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Análisis de Fire Emblem Fates: Revelación

Tercera vía.

Eurogamer.es - Recomendado sello
El tercer capítulo de Fates iguala a sus mayores en cuanto a ambición, pero no puede evitar cierta sensación de refrito.

Estando como están las sensibilidades con el espinoso tema de los spoilers, invito al lector a imaginarse la dificultad que entraña sentarse a escribir sobre un DLC que en esencia supone el capítulo final de una historia y que, para más inri, se titula Revelación. Me enfrento a ello con la actitud de un artificiero: pulso firme, mono reglamentario y la certeza de saber que manejo varios kilos de explosivo que bien podría estallarme en la cara. Aun así, con algo hay que trabajar, así que permitidme adelantaros ni que sea el punto de partida. Un punto de partida que, como en el caso de Estirpe y Conquista, tiene lugar en el mismo campo de batalla, ante los mismos personajes, y ante la misma decisión: Revelación no sucede después, sucede durante, algo así como una realidad alternativa que se sobrepone a los eventos de ambas sendas y narra las consecuencias de tomar la tercera decisión, la que cualquiera en su sano juicio adoptaría y la que vuelve a subrayar ese doloroso paralelismo con la vida real. Atrapado en mitad del odio entre quienes amas, siempre queda la opción de negarse a tomar partido, porque aquello no va contigo y porque los quieres demasiado a los dos. Las consecuencias, evidentemente, os las podéis imaginar. Por algo os dije que lo había recordado todo.

Pero podéis estar tranquilos, esta no es la revelación. Una vez rota la baraja, las cosas rápidamente se precipitan, y no tardamos en descubrir el verdadero pastel. Y es cuando la cosa se vuelve realmente interesante: no por la revelación en sí, si no por la manera en la que el juego se saca de la manga el primer metaspoiler de la historia de la narrativa: Corrin lo sabe todo, pero no puede contarlo. Los motivos no los desvelaré, pero pese a la deliciosa ironía, se trata de una pirueta perezosa, un misterio artificial que se alarga durante demasiados capítulos y que recuerda a esos momentos en los que dos personajes de Perdidos se sentaban alrededor de una fogata y en lugar de poner la información en común se agarraban un ciego y hablaban del Atleti. De nuevo, una introducción fenomenal da paso a algo que suena a desidia, y es difícil no sentir que había material para más.

Así da comienzo una historia que se mueve en los mismos parámetros que los dos capítulos anteriores, y que si aporta algo en lo narrativo es por dos motivos: por un lado, por la omnipresente sensación de canon, de estar presenciando los sucesos reales (de nuevo, recordad que el juego se llama Revelación) y de que en contra de lo que se pudiera pensar, Estirpe y Conquista no eran más que realidades alternativas. Y por el otro, y puede que aquí esté el meollo, porque el propio argumento lo dispone todo para acabar confluyendo en un rosario de personajes y situaciones de ambas ediciones, algo así como un All Star del propio Fire Emblem Fates y, supongo, el caso de fan service más rápido de la historia. Revelación se siente definitivo porque es terriblemente autoreferencial, porque aporta un cierre real, y porque es el cartucho que, tras cientos de horas de patio, te permite formar equipo con los Pokémon buenos de verdad.

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Y por eso es una suerte que Inteligent Systems haya tenido la suficiente vista como para traer de vuelta el sistema de secundarias y gestión de experiencia de Estirpe: una vez finalizadas las tres historias, el verdadero endgame viene aquí, y si queremos tener posibilidades en el online la estrategia pasa obligatoriamente por una alineación en la que jueguen los mejores. Así, gran parte del atractivo jugable de esta tercera senda pasa por ir recuperando personajes para la causa, y experimentar con las combinaciones entre los jugadores franquicia de ambos ejércitos mientras recorremos hasta el último rincón del mapa arañando experiencia en busca de la build definitiva. Es un principio que se aplica también a las armas y al equipamiento, permitiendo desde el minuto uno acceder al árbol completo de construcciones y poblando nuestro castillo de armerías y tiendas de bastones que antes solo se saludaban en los derbys. El problema, claro, es que la amplitud de la oferta no consigue amortiguar del todo el golpe de tener que pasar por el mismo proceso una tercera vez.

Puede que se trate de una consecuencia lógica del propio argumento, pero partir nuevamente de esa decisión primigenia supone, como es natural, volver a un escenario en el que tus personajes no saben hacer la O con un canuto, tu equipamiento es un desastre y toca volver a currar. Un new game plus plus que ignora por completo el trabajo vertido en los capítulos anteriores, y que puede hacerse estomagante jugado inmediatamente después. Por desgracia, es un tratamiento que el juego reserva también para su componente social: simplemente, no parece constarle que todo esto ya lo hemos vivido, y mezcla sin complejos nuevas escenas (eso sí, algunas francamente divertidas) entre ex enemigos con redifusiones del capítulo en el que Corrin no sabe preparar el té. Teniendo en cuenta que hablamos de simples intercambios de texto entre personajes estáticos, el reciclaje sabe especialmente mal.

Sobre el campo de batalla, por suerte, los signos de pereza se difuminan por completo. Como parece una constante a lo largo de las tres sendas, si Revelación reivindica su vigencia es a golpe de creatividad y de esfuerzo por buscar cada vez un nuevo giro a unas mecánicas que se niega a dejar morir. Es una apuesta por la variedad que se siente aquí más presente que en ningún otro capítulo, y que retuerce constantemente las reglas para introducir elementos como el viento, los muros de hielo e incluso algo parecido a la infiltración. En cuanto a la curva de dificultad, el listón se sitúa en un punto intermedio, haciéndonos sudar considerablemente más que en Estirpe pero sin llegar a los extremos de la campaña de Nohr. Como digo, todo en el juego parece orbitar en torno a la misma idea: Fire Emblem Fates viene en tres sabores, pero si hay que elegir, está claro cual ha nacido con vocación de definitivo.

Y quizá por eso resulta tan difícil sacar conclusiones, porque Revelación tiene el suficiente empaque para ser considerado una entrega de propio derecho. Vista así, como una secuela, sería una complaciente, que reaprovecha assets y situaciones para seguir estirando el chicle pese a reivindicarse donde realmente importa. Sin embargo, visto como lo que es, puede que estemos hablando del DLC más ambicioso hasta la fecha: un capítulo descargable que iguala en extensión a cualquiera de las entregas madre y las desbanca en opciones y en esperanza de vida. Y supongo que puestos a hablar de familias, es algo que sucede hasta en las mejores: naciendo el tercero tienes parte del camino hecho, pero también te toca heredar todos los jerseys.

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