"Supongo que debería sentirme culpable por ello".

Así de franco se mostraba Bob Wakelin al recordar como en alguna ocasión los directivos de Ocean le habían dicho que uno de los juegos que iban a publicar "no es demasiado bueno, así que necesitamos una portada especial" para arañar más ventas. Eran otros tiempos, unos en los que no había internet, la información apenas circulaba en un puñado de revistas y muchísimas compras de videojuegos al final se decidían, por increíble que parezca, según la calidad de la portada.

Y Wakelin era un maestro a la hora de ilustrarlas, probablemente el mejor que ha habido en Europa dentro de este sector. Su habilidad para lograr que una caja de cartón destacase en las estanterías de las tiendas fue uno de los ingredientes más importantes a la hora de convertir a Ocean en una de las desarrolladoras y editoras de videojuegos más importantes y exitosas a finales de los ochenta. Era capaz de lograr que comprases un título mediocre atraído únicamente por el diseño de su portada, algo de lo que pueden dar fe, por ejemplo, los incautos jugadores que picaron con la adaptación de Los Inmortales. Y también fue el artífice del logo de Ocean Software, uno de los más icónicos y reconocibles en la era de los ocho y los dieciséis bits.

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Lo curioso es que Wakelin, como muchos otros dibujantes (Alfonso Azpiri, sin ir más lejos), acabó dejando una huella indeleble en la historia del videojuego de forma accidental. Su aspiración siempre fue la de trabajar en la industria del cómic, pero tras un breve paso como freelance por Marvel, acabó viviendo en Liverpool con Blair Wilkins, realizando diferentes trabajos y tocando el sintetizador en una banda. Fue su compañero de piso quien le presentó a David Ward y Jon Woods, los fundadores de Ocean, y con quien empezó a dibujar las portadas para la recién nacida compañía británica. Se conoce, sin embargo, que Wilkins incumplía los plazos y se mostraba más interesado en pasar el tiempo en el pub probando drogas, así que Wakelin acabó siendo el dibujante freelance de Ocean en solitario, entregando para empezar las portadas de Road Frog, Island of Death y Hunchback. Tras ellas llegarían, en 1984, ilustraciones para títulos más conocidos, como Match Day, Daley Thompson's Decathlon, High Noon o Gilligan's Gold.

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Algunas de sus portadas más famosas incluyen clásicos como Operation Wolf, Cabal, The Vindicator, Shadow Warrior, Midnight Resistance, Pang o Renegade. Las dos que personalmente recuerdo con más cariño, sin embargo, son las de Batman: The Caped Crusader y The New Zealand Story... de las que curiosamente Wakelin guardaba memorias radicalmente opuestas. De la ilustración para el juego basado en el murciélago de Gotham -que bien podría pasar por una de Brian Bolland- acabó especialmente contento, porque "no había hecho nunca nada para DC, y me gustó recibir ese encargo. Cuando la mandaron para su aprobación pensé que la echarían atrás y tendría que cambiarlo todo". Al final resultó que Joe Orlando, el editor jefe de DC Comics en aquella época, quedó muy satisfecho, y el único cambio que pidió fue hacer más pequeñas las puntiagudas orejas de la máscara de Batman. La portada de la conversión de la encantadora recreativa de Taito, en cambio, se le hizo muy cuesta arriba. "Fue una pesadilla. Me dieron un montón de capturas de pantalla, y querían que pusiese en la portada a todos los personajes que fuese posible. Eso fue un quebradero de cabeza, y no me divertí nada al hacerla".

En los más de diez años que duró la colaboración entre Wakelin y Ocean solo hubo un par de portadas que fueron desechadas. Una, la de Kid Vicious (que finalmente se publicó como Kid Chaos en 1994), fue descartada por la dirección de Ocean al considerar que era demasiado violenta. La otra, la de Miami Vice, tiene una historia un poco más curiosa, porque es otro de esos juegos mediocres para los cuales se solía pedir una ilustración más elaborada que incentivara las ventas. Wakelin dibujó una francamente buena, pero fue vetada por el agente de Don Johnson (el gran protagonista de la serie) al exigir que la portada de la caja incluyese una fotografía del actor. Años más tarde, con humor, Wakelin decía entre risas que "mira donde está Don ahora. Si estás leyendo esto, ¡que te jodan!".

Son dos casos aislados dentro de lo que, por lo demás, fue una colaboración con una enorme libertad creativa, que seguramente influyó positivamente en la calidad del trabajo de Wakelin. Lo normal es que en Ocean simplemente le diesen unas capturas de pantalla y algún apunte, y luego él se pasase por la oficina para entregar lo que consideraba adecuado. Esa confianza se la ganó a pulso, gracias a su constancia y capacidad de trabajo (hubo épocas en las que llegó a hacer hasta tres ilustraciones en una semana), y por ello se le considera a día una leyenda entre los fans de lo retro y los jugadores que vivieron aquella época.

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Pero como suele ocurrir, el idilio entre Bob Wakelin y Ocean terminó a mediados de los noventa, y no de forma precisamente agradable. Los encargos eran cada vez menos y al ser también más sofisticados Wakelin aumentó sus precios, lo cual generó una tensa discusión con Dave Ward. "Quería pagarme en 1992 como si todavía fuese 1985. Creo que después de eso ya no volví a ver a Dave y empecé a buscar otras cosas". El último trabajo que hizo para Ocean fue la portada de Central Intelligence, en 1994, y tras ello no volvió a trabajar más en la industria del videojuego, redirigiendo su actividad profesional a otros sectores. Fue el triste final de una brillante carrera, tan influyente como exitosa.

Sin embargo, volvió a pisar las oficinas de Ocean en una ocasión más. Infogrames compró el gigante británico en 1996 por cien millones de libras, y Wakelin recibió un año más tarde una llamada de Carl Pugh (el director del departamento de arte) advirtiéndole que se iba a desmantelar el almacén y que los originales de sus obras iban a ir a la basura. "Se habían perdido muchos, pero también había bastantes en buen estado", así que los metió en el maletero del coche y se los llevó a casa. En años posteriores prácticamente todo ese material fue vendido a coleccionistas a través de eBay o en convenciones retro, a las que Wakelin solía asistir para dar charlas y hacer sesiones de firmas. Por desgracia, Wakelin falleció la madrugada del domingo 21 de enero de 2018, tras una larga lucha contra la leucemia.

Es reconfortante saber que por lo menos una parte de su trabajo está ahora en manos de gente que lo valora como es debido y que sabrá conservarlo. Fans como tú y como yo, que crecieron maravillados mirando las ilustraciones de Bob Wakelin en los anuncios a doble página de revistas como MicroHobby o Micromanía. Gente que a veces picó comprando un juego malo por el espectacular dibujo de la portada, y que aún así recordamos con cariño la obra de un maestro de un arte perdido.

Acerca del autor

Josep Maria Sempere

Josep Maria Sempere

Subdirector

Josep Maria es subdirector y fundador de Eurogamer España y el máximo responsable del día a día de su línea editorial y de contenidos. Ama el punk-rock, el cine palomitero de Hollywood, los simuladores de submarinos, la sci-fi, los cacharros de Apple y la década de los 80. Puedes leerlo también en BFG9000, en su Twitter (@kr3at0r) o escucharlo en el podcast Ocho sobre Diez.

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