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Minon: Héroe Total

¿Te echas una partida al dominó?

Minon: Héroe Total es sin duda un juego peculiar y muy poco común. Su premisa es muy sencilla: controlaremos los movimientos de Minon, un silencioso héroe de misterioso origen decidido a echar una mano a todo ciudadano que se encuentre en problemas, sean del tipo que sean. En ocasiones esto incluirá llevar a un abuelillo a la boda de su hijo, silenciar a los ruidosos animales de un zoo para facilitar una cita entre los melosos elefantes o echarle una mano a un atareado padre de familia a ganar unas relajantes vacaciones pagadas. ¿Cómo les ayudaremos? Pues saltando de obstáculo en obstáculo y derribándolos cuales piezas de dominó. A veces tendremos que convertirnos en gigantes y los obstáculos serán edificios o torres y otras tendremos que hacernos minúsculos y saltaremos sobre briznas de hierba.

Los escenarios, empero, no están pensados como recorridos fijos, de manera que tendremos que hacer uso de nuestro superpoder predilecto (el Minovigor) que nos permite hacer aparecer fichas de dominó genéricas en los espacios que median entre las ristras de obstáculos, con el fin de poder salvar las distancias y continuar nuestra comprometida carrera en beneficio de la comunidad. Minon no es un dios, sino apenas un mero héroe aficionado y, por esta razón, su Minovigor no es infinito: tendremos que tener cuidado con cómo lo gastamos. Pero como la naturaleza en el mundo de Minon es sabia y cuela por la ventana lo que el destino echa por la puerta, podremos regenerar nuestro Minovigor a base de mover el Wiimote al paso de los obstáculos, aunque con el creciente aumento de nuestra velocidad de crucero y el consiguiente incremento en la dificultad del juego.

La mecánica es, pues, bastante simple y, aunque ambientada y justificada de diferentes maneras, se mantiene invariada durante todo el juego. Los diferentes retos pueden resultar entretenidos y las situaciones son sin duda alguna disparatadas y (a veces) bastante cómicas, pero el esquema se hace repetitivo demasiado pronto; quizás sea porque Minon: Héroe Total depende en exceso del atractivo y el encanto de su absurdo guión. Habrá quien se parta de la risa con su humor profundamente japonés y habrá quien se harte de él a los cinco minutos, en gran medida por el terrible, terrible, espantoso y mortalmente anodino doblaje –digno del más depresivo y neurótico de los loquendos–: no queda más remedio que dar un suspenso total para el mediocre esfuerzo en la localización.

El otro aspecto decepcionante y, a la larga, cargante de Minon: Héroe Total tiene más que ver con elementos de pura jugabilidad: el control puede resultar algo traicionero a veces y el alternar entre agitar el Wiimote y apuntar en la dirección en que deseamos desplazarnos es un auténtico incordio. La ausencia de un zoom o de un pequeño mapa que nos permitiese planear con algo de sentido común nuestro itinerario es también un elemento en contra de la diversión. Se podrá aducir que es una manera de apostar por la rejugabilidad de cada fase (una vez para terminarla y varias para explorar hasta el último rincón y conseguir los muchos elementos secundarios dispersos por cada pantalla), pero la evidencia de la exasperación es un fuerte argumento en contra.

Como último apunte habría que destacar que el gracioso y entrañable trazo del diseño artístico del juego (que podemos apreciar en las ilustraciones de la caja o en las imágenes promocionales) apenas si ha sobrevivido a la poligonización tridimensional. Los gráficos son aceptables en las fases del juego (principalmente porque son figuras pequeñas y rara vez tendremos la ocasión de fijar nuestra vista durante mucho tiempo en un objeto) pero se revelan feotes y extremadamente planos en las intros y tanto los sonidos como las músicas de algunas secciones son muy, muy cansinos: teniendo en cuenta que algunas fases pueden durar hasta quince o veinte minutos, es incomprensible ambientarlas con una sola canción que apenas dura cuarenta y cinco segundos y se repite hasta la náusea.

Minon: Héroe Total es un título que se inspira en otras delicias del lejano oriente como Katamari, Gitaroo Man o Parappa The Rapper y que, como ellas, tiene una buena idea que explotar; pero a diferencia de esos otros encantadores y adorables juegos Minon se queda corto en variedad, no muy inspirado en el diseño y algo limitado en jugabilidad. Con todo, el esfuerzo se agradece y, tanto en solitario como acompañado, es una experiencia a ratos muy divertida y un juego que merece la pena probar, al menos como curiosidad. Minon: Héroe Total parte de un interesante concepto lleno de potencial, así que no descartaremos que una secuela con mayor presupuesto y tiempo de desarrollo pueda llegar a alcanzar buenas cotas de excelencia. De momento, en esta ocasión, habrá de conformarse con poco más que un aprobado.

6 / 10

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