Análisis del Capcom Home Arcade

¿Arcade perfect? 

El Capcom Home Arcade es una auténtica delicia. Este espectacular dispositivo ofrece casi todo lo que podíamos esperar de él, pero además también incluye algunas agradables sorpresas. Sí, se trata de un producto que realiza un trabajo admirable a la hora de replicar la experiencia de los salones recreativos con una serie de juegos fantásticos, pero lo más importante es que también te introduce a títulos menos conocidos - pero igualmente disfrutables - de la edad de oro de los arcades. Pese a que la selección contiene únicamente dieciséis títulos en total, existe una sensación de descubrimiento palpable y tras probarlo acabé todavía más impresionado por la herencia de Capcom en la historia de los juegos de recreativa.

En lo que respecta a esas importantes primeras impresiones, el Capcom Home Arcade produce un buen efecto. En plena época de las miniconsolas retro, Koch Media ha optado por ir a lo grande fabricando una unidad tipo arcade, usando piezas de recreativa Sanwa de alta calidad para ofrecer una sensación genuina y auténtica con los controles. Es fuerte y resistente pero preciso, aunque lo más importante es que te deja con la sensación de que es un mando de recreativa de verdad. Montar todo esto en una gran carcasa con la forma del logotipo de Capcom puede parece un poco ostentoso, pero no se pierde nada a nivel de calidad en la interfaz. Además, también es bastante seguro; en la base hay un plástico de tacto suave que se las apaña sin problemas para conseguir que la unidad se sujete bien a la superficie mientras juegas.

Las conexiones son limitadas, con una salida HDMI en la parte posterior junto a un puerto micro USB para la alimentación, una misteriosa entrada EXT - un puerto USB cuya función se desconoce - y el botón de encendido. Puede que pienses que esa entrada EXT se utiliza para instalar las actualizaciones de firmware, pero en realidad esto se realiza de forma inalámbrica gracias al chip Wi-Fi interno, lo cual me lleva a comentar el único problema que tuve con la unidad utilizada para realizar este análisis: no había forma de conectarla a ninguna red, con lo cual no podía actualizar el software del sistema. Afortunadamente resultó que ya venía con la última versión instalada, pero eso significó también que otras funciones interesantes, como la de subir las puntuaciones a una base de datos global, tampoco funcionaron.

Aunque el formato del dispositivo no tiene nada que ver con los fundamentos del diseño de miniconsolas retro, los componentes internos son otra historia. Aquí no se utiliza un FPGA para ofrecer una simulación precisa de las arquitecturas CPS1 y CPS2 de Capcom, sino que Koch Media ha optado en su lugar por trabajar con Barry Harris, uno de los desarrolladores del proyecto Final Burn Alpha, para ofrecer emulación bajo un chip ARM. Sabemos que es un poco más potente que el usado en sistemas como la Mega Drive Mini, porque además monta un disipador encima del mismo. Mientras, la salida HDMI permite sacar una señal 1080p, en vez de los 720p del resto de consolas retro. La colección de juegos, por su parte, se almacena en cuatro gigabytes de memoria flash NAND.

Al encender el dispositivo nos encontramos con un tiempo de carga de alrededor de veinticinco segundos antes de llegar al menú principal del sistema, el cual, pese a ser atractivo y poseer una buena presentación (me gusta el detalle de usar la música de cada juego al seleccionarlo), tiene una interfaz lenta que parece funcionar con un frame-rate bajo. Afortunadamente ese rendimiento no se extiende al de la calidad de la propia emulación, la cual funciona perfectamente. Mis primeras partidas se vieron afectadas por algunos tirones poco frecuentes, pero se solucionó al hacer un factory reset. Tened en cuenta esto si os pasa lo mismo, pero también que al hacerlo se pierden las puntuaciones guardadas.

La calidad general de la emulación es buena, exceptuando algún corte aislado de sonido que no pude solventar cambiando los cables (hablando de lo cual, Koch Media merece un aplauso por incluir unos cables muy largos). También parece haber algún glitch ocasional en Street Fighter II Hyper Fighting, el cual podéis ver en el vídeo que acompaña este artículo.

Otro pequeño problema es que los juegos de Capcom de esta época solían funcionar con una resolución de 384x224, presentada en monitores CRT 4:3. Esto significa, básicamente, que los gráficos se expandían ligeramente, ya que 384x224 no es una resolución 4:3. El Capcom Home Arcade ofrece un modo 1:1 ampliado a 1080p con escalado entero, pero el aspecto no es correcto. Creo que el modo 4:3 ofrece una experiencia más auténtica, pero como los gráficos se expanden hay un ligero parpadeo de los pixeles que se nota especialmente en los juegos con scroll horizontal. Esto supone un auténtico problema en las miniconsolas retro, aunque aquí se mitiga un poco ya que el Capcom Home Arcade ofrece una salida a 1080p, en vez de la habitual 720p.

Los modos de presentación son un punto débil del Capcom Home Arcade en comparación con la competencia, ya que el número de filtros es mínimo y tampoco se intenta ofrecer emulación de scanlines. Todo lo que tienes a tu disposición es un filtro de suavizado que parece añadir simplemente un reescalado bilineal básico que reduce la calidad de los bellos gráficos originales creados por Capcom.

Lo cual nos lleva a los juegos. Dieciséis títulos no es mucho en comparación con otras miniconsolas retro, y ver aquí solo una versión de Street Fighter 2 es una pena. Sin embargo, creo que la selección es maravillosa. Están los clásicos de la edad de oro como Ghouls 'n' Ghosts, Strider, Final Fight o Street Fighter II: Hyper Fighting, pero también algunos títulos mucho menos conocidos que seguramente no hayas jugado mucho en el pasado. Los fans de los juegos de lucha tienen Hyper Fighting, pero también Darkstalkers y Cyberbots, un títulos fantásticos a menudo olvidado.

Capcom Sports Club es una excelente experiencia para dos jugadores, la cual se adapta perfectamente a esta máquina. Con juegos de tenis, fútbol y baloncesto, ofrece la misma intensa jugabilidad que Windjammers, con un excelente trabajo en los sprites. Al final, jugar a estos títulos menos prolíficos del catálogo es lo que más he disfrutado durante mi tiempo con este dispositivo. Aparte de darme algunos de mis juegos favoritos de todos los tiempos, también me ha permitido apreciar el gran legado de Capcom, un hito considerable teniendo un catálogo de "solo" dieciséis títulos.

Capcom desarrolló alrededor de setenta juegos con el hardware CPS1/CPS2, así que espero que Koch Media consiga las licencias para algunos más. Y las posibilidades para ello están ahí; aunque estoy contento con la elección de ofrecer Hyper Fighting en la selección inicial, estoy convencido que muchos hubiesen preferido Super Street Fighter 2 Turbo, por ejemplo. La sombra de X-Men vs Street Fighter o de Street Fighter Alpha también es alargada. Y yendo más allá de CPS1 y CPS2, existen muchas posibilidades de que el SoC incluido en este producto sea lo suficientemente potente como para emular juegos de CPS3, abriendo las puertas a una nueva variedad de juegos emocionantes.

Resumiendo, creo que estamos ante un buen producto que merece la pena. Sí, la emulación con un SoC implica que hay latencia adicional, pero en este sentido hay que decir que no es mala y que es igual o incluso un poco mejor que la de la Mega Drive Mini. También me ha decepcionado la ausencia de opciones para alterar los dipswitches; esto hace que no puedas modificar la dificultad, y algunos de estos juegos pueden ser brutalmente difíciles debido a ello. Aunque la selección de títulos puede no ser exactamente la que esperabas, el trabajo de curación es correcto y, como decía anteriormente, he acabado el proceso de este análisis apreciando todavía más el trabajo clásico de Capcom con los arcades. El Capcom Home Arcade es caro, desde luego, pero en general me ha impresionado y vale la pena echarle un vistazo.

Traducción por Josep Maria Sempere.

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Acerca del autor

John Linneman

John Linneman

Staff Writer, Digital Foundry

An American living in Germany, John has been gaming and collecting games since the late 80s. His keen eye for and obsession with high frame-rates have earned him the nickname "The Human FRAPS" in some circles. He’s also responsible for the creation of DF Retro.

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