Exclusivos PS3: Uncharted

Dani Sánchez-Crespo nos lo destripa desde el punto de vista de un diseñador de juegos.

Seguimos con nuestra serie de artículos exclusivos sobre juegos de PlayStation 3. En esta ocasión el gran Dani Sánchez-Crespo, que es Diseñador de Juegos y Director General de Novarama Technology -además de director del Máster de Videojuegos de la Universitat Pompeu Fabra- nos explica qué le vio a Uncharted desde el punto de vista de un profesional y porqué es uno de los grandes de esta generación.

Uncharted: Drake's Fortune

Por: Dani Sánchez-Crespo

Trabajar de diseñador de juegos hace que mires muchos juegos pero disfrutes pocos. En cierto sentido, somos como Neo al final de Matrix, luchando con los agentes: como sabemos cómo está hecho realmente el mundo, lo que debería ser excitante es pura rutina. En la mayoría de juegos, a mí me cuesta ver más allá de los polígonos, los triggers y las stats moviéndose arriba y abajo. Dediqué una hora a GTA: San Andreas. Media como mucho a Gears of War. Diez minutos a Halo3... Quizás haya jugado en serio a 10 juegos en 4 años. El primer Jak and Daxter. Todos los de Ueda. GTA: Vice City. Half Life2. Zuma. Capcoms diversos. Y Uncharted.

Uncharted, de Naughty Dog, fue mi primer juego en PS3, comprado tras repasar todos los metacritics del universo para empezar la colección con buen pie. Recuerdo arrancarlo, pasar la primera fase (la del barco), y pensar “¡¡vaya desastre!!”. No sé qué le pasa a la next-gen, que todos los juegos buenos empiezan fatal... supongo que meter un anticlímax al comienzo ayuda a plantear la progresión después, pero si hubiese que juzgar Mass Effect, Uncharted, Bioshock o Assassin’s Creed por su primera media hora, estábamos jodidos. Esta generación pasará a la historia como la de las peores primeras horas, excepción hecha del glorioso Fallout3, que arranca tremendo, y a partir de ahí empieza a mejorar.

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En fin, liquidé a los malos malísimos en sus lanchas, me fui a la selva, y la cosa cambió... vaya si cambió. Por darle algo de calidad al artículo y quedar como el profesional riguroso que soy, intentaré explicar qué es lo que Uncharted hace bien, en mi opinión. Veamos... los videojuegos son una actividad de evasión, basada en lo que se llama la suspensión de desconfianza. Se trata de ese momento en el que os dejáis ir, y realmente estáis dentro del juego, y no en un sofá mirándolo. Eso mismo sucede en una buena peli: al cuarto de hora te olvidas de que estás en un cine y de que el tipo de delante huele a calamares fritos, y realmente tu capacidad para distinguir realidad y ficción se funden. No ves a Aragorn en la pantalla. Eres Aragorn. No, no puedes ser Frodo, lo siento. Tú eres Aragorn, y punto. Esto de evadirse requiere que la experiencia sea buena todo el rato. Un Ferrari no se convierte en un Seat Marbella de vez en cuando, porque eso ni es Ferrari ni es ná. Cuando una peli la caga, ¡bang! vuelves a estar en un cine, miras el reloj, y el tipo de delante sigue oliendo a calamares. Cuando un juego falla, aunque sea un instante, dejas de ser el cachas de Marcus Fenix para ser otra vez un tipo más bien enclenque jugando a las 2 de la mañana. En consecuencia yo, que he pensado mucho sobre esto, opino que un videojuego es tan bueno como sus peores momentos, porque ahí es donde la suspensión de desconfianza es más frágil. Cinco minutos malos tiran por la borda tres horas buenas. El San Andreas fallaba por extenso y difuso. El Assassin’s Creed por repetitivo. Miyamoto no sabe cómo se conjuga el verbo fallar, y le ha pedido a Kojima que se lo explique, que él de eso sabe un rato.

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Lo que hace que Uncharted sea especial es, sencillamente, que no falla. Tampoco es que arriesgue demasiado, pero es difícil ver ese flanco malo que afee el juego: gráficamente está bárbaro y no se han visto junglas mejores en años. La narrativa es perfecta, con pocos, pero bien definidos personajes y un toque sarcástico que está a años luz de las historias típicas de videojuego (combínese a voluntad El Señor de los Anillos, Alien y Salvar al Soldado Ryan. Añádanse muchas razas de gente muy mala. Y tías.). En Uncharted, cada misión es interesante y nos permite ir alternando mecánicas de juego nuevas: exploración, conducción de jeeps, laberintos, motos de agua, misiones en pareja, tiroteos, puzzles... Los mapas son muy originales, con un control que es sencillamente el mejor que he visto en un juego de este estilo con permiso del Assassin’s. El juego no es ni demasiado lineal, como HalfLife2 a ratos, ni demasiado abierto, como el San Andreas. En resumen, Uncharted es un juego redondo, perfectamente cerrado, que diría mi buen Gonzo Suárez.

En eso reside precisamente su mérito: en no fallar. Cuando un juego no tiene flancos abiertos, la inmersión del jugador, el “suspension of disbelief” del que hablaba antes, se mantiene constante, y el jugador no sale nunca de la experiencia. Me cuesta mucho meterme en un Gears of War porque soy demasiado mayor para emocionarme con Marcus Fénix y sus músculos aceitados. Cada vez que Kojima me mete una intro de media hora me salgo del juego y me acuerdo de que tengo que ir al callista. Cada vez que el típico RPG me hace matar mil tipos sin nombre para avanzar a la siguiente misión me pega una patada en la cara y me devuelve al sofá. Pero Uncharted no. En Uncharted siempre hay un templo nuevo, una cinemática espectacular. Un tiroteo planteado de forma diferente que parece fresco y novedoso. Motivos todos ellos para escapar de la realidad, e irnos a Perú con Nathan y compañía.

Pero lo más gracioso del caso es que se trata de un juego donde, con todos mis respetos, la innovación brilla por su ausencia. Me recuerda mucho a God of War: juegos absolutamente convencionales en su planteamiento, pero ridículamente bien producidos y acabados. Máquinas de gameplay perfectas, pero nada arriesgadas. Y es que para experimentos ya está Ueda, que está tocado por la mano de los Dioses y se arriesga como nadie. Pero Naughty Dog no estaba para inventos raros con Uncharted. Sencillamente, se trataba de ir donde Lara Croft no había soñado ir jamás, y a fe que lo consiguieron, ganándole en todos los terrenos: en mecánicas, en diseño de mapas, en calidad narrativa.

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No me acabé el Uncharted (pero faltó poco). El juego es casi perfecto, pero tiene sus pequeñas cosillas que me recordaron que era sólo un juego. Demasiados tiroteos algo repetitivos al final. Poca variedad en los enemigos, que hacían que el juego perdiese algo de su manto especial, y se hiciese algo rutinario. Ese es, quizás, mi único pero a un juego por lo demás memorable.

Eso sí, recuerdo que fui a ver la última de Indiana Jones, algo después. Recuerdo una persecución de jeeps a media peli, muy parecida a una de Uncharted. Inmerso en la peli, metido de lleno en la experiencia, no pude evitar decirle a Indy, que estaba sentado a mi lado en el jeep: “bah, esto no está mal, pero tendrías que jugar a Uncharted, colega. Ahí hay una persecución que os da mil vueltas, y además podrás ser Nathan Drake... y ese tío mola.”. Indy me miró con cara de alucinado. Es lo que tiene la gente del cine: se hacen mayores.

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