Unmechanical

Una tostadora vestida de seda.

Hace unos días, después de que Electronic Arts y DICE dejaran con el culo torcido a medio mundo con la presentación en Estocolmo de la enésima iteración de su shooter bélico, servidor comentaba en twitter que, más allá de unos graficotes mínimamente exigibles para el principio de la próxima generación de consolas o un PC atómico, Battlefield 4 no decía nada. Y no era una crítica hacia lo mostrado en aquel vídeo, ni siquiera dirigida a todos esos juegos-alioli que pueblan las estanterías. La razón es que no me creo ni una sola de las falacias que vierten fabricantes y editores de hardware y software cuando anteponen sus juguetitos a todo lo demás, y se atreven a afirmar que la potencia bruta llevará a los videojuegos al siguiente nivel narrativo y de inmersión.

Unmechanical en una creación modesta, pero hay una cosa que hace bien. Bueno, en realidad son dos: por un lado, demuestra la importancia de un buen diseño, atractivo y genuino, como también, que no todo lo indie es bueno, ni todo lo bueno es indie. Este, hace un espléndido uso de las capacidades del motor Unreal, mostrando unos exuberantes y perfectamente animados escenarios en los que naturaleza y mecánica entremezclan belleza. Incluso, en algunas ocasiones, se puede oír al equipo creativo relamiéndose al alejar la cámara para mostrar de lo que han sido capaces. Pero cuanto más preciosismo rebosa, cuando todo hace presagiar que contendrá aquello que hace bueno a un juego, es cuando acaba por convertirse en algo completamente olvidable.

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Con Unmechanical nos encontramos ante un título de exploración y puzle en el que manejamos a una especie de tostadora voladora, sin nombre, que ha sido secuestrada y empujada a las entrañas de la Tierra, a la que servidor ha bautizado como Marcela. Pues bien, como Marcela, lo que debemos hacer es resolver una buena cantidad de acertijos para volver a la superficie. Muchos de estos rompecabezas se basan en la física de objetos, otros, en cambio, optan por tirar de ingenio y flirtean con la memoria o elementos musicales. En cualquier caso, Unmechanical hace del puzle barbitúrico su razón de ser. El único problema es una acuciante falta de mala baba en todos y cada uno de ellos, pues no sólo no llegan a presentar auténticos problemas de lógica, sino que muchas veces los conocidos ensayo y error son nuestros mejores aliados.

Esta mala baba de la que hablo, únicamente aparece, y por cuestiones que derivan de otros factores más allá del puro planteamiento jugable, cerca del tramo final, cuando la resolución de éste o aquel acertijo se lleva a cabo mediante precisos y rápidos movimientos, los que dada la más que precaria capacidad de Marcela para realizar piruetas suponen un quebradero de cabeza. Y cuando Unmechanical tiende a ponerse todavía más quisquilloso, saltan a la palestra los extraños comportamientos que tienen algunos objetos y el propio hermetismo de los escenarios. Con lo que, al final, el jugador tiende a encontrar la respuesta y su nueva ruta mediante la siempre eficaz técnica del mamporro contra la pared.

Todo ello se refleja aún mejor en la propia falta de propósito de Unmechanical. Es un título que vive por y para los rompecabezas, ya que no existe el factor enemigo de ningún tipo, pero en el que todos los efectos como resultado a nuestro último movimiento maestro suceden fuera de plano, y aun cuando la consecuencia de haber movido una palanca parece realmente obvia, rara vez queda patente cualquier atisbo de cambio, salvo, en casos muy concretos y estancias más pequeñas. Unmechanical juega en exceso con la ambigüedad, tanto por las situaciones que se dan como por la propia sensación de avanzar por avanzar. A pesar de lo trabajado del cascarón, la extrema sutileza con la que presenta un diminuto hilo argumental convierte a éste en algo completamente ausente, logrando una concatenación de habitaciones aparentemente colocadas al azar que se van alargando más de lo necesario: esto es de dos a tres horas dependiendo siempre de nuestra pericia, hasta darnos de bruces con su abrupto final.

Existe un buen juego en Unmechanical. O al menos eso me gustaría pensar. Pero aunque no precise de una narrativa que haga valer el progreso a golpe de puzle, estos tampoco son lo suficientemente buenos, ni ingeniosos ni genuinos como para lograr ningún tipo de propósito, por pequeño que éste sea. Como decía al principio, ni todo lo indie es bueno, ni todo lo bueno es indie. Y ahora me van a perdonar, pero mientras algunos se preparan para darle al onanismo gráfico que promete la siguiente generación, servidor va a intentar mejorar su puntuación de Super Hexagon.

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Acerca del autor

Shenox

Shenox

Colaborador

Equipo Game Over. Pluriempleado del onanismo lúdico. Ratón de salones recreativos. Nintendero de día, Seguero de noche y últimamente pecero reconvertido. No le hace ascos a nada que se pueda manejar con mando, teclado o ratón. Especialmente patoso en los RTS (aunque en realidad no se le da bien nada), cada día más amante del sector independiente en los videojuegos y que asegura tener a Los Bingueros como película fetiche.

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