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MadWorld

La marea roja llega a Nintendo.

Llegó la hora de despejar, por fin, todas las incógnitas. De destapar los hechos y aclarar definitivamente si las especulaciones formuladas alrededor de este título se han convertido en ilusiones perdidas o un reencuentro con la gloria. Lo ideal sería mantener la expectación hasta el final del análisis, que fuéramos desgranando poco a poco sus ingredientes hasta culminar con el veredicto final, dando pistas aquí y allá para no descubrirnos en el primer párrafo. Pero haciendo gala de la honestidad brutal que destila el juego, va a resultar pero que muy complicado cumplir esa norma. Dicho esto, es preferible que nos centremos (y relajemos) en el porqué de sus méritos, que los tiene prácticamente a cada instante, y reconocer que sí, que con toda probabilidad, Madworld es EL juego de Wii.

Hasta la fecha, Nintendo ha contentado muy poco a sus fans más tradicionales con revisiones escasas y más o menos acertadas de sus grandes clásicos. Mientras los unos se tiraban de los pelos por culpa de la revolución casual, otros tantos se han apuntado al carro de ser chachi-guays con eso de perder kilos en casa, pescar con sus amiguitos o simplemente perderle el miedo a una caja que pinta monigotes en la tele. Lo que no tiene nada de malo per se, pero sin duda ha cabreado a unos cuantos. Con No More Heroes, Disaster o Dead Rising: Chop Till You Drop, parece que la balanza se equilibra ligeramente, ofreciendo propuestas mucho más viscerales y que encuadran bastante mejor con los deseos del graderío hardcore. Si Manhunt 2 no hubiera sufrido tal linchamiento público, esto tal vez sería mucho más evidente. Es por ello que Madworld, además de ser un excelente juego, podría ser el ejemplo definitivo de una tendencia al alza: la marea roja llega a Nintendo.

Ambientado impecablemente en Varrigan City, todo lo que captan nuestros ojos es un ejercicio de exceso que, por explícito, está mucho más cerca de la comedia que del terror. Tal y como ya apuntaba nuestro compañero Christian Donlan en sus primeras impresiones, probablemente se nos venga encima una campaña de acoso brutal por parte de asociaciones y entes variados salvaguardando nuestra cordura; pero alguien con la cabeza bien amueblada os dirá que, simplemente, su violencia es una carcajada continua.

No solo de sierra eléctrica vive el hombre.

Madworld le da una buena patada al trasero de la hipocresía, ya que su argumento nos traslada a una ciudad asediada por terroristas que hacen de ella un gigantesco plató de televisión llamado Death Watch ¿Recordáis juegos como Devil Inside o Smash T.V? ¿Hace falta mencionar Running Man (Perseguido)? Jake, el personaje que manejamos, aparece en escena para poner fin a la situación bajo las órdenes del mismísimo presidente, pero según vamos avanzando en la trama nos encontramos con diferentes piezas de un puzzle que irán encajando muy poco a poco en un eterno clima conspiranoico. Veremos sponsors que luchan por hacerse con el control y ganar posiciones en sangrientas batallas de audiencia, así que... ¿terroristas? Más bien una caricatura de lo que nos rodea ahí fuera, aunque jamás se nos hará demasiado evidente; y eso es lo magnifico de Madworld al hacernos participes de un baño de sangre injustificado que crea adicción desde el mismísimo tutorial.

Hemos de suponer a estas alturas que todos ya conocéis de sobra su puesta en escena, que ya estáis al tanto sobre su cruce estético entre el Sim City de Miller y HellBoy de Mignola. Lo cierto es que una vez dentro del juego (y corroborando lo anterior) también se nos viene a la mente uno de los mayores incomprendido de la generación pasada: God Hand (PS2). Si éste ya nos recordaba al manga de Buronson/Hara, Hokuto no Ken (Puño de la Estrella del Norte) y, a su vez, éste transformaba la aspereza de Mad Max en un festival mucho mas explícito de cráneos esparciéndose por el desierto... pues ya podéis imaginar el tremendo cóctel que nos espera en MadWorld. Muchos desarrolladores deberán tomar nota, además, por el hecho de que Wii sea tan capaz de mover esos detalladísimos escenarios con rigurosa fluidez.