Dragon's Crown Pro apenas introduce novedades al juego original más allá de una coletilla en el título.

¿Qué se debe analizar en un remake/remaster? ¿el juego original o la remasterización? Es una pregunta a la que me enfrento en cada ocasión y nunca consigo encontrar una respuesta que funcione en todos los casos. Cuando me tocó escribir sobre los espantosos remasters de Silent Hill 2 y 3, el texto se enfocó en los motivos por los cuales esta versión no hacía justicia a los originales de Playstation 2, pero esta es una tarea que suele tener más sentido que realice Digital Foundry. Con otros juegos, como Sly Trilogy o WipEout Omega, aproveché unas remasterizaciones ejemplares para reivindicar los originales. Cuando el juego no había salido en occidente, como ocurrió con los Silver Case, era una ocasión para escribir de ellos como si nunca hubiese existido otra edición. En el caso de Dragon's Crown Pro, en cambio, la complicación reside en la casi total ausencia de diferencias con respecto al original.

Mi encuentro con este juego apenas tuvo fricción: encendí la Vita, volví a descargar el Dragon's Crown original, subí la partida a la nube, cargué el juego en PlayStation 4, bajé dicha partida y continué donde lo dejé en su momento, como si jamás lo hubiese abandonado a punto de terminar la primera vuelta. Tras un par de minutos toqueteando el mando para recordar los controles y algunos sistemas de juego que ni me acordaba que existían (en particular todo lo relacionado las runas), comprobé que todo seguía donde debía.

Dragon's Crown nos permite escoger entre seis clases de héroes (Luchador, Enano, Amazona, Mago, Elfo y Hechicera) para acabar con toda clase de criaturas en Hydeland, un reino de fantasía que recoge seres de historias populares de prácticamente todas las mitologías europeas. Quimeras griegas, dragones germánicos, krakens escandinavos... el título de Vanillaware transforma una vasta red de folklores en un mundo coherente y vivo, para después lanzarnos a eliminar a todo este bestiario.

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Es común en las remasterizaciones aquello de "se ve como lo recordaba", y esto es cierto en comparación con la versión de PlayStation 3. Pero si bien la principal novedad de la versión Pro son los gráficos remasterizados a 4K, lo cierto es que donde se sigue viendo de escándalo es en la pantalla de la Vita, que en realidad parece una plataforma más adecuada para las pequeñas misiones de apenas cinco minutos y de gran intensidad. También incorpora una traducción de textos al castellano que en teoría debería contentar a aquellos que afirmaban que "comprarán el juego cuando venga traducido".

Quizá Dragon's Crown sea el juego de Vanillaware que menos me guste de su trilogía más reconocida (junto a Odin Sphere y Muramasa). El combate es simple y exalta el caos en pantalla frente a la búsqueda de una cierta precisión que sí podíamos encontrar en títulos anteriores. Es cierto que aquí está manejando unas referencias que hunden sus raíces en beat'em-ups como Golden Axe o Streets of Rage, pero la capa de RPG no termina de aportar lo suficiente como para darle algo más de personalidad.

La principal virtud de Dragon's Crown es que, al contrario que Odin Sphere, el juego es consciente de sus limitaciones; sabe cuándo parar y darle al jugador un final cerrado antes de que empiece a asomar el agotamiento de sus mecánicas. Le sienta muy bien cerrar tras poco más de una decena de horas y ofrecerte continuar con un reto mayor o probar otro personaje en vez de arrastrar la historia durante demasiado tiempo, como ocurría con el título lanzado originalmente en PlayStation 2.

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La pérdida de legibilidad en pantalla por tener a cuatro personajes realizando sus ataques de manera simultánea choca frontalmente con el cuidado que se ha puesto en dibujar fondos, personajes y animaciones. Como viene siendo costumbre en los titulos de Vanillaware, hay un cuidado puesto en el aspecto estético que bordea lo absurdo, aunque lo cierto es que este sentido aprecio mucho más el interés de Muramasa y Odin Sphere por integrar el vertiginoso ritmo de movimiento del personaje con unas ilustraciones que destacan tanto en el frenetismo como en el momento de reposo tras la batalla.

También es cierto que de los tres es el juego en el que menos me gustan los diseños. Pablo Algaba ya hablaba en su análisis en esta web del 'male gaze', de esa sexualización de personajes femeninos que alcanza límites ridículos. Me acuerdo de la famosa ley de Poe cuando leo que el responsable de los diseños, George Kamitani, asegura que el objetivo era caricaturizar las representaciones de personajes en los títulos ambientados en el medievo fantástico. El resultado final, sin embargo, imposibilita distinguir su parodia de los diseños de otros títulos que se toman a sí mismos en serio. Sí es cierto que en el caso de Dragon's Crown se ve una intención de revisitar y reapropiarse de obras conocidas, con un catálogo de referencias que van de Bernini a los Monty Python, algo difícil de acometer y que muestra un abanico de recursos más amplio de lo que suele ser habitual en el sector.

Dragon's Crown Pro apenas ofrece novedades de relevancia sobre el original, y sigue exhibiendo los mismos aciertos y defectos. Sirve de excusa para acercarse por primera vez al original o, como en mi caso, darle una segunda oportunidad y aprovechar para reflexionar sobre cómo le ha sentado el paso del tiempo, pero quien ya le sacase el jugo al original en su momento no va a encontrar aquí nada que le invite a empezar de nuevo una aventura en Hydeland.

Acerca del autor

Jaime San Simón

Jaime San Simón

Redactor

Jaime lleva en Eurogamer.es desde los inicios y es nuestro experto en juegos indie. Tú ponle ahí cuatro píxeles hechos con amor y ya le puedes dar megatones hiperpoligonizados, que él, se quedará con lo primero.

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