Skip to main content

Análisis de Crow Country - Un survival horror que marida lo tenebroso y lo adorable

Ay, qué bien tan mal.

Eurogamer.es - Recomendado sello
Crow Country es un survival horror que se mueve sin problemas entre lo clásico y lo moderno, lo escabroso y lo adorable, lo familiar y lo propio.

Los fans del survival horror tenemos que asumir una contradicción básica en nuestro disfrute del género: los juegos de pasarlo mal nos hacen sentir bien. Ya sea descubriendo títulos en desarrollo como Hollowbody y Holstin, o realizando una peregrinación anual a la mansión Spencer, encontramos reconfortantes sus lugares comunes diseñados para hacernos sufrir, desde los largos pasillos repletos de ventanas hasta el sonido al tratar de disparar con un cargador vacío. El juego que hoy nos ocupa ha sabido concentrarse en esa sensación de familiaridad para construir un juego de terror que me ha hecho feliz como pocos.

Crow Country nos lleva al parque de atracciones homónimo, cerrado desde hace varios años por un incidente. La protagonista es la agente Mara Forest, que busca al misterioso dueño del complejo, el magnate Edward Crow. Pronto descubrirá que el parque está abandonado pero no despoblado; los antiguos espectáculos tienen ahora como espectadores a toda clase de criaturas de pesadilla cuyo origen está relacionado con el motivo por el que Forest busca a Crow.

El nuevo título de SFB Games (Tangle Tower, Snipperclips) es un sentido homenaje a los survival horror de los noventa, combinando elementos jugables de Silent Hill y Resident Evil con una estética deudora de Final Fantasy VII. Gran parte de la estructura es familiar: un lugar repleto de puertas cerradas por el otro lado, armas lentas que solo podemos disparar cuando nos quedamos quietos, munición y objetos de curación limitados, multitud de acertijos, notas describiendo los sucesos que llevaron a la situación actual…

La mejor decisión que toma es no limitarse a replicar todos sus tics (no hay decenas de puertas con la manivela rota), sino a buscar sus sensaciones desde una aproximación más amable, reflejada en su simpática dirección artística pero también en una dificultad asequible. Los enemigos no dejan de reaparecer cada cierto tiempo, así que se incentiva aprender a esquivar amenazas y disparar solo a los que realmente nos impiden el progreso. A cambio el juego tiene un sistema para evitar que nos quedemos atascados por no tener munición en forma de máquinas de refrescos, que solo dejan caer objetos cuando estamos realmente necesitados de ellos.

No es un juego que quiera ser excesivamente desafiante pero sí mantenernos en tensión; Crow Country se encuentra cómodo en un punto en el que podemos salir airosos de la mayoría de situaciones si vamos con cuidado pero nos matará de un plumazo si vamos corriendo de un lado a otro del mapa. Juega con sus propias contradicciones para formar su identidad: el choque frontal entre pasado y presente, entre lo abyecto y lo adorable, es lo que da forma a Crow Country.

Dentro de esas contradicciones entra que, como señalaba en la introducción, es un juego que me ha hecho sentir en casa cuando más me ha apretado las tuercas; tras unos compases iniciales muy sencillos, el mapeado se va poblando de más enemigos y de trampas mortales, inundando los lugares que ya conocíamos de nuevos peligros. Regresar a una zona despoblada deja muy pronto de ser una experiencia segura y pasar corriendo por los pasillos puede dejarnos al borde de la muerte si no andamos con ojo.

El diseño de los escenarios es estupendo en todo momento; cada localización irradia personalidad y pronto podremos olvidarnos de consultar el mapa gracias a su inteligente disposición de las salas. Aunque el backtracking es obligatorio, como es habitual en el género, el tamaño compacto del complejo y la gran cantidad de atajos desbloqueables hacen que nunca pese movernos de un lado a otro.

Además, a medida que desbloqueamos nuevas localizaciones Mara va conociendo a un variopinto grupo de gente reunida en el parque por diferentes motivos. Sin ser la trama más profunda del género, Crow Country consigue despertar curiosidad en todo momento con los misterios detrás del parque para terminar construyendo una fábula sobre la codicia. Las notas de los antiguos trabajadores nos van dejando caer muchas, pero se deja un hueco para un pequeño giro final.

Algunas de estas notas sirven también como pistas para los numerosos acertijos que esconde el complejo. De nuevo, la dificultad es bastante asequible y un fan del género apenas tendrá problemas para superar los puzles hasta el tramo final. Me habría gustado que se hubiera introducido algo más de complejidad en una opción de dificultad extra (de la misma manera que en Silent Hill se separaba la dificultad de acción y puzles) porque la base de todos ellos está muy bien construida y encajan genial con la temática del parque de atracciones; simplemente querría haberme detenido más tiempo pensando en cada uno de ellos.

También es cierto que si se hubiera pasado de obtuso se habría perdido parte del encanto; me da la sensación de que sus creadores no querían que nos saliéramos de su mundo para tener que buscar en internet cómo resolver un puzle. De hecho, Crow Country introduce un sistema de pistas con uso limitado dentro del propio juego (en forma de “máquina de adivinación”) que nos permite saber por dónde seguir investigando sin tener que salirnos del propio universo del juego, además de un “modo exploración” en el que no hay amenazas. En caso de duda, siempre erra en favor del jugador.

Es un título contento con ofrecer una experiencia compacta (unas 4 horas en mi caso, aunque el principio ya me lo conocía por la demo) en la que no sobra ni un minuto de contenido. Es más, la escalada de tensión funciona a la perfección para jugarse de una sentada, apreciando la manera en que la música industrial de Ockeroid va permeando el ambiente hasta calar los huesos mientras la realidad se va distorsionando a nuestro alrededor. Al terminar se ofrecen incentivos para regresar al juego para los auténticos fans del terror: como era de esperar, tenemos desbloqueables en función de la puntuación (según las heridas, enemigos vencidos, tiempo y demás) que invitan a regresar para convertir el parque de atracciones en otro de esos lugares de peregrinación a los que volver cada cierto tiempo a mejorar nuestro tiempo.

Crow Country es un título que funciona como homenaje a los survival horror de los noventa sin perder de vista su identidad propia, que encontramos en elementos aparentemente contradictorios. Es un survival horror cuqui, donde el contraste entre las adorables atracciones frente a los horrores informes permiten construir un juego que sabe dar miedo y también sacar una cálida sonrisa. Para alguien que adora pasarlo mal, ha sido un juego realmente reconfortante.

También te puede interesar