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El placer de pagar por los videojuegos

Porque pagar es lo justo.

Creo que debo empezar esta reflexión con una confesión: Yo fui pirata. Sí, de esos que se bajaban ISOS y echaban a perder 5 CD's antes de tener una copia de un juego en mi Playstation chipeada y que, misteriosamente, dejaban de funcionar a las varias semanas. Algunos ya sabéis de que iba la historia, ¿verdad? A la hora de ejecutar aquellos cuestionables actos, siempre venía a mi mente la misma excusa una y otra vez, "los videojuegos son muy caros y quiero jugarlos a todos". Lo sé, era un poquito idiota.

Pero heme aquí, en los tiempos que corren, con guerras de precios por doquier, que me he dado cuenta de esa verdad que se encontraba oculta y que ignoraba por pura ceguera provocada por Verbatim. Pagar por videojuegos es mucho más placentero de lo que uno se puede imaginar. No, la corteza central de mi cerebro no ha sido abducida por la SGAE, y os lo voy a demostrar con mi historia. ¡Oh no!, ¿otra historia de abuelos de Roberto?, sí, ahora sentaos y escuchad mis chocheces.

Yo empecé en estos de los videojuegos con las Game & Watch. Por aquel entonces dependía plenamente de mis padres. De hecho no recuerdo ahora mismo si fue iniciativa mía o no el querer tener una de esas maquinitas electrónicas de Nintendo (o de cualquier otro fabricante). Pero da igual, lo importante es que en ese momento mi idea de videojuego se reducía a eso y en ese caso tocaba pagar o pagar si querías disfrutar de un juego. Bueno, en realidad le tocaba pagara a mis padres, por lo que no entendía sus miradas de desaprovación y odio hacia su vástago cuando sacaban su cartera del bolsillo.

Casi al mismo tiempo, en mi Amstrad CPC tuve el primer contacto con la piratería, sin tener yo pajolera idea de lo que significaba aquello. Entre los amigos nos intercambiábamos disquettes de doble cara con varios juegos, que se acumulaban sin remedio. Curioso ¿verdad?, la misma historia se repetiría años después con mi Playstation. Pero no hay que adelantarse aun, porque lo siguiente en llegar fue la todopoderosa Mega Drive, que significó el punto de inflexión en mi desarrollo como jugador y en el desarrollo de mi responsabilidad como tal.

Con el cartucho el problema de la piratería era algo marginal, así que de nuevo era necesario pasar por el yugo de los padres y su benevolencia a la hora de comprarnos los juegos que queríamos. Pero en ciertas ocasiones, gracias a nuestra paciencia, conseguíamos ahorrar el dinero suficiente para poder comprar ese videojuego tan elogiado en las revistas del sector. Ir a la tienda y apoquinar el dinero de mi propio bolsillo me proporcionó la primera sensación de placer por el hecho de pagar por un videojuego (que luego el juego fuera una mierda es otra historia).

De ahí saltamos a la época de las 32-bits, de la que creo que no puedo decir nada más que no haya dicho ya. Bueno, en realidad sí. Si alguno de vosotros también pirateaba juegos y aun conserva esas copias, que repase su juegoteca y recapacite sobre cuántos de esos juegos disfrutó de verdad, o mejor aun, sobre cuántos de esos juegos jugó más de una vez. Habrá excepciones, pero lo normal era sufrir un síndrome de Diógenes videojueguil tremendo. Lógico, no se pagaba por esos juegos más allá que el precio del CD en el que estaban grabados. Nuestra valoración monetaria, y por tanto la valoración del esfuerzo para hacernos con ese juego, estaba terriblemente deformada y entonces muchos de esos juegos "no merecían la pena".

Pasaron los años y llegamos a nuestros días (sí, ya estoy acabando el coñazo). Y sinceramente, creo que no queda excusa alguna para no pagar por un videojuego. Más allá de los aun abusivos precios que se manejan en la primera mano española, existen más opciones para hacerse con un videojuego pagando un precio justo por ellos. Contamos con la segunda mano, el intercambio de videojuegos, la importación y con las plataformas digitales como Steam. En todas estas opciones es común el encontrar un precio mucho más ajustado y honesto a nuestros ojos.

No hay cabida ya para la excusa de "los precios de los videojuegos son caros". Quien se sigue repitiendo eso es por pura ignorancia de las alternativas que existen, o quizá, por pura avaricia. Sea como sea, la posición de no querer pagar por un videojuego no se sostiene ya por si sola. Y por favor, que nadie que SÓLO tiene juegos piratas me diga que le gustan los videojuegos, en serio, que me da la risa.

El hecho de pagar por un videojuego es catártico y otorga un punto de referencia muy claro a la hora de valorar nuestra dedicación a los videojuegos. Es por eso que hablo de placer a la hora de pagar por un videojuego, porque por un lado estoy disfrutando de un juego y por el otro tengo la satisfacción de haber contribuido a mantener y/o prosperar un estudio de desarrollo que considero merecedor de mi confianza gracias a su buen trabajo (si el trabajo es malo que les den).

Así que si sois de esos que siguen despreciando las cajas originales de los juegos de vuestra consola y prefiere tener su disco duro lleno de isos o su archivador repleto de Verbatim, os imploro que penséis en lo que estáis haciendo. No es cuestión de ayudar a la industria, ni tampoco de luchar contra la piratería, es simplemente una cuestión de amor propio y amor por toda esa gente que aparece en los títulos de crédito al finalizar el juego. El placer de pagar por un videojuego también se comparte con ellos.

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Roberto Pastor

Colaborador

Equipo Game Over: Redactor en Game Over, Alicantino de pura cepa, jugador compulsivo desde los 8 años y amante de muchas cosas divertidas como los videojuegos, el cine, los comics, el manganime y otras cosas mal vistas. No le gustan los juegos deportivos porque provocan obesidad.

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