Fable 2

Sobreviviendo al hype.

Tras llegar incluso a pedir perdón por no ofrecer en el primer Fable todo lo que en su momento había prometido, estamos convencidos de que Peter Molyneux, bajo enorme presión, se tomó el desarrollo de esta secuela como un reto personal. Analizarla tampoco es fácil, pues ofrece tantas experiencias y posibilidades como jugadores y expectativas existen. Ojalá al terminar de escribir me sienta tan satisfecho con mi trabajo como Lionhead debería sentirse con el suyo.

Fable II es muchas, muchas cosas. Es un cuento de hadas, una historia de venganza, la vida de un hombre y leyenda de un héroe, un juego de rol, acción y aventura, uno de gestión económica (o de especulación pura y dura) y un simulador social en un mundo, el de Albión, que esta vez sí es enorme en todos los sentidos.

Pero sobre todo, Fable II es un juego de decisiones y consecuencias. Trivial pero importante: eso son dos cosas. Y es que lo de poder elegir se ha visto ya, aplicado con mayor o menor acierto, en un montón de títulos, pero lo segundo es bastante más complejo, meritorio y por lo tanto caro de ver.

La primera elección es fácil: ¿chico o chica? Precisamente ésta influye muy poco en el desarrollo del juego, pero es un gran guiño a las jugadoras y un detalle básico en un juego que pretende ser para todos y todas. No hay nada parecido a un editor de personajes, de modo que el aspecto de nuestro avatar se determina por su pureza o maldad, además de por la indumentaria que compramos y el peinado que pedimos al barbero.

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Bastante más importante es la segunda decisión: ¿bueno o malo? Esto sí resulta determinante y acaba por definir en gran parte la experiencia de juego. La libertad a la hora de moldear el destino del protagonista es total, aunque la moraleja de esta fábula bien podría ser “el camino del bien es bastante más difícil que el del mal”.

No es que requiera más habilidad, pero sí resulta más sacrificado. Atemorizar a los aldeanos es cuestión de segundos, pero ganarse su admiración no es en absoluto tan rápido; varias misiones se resuelven antes seleccionando opciones malévolas; los distintos trabajos, deliberadamente repetitivos y cansinos, son toda una incitación al robo; viviendas y negocios son más baratos si el antiguo propietario tiene un “percance” con tu espada…

Hay que sudar, sí, y en ocasiones hacer el loco puede resultar más divertido, pero sentir el cariño de la gente y enamorar a todas las mujeres y a algunos hombres a tu paso (o al revés, en el caso de ser una heroína) no tiene precio.

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De todos modos, ni el mejor samaritano se libra de luchar. Muchos caminos están tomados por bandidos y criaturas varias a los que podemos y debemos matar sin temor a perder nuestra aureola angelical. Pocos cambios en este aspecto, pues se reciclan del Fable original tanto las clases de enemigos como el sistema de combate. Éste es simple pero efectivo, con un solo botón para los golpes cuerpo a cuerpo, otro para ataques a distancia (con ballestas, pistolas o rifles antiguos) y un último reservado a las magias. Ningún combate llega a ser especialmente difícil, pero tampoco se busca ni hay necesidad de retar al jugador; de eso ya se encargan otros títulos.

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