Tal y como quedó demostrado en Burst Limit y en la tan cogida con pinzas primera entrega de Raging Blast, la tendencia general de la serie Dragon Ball en su vertiente videolúdica es un viaje sin escalas a los extremos pajeros del género, de la imaginería 'toriyamesca' al estilo pirotécnico de los últimos juegos de Dimps; y a la desvirtuación de la mecánica jugable de los grandísimos Super Butoden de SNES o incluso los más recientes Budokai.

Todos hemos visto Dragon Ball, y todos sabemos igualmente que videojuegos de Dragon Ball ha habido desde que Nintendo es Nintendo, con distintas fórmulas, enfoques y resultados. Es por ello que con tanta naturalidad empezaremos a movernos por este Raging Blast 2, y por el mismo motivo todas las críticas vertidas contra sus precursores directos son aplicables, de nuevo, en esta ocasión: un abanico de técnicas que demanda una curva de aprendizaje ligeramente pronunciada para terminar pecando de automatismos en la mitad de movimientos, repetición del 75% de golpes en la mayoría de personajes dado el inmenso plantel de luchadores, e imprecisiones a nivel de control a la hora de ejecutar según qué fintas o maniobras son el estigma de la saga desde hace... ¿ocho años? Es curioso, pero cualquier crítica de los últimos títulos basados en la franquicia tiene aplicación aquí y ahora.

Y no lo digo porque el look del juego sólo sea ligeramente mejor a los de sus anteriores entregas, sino más bien porque en temas como puede ser la cámara únicamente ha dado un pasito de bebé respecto su antecesor. Todavía baila, toma ángulos absurdos y se vuelve loca de vez en cuando.

El combate sigue sin alcanzar un grado de equilibrio técnico adecuado para un juego de lucha, sin embargo es cierto que sigue manteniendo la atmósfera de inmersión en la dinámica de golpes y explosiones de la serie gracias a ello.

La lista de golpes simples, técnicas especiales, cadenas, ataques en sprint, maniobras aéreas, presas, esquivas y demás parafernalia es bastante abultada, además de totalmente fiel al anime. Pero en la mayoría de ocasiones resultará más conveniente concentrarnos en bloquear y conectar una cadena de golpes simples que comprometer la barra de vida intentando combos más complejos. El jugador machacabotones parte con ventaja en Raging Blast 2 precisamente por la dificultad y la imprecisión inherente a encadenar un combo de varios golpes complejos. Sin embargo, ejecutar las técnicas especiales y ataques definitivos se ha simplificado, asignando esa función a cuatro de las ocho direcciones del stick derecho del mando.

Los puntos fuertes y flojos del combate en los juegos de Dragon Ball siempre han levantado controversia, pero pese a que en todo análisis de videojuegos debe prevalecer la calidad intrínseca del producto por encima de su rigor a la hora de hacernos creer que estamos metidos en la serie o película en la que se basa, es de agradecer que se logren ambas cosas, que tampoco tendrían por qué ir reñidas una de otra.

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Germán Cuellar

Germán Cuellar

Redactor

Lleva escribiendo en Eurogamer.es desde el primer día. Se atreve con todo tipo de juegos, aunque su gran debilidad son los títulos de lucha. ¡Más te vale no encontrártelo online si no quieres morder el polvo!

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