Sin dejarse notar de forma excesiva durante sus últimas fases de desarrollo, el nuevo videojuego de Cing –estudio japonés afincado en Fukuoka–, llega a las tiendas para hacerse un hueco dentro del desequilibrado catálogo de Wii. Bajo su colorida propuesta escénica, se esconde un mundo de fantasía que embriaga al jugador, ya no solo por el acertado planteamiento estético, sino por lo que esconde dentro de un encantador envoltorio en forma de cuento infantil. Porque esta obra lúdica, al igual que la ideada por Antoine de Saint-Exupéry en uno de sus viajes a Nueva York –Le Petit Prince (El Principito)–, trasciende de la mera producción orientada a los más pequeños de la casa para ofrecer una experiencia a caballo entre varios géneros, cuyo desarrollo atrapará al jugador más experimentado. Y lo que es más importante, aunque sus cualidades como juego de estrategia se combinen con elementos de aventura, RPG y simulador de vida, ninguno de estos aspectos interfiere en la búsqueda de un planteamiento sencillo y adictivo, definiendo una profunda experiencia repleta de humor.

La trayectoria de Cing en Nintendo DS, responsables de Another Code y Hotel Dusk, refleja el crecimiento de esta firma con Little King’s Story, su primera producción para Wii. Este videojuego, que nos pone en el papel de un jovencísimo monarca que intenta llevar adelante su pequeño reino, ha visto la luz gracias al trabajo de Yashuhiro Wada, creador de la saga Harvest Moon. Sus esfuerzos se concentraron en formar un grupo de trabajo constituido por experimentados creadores, cuando el videojuego aún se conocía bajo el nombre de Project O. De esta forma, gracias a la dirección de Youichi Kawaguchi (Dragon Quest VIII) se orquestó el trabajo del diseñador de personajes Hideo Minaba (Final Fantasy XII), del productor Yoshirou Kimura (Moon) y del compositor Yoko Shimomura (Kingdom Hearts) entre muchos otros, dando lugar a Little King´s Story, un título cuyo encanto tridimensional se esconde entre trazos de lápices de color, dibujos a la cera, esbozos con tiza y pinceladas empastadas al óleo. Veamos cuales son los elementos que hacen de este juego una experiencia interactiva tan especial.

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No podríamos llevar el progreso a nuestro reinado sin la ayuda de nuestros ministros.

El sencillo guión de Little King’s Story nos pone en la piel de Corobo, un tímido niño que se adentra en un frondoso bosque mientras persigue a unas ratas. En lo más profundo del lugar, Corobo encuentra una misteriosa corona, cuyo enorme poder mágico se pone de manifiesto cuando decide colocarla sobre su cabeza. A partir de ese momento, los animales y humanos que habitan los alrededores se rebelan como leales súbditos del nuevo rey, cuyas responsabilidades giran en torno al progreso de su reinado a partir del desarrollo de una pequeña aldea.

Una frágil edificación de piedra y madera sirve como improvisado castillo real durante el comienzo del título. Desde nuestro pequeño trono, podemos convocar a los ministros del reino. Verdi, que se encarga de guardar la partida, nos facilita también las estadísticas detalladas del reino. Liam, el ministro sabelotodo, nos ofrece sus conocimientos en forma de consejos y tutoriales de simpática factura artística. Por su parte, el cavalgavacas Hauser, cuyos ambiciosos objetivos necesitan de un enorme capital económico para poder llevarse a cabo, se reivindica desde el principio como nuestro más leal consejero. Durante los primeros compases del juego, observamos como el control del personaje y el manejo de sus acciones se inspiran directamente en la saga Pikmin, ofreciendo una experiencia interactiva sencilla e intuitiva. Prescindir de las particularidades que ofrece el mando de Wii, fue una decisión necesaria al querer definir un sistema de control fundamentalmente clásico. Para que el desarrollo del reino se haga realidad, el espíritu que promueve el juego es muy sencillo de entender: toda persona ociosa que no aporta nada a la aldea, debe desempeñar una tarea productiva por el bien de la comunidad.