca

Tetrimimos.

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Lo más cercano a un Tetris 2 que hemos experimentado nunca. Y eso no es poco.

Una ventaja de que la prensa de videojuegos no existiese en el año 1984 es que nadie tuvo que verse en la terrible, terrible situación tener que explicarle a un montón de personas ajenas a él por qué Tetris es el videojuego perfecto. Yo, como persona que vive en el año 2020 y tiene el bagaje de haber prácticamente nacido identificando este juego como una de las representaciones más evidentes y extendidas del medio, sí puedo permitirme ponerlo en palabras con relativa facilidad. Tetris es perfecto porque es la abstracción más pura del concepto de jugar. Con siete piezas y tres botones - cinco, en las versiones más modernas - cada partida nos conecta a un millón de posibilidades y de narrativas interpretadas y emergentes. La simplicidad de éste, de hecho, es lo que facilita que creemos un discurso alrededor de él, incluso un lenguaje propio con el que referirnos a sus elementos. ¿Es Tetris un juego sobre la dificultad de encajar ocio y vida personal en una sociedad capitalista? ¿Es la derecha el lugar óptimo para hacer el hueco para encajar los palos y realizar esos Tetris? ¿Se llama "palo" la pieza compuesta por cuatro bloques? ¿Es más importante la puntuación que el tiempo? La respuesta a todas estas preguntas es "sí" y "no" al mismo tiempo. Porque la verdadera magia de Tetris es que puede, en última instancia, ser lo que nosotros queramos. Sólo tenemos que dejarnos llevar un poquito. Entrar en su flujo. Rotar esas piezas un ratito más.

Tetris Effect, por otro lado, es mucho más sencillo de describir en todos sus aspectos. Supongo que tiene que ver con que su base es un juego que no necesita ya presentación ni modificación alguna. Como el núcleo jugable de Tetris se mantiene igual de sólido treinta y cinco años más tarde, Effect puede centrarse en ensalzar la experiencia que ya conocemos a través de dos elementos: el apartado visual y sonoro y el énfasis en los modos multijugador online y offline.

De hecho, entiendo que la inmensa mayoría de jugadores a los que les llame la atención este título se sentirán atraídos, precisamente, por su apartado visual. Aquí no hay apenas margen de error. Bajo la dirección de Tetsuya Mizuguchi, creador de Lumines o Rez, entre otros, el despliegue de luces, colores, brillos y sonidos que acompañan a la tradicional acción de rotar y encajar piezas para hacer líneas está creado, parece, con el único propósito de hipnotizarnos. La mayoría de jugadores identificamos ese estado de "trance", el momento de concentración extrema en el que olvidamos al resto del mundo y sólo nos centramos en el juego; el apartado artístico de este título acrecenta al máximo estas sensaciones con una grandísima variedad de niveles y músicas diferentes. No es que Tetris Effect convierta Tetris en un juego de ritmo; es que nos ayuda a encontrar el ritmo implícito en nuestras partidas. Y, una vez que lo descubrimos, es imposible dejar de verlo, incluso cuando jugamos a otras versiones. Los efectos de sonido para la colocación de las piezas y la resolución de las líneas, unidos a canciones de fondo con ritmos muy marcados, hacen de cada intento un mundo diferente: una canción que estamos componiendo a medias con el juego, entre sus ritmos y nuestras decisiones.

El juego, de hecho, nos presenta ya en su pantalla de inicio la posibilidad de escoger distintos niveles, con distintas temáticas, según nuestro estado de humor. Pantallas muy relajadas y otras con mucha más tensión se adaptan a nuestro humor a la perfección. Pero la verdadera brillantez está, de hecho, en su modo historia. Una concatenación de distintos niveles, puestos uno detrás de otro, que podemos jugar individualmente, superándolos poco a poco. Cada fase tiene una personalidad muy marcada y un número de líneas que tenemos que superar antes de pasar a la siguiente pantalla. Como digo, podemos escoger estos niveles uno a uno; pero la magia está en que, cuando completemos una pantalla, el juego nos deja saltar directamente a la siguiente sin salir al menú. Así, pasarnos el modo historia del tirón nos costará unas cuantas horas; pero hacerlo, o al menos intentarlo, nos proporciona acceso a un viaje bastante atípico. Haciéndonos uno con la música y las piezas, navegaremos el juego saltando de unos ritmos a otros, de unos colores a otros. Olvidándonos de todo lo que no sea Tetris.

No obstante, Tetris Effect también tiene distintas opciones destinadas a partidas más cortas o a otro de los elementos clave del juego: la carrera de puntuaciones. Incluso cuando jugamos en solitario, Effect sabe convertirse en una experiencia fundamentalmente social. No sólo porque en sus menús nos dejará ver, de fondo, los niveles y puntuaciones de otros usuarios de todo el mundo, sino porque un sistema de tablas de puntos muy accesible y bien integrado nos colocará en una carrera implícita con todos los demás jugadores, y en específico, con los de nuestra lista de amigos. Los jugadores que prefieran experiencias más suaves pueden, simplemente, ignorarlas; pero aquellos que busquen un poco de pique y competición no podrán evitar reintentar una y otra vez el modo maratón para intentar alcanzar a ese amigo que, de alguna manera, ha conseguido una puntuación de dos millones. En un juego sin guías ni tutoriales, porque no las necesita, la omnipresencia de las marcas ajenas nos impulsa a progresar y a hacernos mejores; si, como es mi caso, tenemos una amiga que en todas las circunstancias supera nuestras máximas puntuaciones, intentaremos revisar nuestro modo de juego y afinar nuestros reflejos para intentar arañar un par de miles de puntos. Es, quizás, una de las experiencias competitivas menos traumáticas de los últimos años, precisamente porque Tetris Effect nos deja hueco para mejorar, pero no para empeorar: las partidas que se pierden, o que no se hacen del todo bien, no juegan en nuestra contra en ningún momento. Y si nos quedamos cerca de llegar a nuestra meta, pero no lo conseguimos, no pasa nada: el viaje en sí mismo, ese ratito que hemos pasado con Tetris y con nosotros mismos, hace que merezca la pena el tiempo invertido.

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Entre los modos arcade nos encontramos una variedad de maneras de jugar al juego, que combinan aproximaciones más tradicionales con otras más novedosas. Tenemos el modo maratón, que nos insta a conseguir la mejor puntuación posible en 150 líneas; otros, como el contrarreloj, quieren que consigamos más puntos en el menor tiempo posible. El modo clásico nos pone a prueba, haciéndonos jugar sin la posibilidad de guardar piezas o acelerar la velocidad en la que estas caen, y el modo misterioso introducirá modificaciones aleatorias, como piezas particularmente grandes, para aumentar el reto. En todas estas fases, por supuesto, tendremos la opción de elegir el fondo, la música y los efectos de sonido que más nos gusten; incluso el juego nos deja una opción "lista de reproducción" en la cual podemos jugar varias pantallas seguidas a nuestra elección. Dentro de todas las opciones que da el título, parece estar siempre preocupado por que estemos lo más cómodos posible: que juguemos como queramos, que nos relajemos si nos apetece, o nos pongamos a prueba cuando lo sintamos necesario. Cada una de las maneras de jugar, incluso en las velocidades más altas o los modos de dificultad más extrema, se siente cómo un abrazo, de alguna manera: Tetris Effect ama Tetris, sabe que tú también lo amas, inevitablemente, y quiere que ambos lo paséis lo mejor posible, sea cual sea nuestro enfoque hacia el juego.

Uno pensaría que la existencia de estas tablas de puntuaciones y la competición implícita que conllevan sería suficiente como para constituir un modo multijugador bastante sólido. Pero la nueva versión del juego, Tetris Effect: Connected, actualmente disponible en Xbox Series X/S, Xbox One y PC, añade modos cooperativos y competitivos online que podemos experimentar simultáneamente con otros jugadores. Tenemos varios modos uno contra uno que explotan de distintas maneras la mecánica de la Zona - una ralentización del tiempo en la que ganamos más puntos - o la ausencia de ella. Pero en esta ocasión, son los modos cooperativos los que brillan con más fuerza. Tetris Effect hace hincapié, así, en la que siempre ha sido su tesis, desde su lanzamiento original en el año 2018: jugar a Tetris es algo que queremos hacer con nosotros mismos y junto a otros, y siempre de la manera más dulce y placentera posible.

En el modo cooperativo de Connected nos enfrentaremos a cuatro áreas, cuatro fases con distintas dificultades que desbloquearemos conforme vayamos superando las anteriores. En ellas, tres jugadores - aleatorios o de nuestra lista de amigos - se enfrentan a tres jefes cuyo diseño se basa en los signos del zodíaco. A la izquierda, nuestras tres pantallas; a la derecha, la del jefe. Los cuatro iremos completando nuestra cuadrícula y encajando piezas como si tal cosa, y tendremos nuestros respectivos turnos de ataque y de defensa. En nuestros turnos de defensa, haremos la mayor cantidad de líneas posibles mientras resistimos los ataques de nuestro enemigo, que nos eliminará bloques o nos añadirá algunos extra en nuestra pantalla para hacernos más complicado tener una sucesión de bloques limpios con la que realizar puntos fáciles. En nuestros turnos de ataque, las tres pantallas de los tres jugadores se unirán en una. Y, por turnos, iremos colocando las piezas que nos vayan tocando, para hacer juntos una cantidad de líneas razonable que, al final del tiempo, se trasladarán a la pantalla del rival. Cuando su pantalla se llene hasta arriba, perderá; si nuestra pantalla se llena hasta arriba antes de que eso suceda, moriremos, pero tendremos la opción de revivir si pulsamos constantemente el botón de interactuar al ritmo de la música. Esto, unido a los visuales y los sonidos ya habituales del juego, nos hace sentir todavía más que estamos componiendo, con nuestros botones, una sinfonía. Esta vez, una sinfonía compartida.

El modo cooperativo tiene algunos defectos que es posible que se arreglen en el futuro, y más que un par de virtudes. El punto flojo, quizás, viene al jugar con desconocidos. Si bien es cierto que es interesante la manera en la que tenemos que desarrollar algún tipo de lenguaje interno con quienes estamos jugando - pon esta pieza aquí, no pongas esta allá - también cabe la posibilidad de que uno de los participantes no esté siendo exactamente cooperativo, y esto lastre la experiencia de los demás. En el modo de ataque, ponemos piezas por turnos, y no podemos poner la nuestra hasta que el jugador anterior haya puesto la suya, así que si alguien se demora de más o simplemente se desconecta, nos quedaremos atascados ahí durante un rato. Por lo demás, es un buen giro de tuerca a los modos más clásicos, nos obliga a pensar más estratégicamente y a interactuar con la pantalla de maneras distintas. La tensión entre hacer suficientes líneas para resistir los ataques, pero dejar suficientes bloques en la pantalla para poder devolverle el golpe al jefe es muy notable y aporta sensaciones totalmente nuevas que nos hacen pasar por alto sus posibles defectos.

Dicho esto, qué más podemos concluir: Tetris Effect es un añadido perfecto a un juego ya de por sí inamovible y que, tal y como demuestra constantemente, nunca pasará de moda. Respetando la tradición y la institución que es el juego, pero sin miedo a romperla cuando toca, la obra de Mizuguchi es, hoy en día, la mejor manera de disfrutar Tetris solos o en compañía. Y, aunque suene tonto, también es una de las maneras más inteligentes y agradecidas de estrenar una consola de nueva generación: abrazando el pasado, volviendo a los básicos. Recordando por qué nos gustan los videojuegos.

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