Hoy termina en la ciudad norteamericana de Las Vegas el CES (Consumer Electronics Show), uno de los eventos más importantes del año dentro del mundo de la tecnología y la electrónica. Pese a que la gran mayoría de titulares los acaparan dispositivos de consumo como televisores, coches eléctricos, auriculares inalámbricos o incluso cepillos de dientes inteligentes (no, no es una broma), en el CES también se suelen presentar muchísimos productos íntimamente ligados con el mundo del videojuego. Y este año no ha sido una excepción.

Podría estar horas hablando del espectacular televisor OLED plegable de LG, de las nuevas gamas 8K de Samsung y Sony (inútiles para jugar, para qué nos vamos a engañar) o de uno de los monitores para PC más premium de 2019, el HP Omen X Emporium con barra de sonido integrada, pero vamos a centrarnos en cosas más realistas y menos prohibitivas para nuestros maltrechos bolsillos. ¿Y qué mejor que empezar con componentes de PC y con la tarjeta gráfica que promete reinar entre los usuarios de PC en los próximos meses?

Una de las novedades más esperadas de la feria era, sin duda, la RTX 2060 de Nvidia, la GPU con arquitectura Turing para las grandes masas. Con un precio de 349 dólares resulta mucho más asequible que las prohibitivas RTX 2070 y RTX 2080, pero ofreciendo igualmente un rendimiento equiparable al de las anteriores GTX 1070 Ti y la posibilidad de renderizar con ray tracing en tiempo real (aunque, evidentemente, habrá que ver si lo hace con frame-rates aceptables, que eso será otro cantar). Otras novedades importantes de la compañía americana son la llegada de las GPUs RTX a los ordenadores portátiles, abriendo un nuevo abanico de posibilidades de juego móvil, la aparente apertura del estándar G-Sync al añadir compatibilidad con algunos monitores FreeSync, tal y como os comentamos con mayor detalle en este artículo, y pequeñas innovaciones a nivel de software en el paquete GeForce Experience, como esa función Nvidia Highlights que captura de forma automática clips de vídeo con los momentos más destacados de nuestra partida, o la promesa de la introducción de DLSS y optimizaciones en ray tracing en Battlefield V, el juego que a día de hoy se ha convertido en la demo de facto para esta tecnología.

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AMD, que en tiempos recientes parece ir un poco a remolque de su principal competidora, no se ha quedado de brazos cruzados. Para competir en la gama alta de tarjetas gráficas lanzarán a principios de febrero, y con un precio de 699 dólares, la Radeon VII con GPU Vega 20. Este monstruo de 7nm incorpora 60 unidades de computación, 16GB de memoria HBM2 y una potencia de 13,8 teraflops para posicionarse como competidora directa de la RTX 2080. No es una nueva arquitectura ni incorpora nuevas funcionalidades que no hayamos visto con anterioridad en la gama Radeon, pero sí un producto interesante que ofrece una alternativa viable a Nvidia, lo cual ya debería ser motivo de alegría.

Aunque no todo el mundo está tan ilusionado con la nueva GPU del equipo rojo. El presidente de Nvidia, Jen-Hsun Huang, sorprendió a los asistentes a una pequeña reunión con representantes de diferentes medios asegurando que la Radeon VII "es decepcionante, ¿no? Yo estaba pensando '¿qué?', porque el rendimiento es decepcionante y no tiene nada nuevo. No tiene ray tracing ni inteligencia artificial. Es un chip de 7nm con memoria HBM que a duras penas iguala a una 2080, y cuando activamos el DLSS los aplastamos. Cuando activamos el ray tracing, los aplastamos. Y ni siquiera está disponible todavía". Unas declaraciones polémicas que traerán cola, y que se alejan de esa cautela y posición comedida que abunda en el sector.

Es cierto que, si se piensa fríamente, quizás resulte más interesante la presentación en sociedad de Matisse, la tercera generación de las CPUs Ryzen de AMD. Será el primer procesador destinado al segmento gaming fabricado en proceso de 7nm, con ocho núcleos y destinado a batir al Core i9-9900K de Intel, con un menor consumo energético y, se supone, un precio más asequible. Su lanzamiento está previsto para mediados de 2019, y habrá que seguirlo de cerca porque se rumorea que AMD se ha guardado un par de ases en la manga y todavía no nos ha contado todo lo que esconde Matisse. Las cosas sí están más claras en la segunda generación de Ryzen para portátiles (la serie 3000), con productos para la gama baja-media (con 15W de consumo) y alta (35W). Las primeras sensaciones desde Los Angeles son positivas, pero tendremos que esperar a la llegada de los primeros productos que integren estos procesadores para saber si, por fin, AMD es capaz de competir en condiciones en un segmento que sigue liderado con puño de hierro por Intel.

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El paso del gigante azul por el CES 2019 ha sido más discreto que el de AMD, y quizás más interesante de cara al futuro a medio plazo que para los próximos meses. Sí, hay nuevos procesadores de novena generación que van desde el i3 al i9 y la llegada de estos últimos a la gama portátil a partir del segundo trimestre, pero la atención la centraron la presentación de la nueva arquitectura Ice Lake -basada en la microarquitectura Sunny Cove- con, por fin, CPUs de 10nm para escritorio y portátiles, y un primer avance del diseño de Lakefield, estrategia de futuro basada en lo que denominan Foveros 3D y que permitirá reducir el tamaño de los chips para integrarlos en portátiles más ligeros o incluso dispositivos como teléfonos plegables.

Hablando de portátiles, la situación que se ha dado en el CES ha resultado un tanto curiosa. Por lo general estamos ante un año de pequeños cambios, y la mayoría de los grandes fabricantes parece que apostarán por los diseños de 2018 pero actualizando los componentes internos y añadiendo pequeñas mejoras iterativas. El ultrabook sigue siendo el rey, fabricantes como Lenovo o Huawei seguirán plantando cara a las omnipresentes Apple, Asus, Acer o HP con productos bastante interesantes (ojo al nuevo Matebook 13, que puede petarlo a nivel de ventas y capitalizar el descontento con el último Macbook Air) y, como comentábamos un poco más arriba, AMD tratará de hacerse con parte del pastel que domina Intel. Lo curioso, decía, es que en un segmento, el de los portátiles, que apuesta por lo conservador y donde no hay previstas grandes revoluciones, ha sido la parte gaming la que ha traído las novedades más llamativas.

No digo, ojo, que tengáis que salir corriendo a comprar alguno de los equipos que vamos a comentar, pero sí creo que se han visto ideas interesantes que ojalá se popularicen y expandan en el futuro. Alienware, por ejemplo, apuesta por uno de los grandes mantras del PC -la posibilidad de actualizar los componentes- con el Area-51m, un portátil en el que el usuario podrá cambiar la CPU, la memoria y la tarjeta gráfica con tan solo un destornillador y en pocos minutos. El concepto tiene ciertas limitaciones (las GPUs se montan en un formato propietario de Dell y la batería apenas dura tres cuartos de hora), pero es la solución definitiva para uno de los males endémicos de los portátiles gaming, la sensación de saber que estás haciendo una inversión enorme en un equipo que se quedará obsoleto en pocos meses y que no podrás mejorar. Otra buena idea es la que propone Asus con el ROG Mothership, que aunque no deja de ser lo que lleva tiempo ofreciendo Microsoft con las Surface Pro, al trasladarse al terreno gaming y con una pantalla de 17 pulgadas nos encontramos con un portátil que tiene la función tabletop de Switch pero con una potencia y posibilidades mucho mayores. Algo similar ocurre con el Predator Triton 900 de Acer, cuyo objetivo es ofrecer un formato convertible 2-en-1 sobrado de potencia para jugar a cualquier título del mercado. Estos tres equipos son, creo, experimentos pensados con cabeza que ahora resultan tremendamente caros, pero cuyas filosofías podrían incorporarse en alternativas más económicas a medio-largo plazo.

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Si en vez de jugar fuera de casa lo haces dentro de ella y en un ordenador de escritorio, también hubo cosas en el CES para ti. Dejando de lado algunas novedades relacionadas con esos LEDs que tanto le gustan a los fabricantes (Razer incluso anunció que en un futuro cercano la iluminación de sus dispositivos se podrá controlar vía voz a través de Alexa), lo más interesante fueron los monitores. Las cuentas corrientes abultadas podrán optar por el alucinante monitor OLED de 55 pulgadas de Dell, disponible en la segunda mitad de 2019, o los ultrapanorámicos y curvos de 49 pulgadas y resolución 5120x1440 LG 49WL95C y Samsung CRG9. El resto de los mortales, especialmente si los queremos para jugar, nos podremos conformar con los nuevos Lenovo Legion Y27gq, MSI Optix MPG341CQR o Razer Raptor, todos ellos con altas tasas de refresco por encima de los 120Hz. El Raptor es uno de los más interesantes, con la posibilidad de voltear la pantalla 180 grados para acceder fácilmente a los conectores traseros y la inclusión de un sistema de gestión de cables bastante apañado. Que su coste, 699 dólares, no sea desorbitado también ayuda, claro.

Y acabemos con lo que en el CES de hace tres años parecía que sería el next big thing pero que al final no ha conseguido despegar ni convencer al gran público: la realidad virtual. HTC presentó el nuevo Vive Cosmos, un casco más barato y que no necesita sensores externos, con la intención de apelar a una mayor base de usuarios, pero sus propuestas más interesantes iban dedicadas al power user: el Vive Pro Eye, que estará disponible en el segundo trimestre, añade tracking de ojos al que seguramente sea el mejor casco de VR disponible actualmente, mientras que Viveport Infinity, que se estrenará el 5 de abril, es un interesante servicio de suscripción a lo Netflix que ofrecerá a los usuarios acceso libre a más de quinientas experiencias de realidad virtual, contando juegos y aplicaciones. Oculus también tratará de acercarse a un nuevo público con el Oculus Quest, un casco más barato y sencillo de utilizar, pero que eliminará los molestos cables. Finalmente, también se enseño el 3D Rudder para PlayStation VR, un aparato que permitirá el movimiento libre usando los pies de forma mucho más cómoda y sin necesidad de moverse del sofá. Buenos añadidos y buenas intenciones por parte de los grandes jugadores dentro del mercado de hardware VR para las masas, pero que dudo mucho que sirvan para que las ventas despeguen tal y como vaticinaron muchos gurús de medio pelo cuando empezaron a popularizarse las Oculus Rift y el primer HTC Vive.

Acerca del autor

Josep Maria Sempere

Josep Maria Sempere

Subdirector

Josep Maria es subdirector y fundador de Eurogamer España y el máximo responsable del día a día de su línea editorial y de contenidos. Ama el punk-rock, el cine palomitero de Hollywood, los simuladores de submarinos, la sci-fi, los cacharros de Apple y la década de los 80. Puedes leerlo también en BFG9000, en su Twitter (@kr3at0r) o escucharlo en el podcast Ocho sobre Diez.

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