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Análisis de Kirby Star Allies

Hay un amigo en mí.

Kirby vuelve con un plataformas centrado en el multijugador que destaca por su encanto y nulo desafío.

Kirby Star Allies empieza con una siesta interrumpida. Aunque no luce ese distintivo escaparate del que sí hacía gala Epic Yarn, con su mullido mundo de tela y lana, es posiblemente la entrega de Kirby que más apuesta por el amor y la conciliación. Ya no solo por el hecho de que la bola rosa de Nintendo sea intrínsecamente adorable y represente el lado más kawaii de la compañía, sino porque en esta ocasión la propia historia sustenta su trama en el concepto mismo de amistad. El contraste es evidente, porque un personaje cuya principal habilidad es atraer a los demás a la fuerza, comérselos, copiar su habilidad y engullirlos hasta más ver no es precisamente un ejemplo a seguir si hablamos de relación sana y productiva, pero Star Allies nos cuenta que Kirby debe recurrir a ello para alcanzar un bien mayor, que es el medio para llegar a un fin que beneficia a todos. Porque una ominosa lluvia de corazones oscuros irrumpe en Dream Land e interrumpe su siesta, y la cosa ya casi se convierte en algo personal: ya no se trata solo de devolver la luz a su mundo o de restituir la paz para que todos puedan seguir correteando con tranquilidad y comiendo copiosos dulces, sino de que le dejen seguir con lo suyo. Que le dejen seguir roncando y soñando junto a su tocón favorito. "Kirby y sus amigos harán cuanto puedan para, con algo de suerte, proteger la paz (y las siestas) de su amado hogar", reza la descripción de una de las fases del juego. Kirby Star Allies trata de Kirby intentando recuperar su siesta. Intentando que le dejen en paz. Kirby Star Allies es John Wick.

Y a diferencia de la corrupción que esos corazones oscuros generan a su alrededor, cuando uno de ellos cae encima de Kirby y le despierta de su letargo el efecto que se genera reafirma el mensaje que supura durante todo el juego: nuestro héroe es capaz de repartir amor. Así, en Star Allies hay un botón dedicado exclusivamente a lanzar corazones de amistad (así se llaman) para que los enemigos se conviertan en aliados y dé inicio una colaboración necesaria que da nombre al juego. Porque como no podía ser de otro modo, en este plataformas en 2D las habilidades vuelven a ser protagonistas principales. Kirby puede copiar la habilidad de cualquier enemigo, y aunque repartir con Kirby Súplex está muy bien la cosa mejora bastante si además puedes usarlo para lanzar a un aliado por el escenario para que destroce bloques de piedra, como si de una mesa de pinball se tratase. O, en un movimiento que esboza sonrisas, usar a un aliado de hielo para transformar a Kirby piedra en una piedra de curling con la que deslizarnos en vaivén y alcanzar ciertos lugares. Manteniendo el stick derecho hacia arriba los personajes elevan sus brazos y nos indican si hay alguna combinación posible. Si Kirby es un espadachín, un aliado de fuego puede aumentar su ataque y añadir fuego a su arma, con lo que podemos realizar nuevas acciones y, por ejemplo, cortar y encender al mismo tiempo la mecha de esa bomba gigante que cuelga sobre unos bloques de piedra que nos impiden el paso. También hay otras que requieren una cooperación más activa: si absorbe una araña puede lanzar su tela y crear plataformas improvisadas para que nuestros aliados las usen. Elegir a aquellos enemigos que formarán parte de tu equipo logra transmitir la sensación de que estás creando algo, de que, aunque ligeramente anecdótico, hay un componente táctico que va más allá de avanzar y escupir; no es que las combinaciones sean extensas y complejas, pero para un juego de estas características se antojan suficientes.

Y aunque no es obligado jugar junto a tres personajes más todo el rato, ya estén controlados por la IA o por nuestros amigos en la vida real (otros tres jugadores pueden unirse en cualquier momento), hay también combinaciones grupales en las que sí son necesarios aliados y que, de nuevo, giran en torno al concepto de amistad: el tren de la amistad, el círculo de la amistad, el puente de la amistad; movimientos especiales que unen a los cuatro personajes con los que podemos arrasar por los escenarios y que son especialmente divertidos de ver y de controlar. El suministro de enemigos es constante, por lo que en ningún momento supone un fastidio quedarnos sin esa habilidad que necesitamos en eso preciso instante, y vuelven a aparecer inmediatamente en cuanto seguimos avanzando y barremos la pantalla. Si necesitamos una habilidad de hielo, tened por seguro que bien cerca y bien a la vista habrá un muñeco de nieve que grite "absórbeme" o "me necesitas para ese puzle de ahí" a los cuatro vientos. Y es ahí donde reside el punto que más para atrás puede echar a muchos: Kirby Star Allies es insultantemente fácil, incluso más que anteriores entregas de la saga. Es cierto que la chicha está en jugar junto a varios amigos, y que no se oculta y deja bien claro que está enfocado a los más pequeños de la casa, pero muchas veces da la sensación de que es un juego que se juega solo.

Si aparece un jefe a media fase y me da por mirar el móvil, puedo estar bien tranquilo: lo más probable es que cuando vuelva a levantar la mirada mis amigos se hayan encargado de él. También resulta confuso en ocasiones porque pueden llegar a suceder muchas cosas en pantalla y es fácil perder la pista del personaje que estás controlando, por lo que no sabes muy bien cómo has hecho eso que acabas de hacer. Y aunque agradezco el empeño y el ímpetu que ponen mis queridos amigos en limpiar la pantalla de contratiempos, muchas veces su comportamiento agresivo, aunque con buena intención, me deja sin el enemigo que iba a absorber porque necesitaba su habilidad, con lo que toca barrer la pantalla, esperar a que vuelva a aparecer y rezar para que me dé tiempo a hacerme con él antes de que lo envíen de nuevo al otro barrio. Y Kirby siempre es la estrella del show, por lo que si avanzamos demasiado y nuestros amigos van a la zaga se teletransportarán directamente allá donde estemos, lo que le resta todavía más dificultad a las ya de por sí asequibles plataformas (bendita capacidad para flotar de Kirby) que hay en el juego.

También cuenta con extras, claro, porque el modo historia no es que sea especialmente extenso. Está el Batazo estelar heroico, por ejemplo, en el que debemos cargar nuestro bate para enviar bien lejos un meteorito que se acerca imparable, y que es bastante divertido para eventuales piques con amigos. En Duelo de hachas tenemos que cortar madera evitando a los gusanos y enemigos que van apareciendo para construir la mejor casa de todas; son minijuegos anecdóticos que se completan con otros extras que se desbloquean una vez terminada la historia principal y que pueden ser incluso más divertidos que este, como uno en el que podemos elegir la habilidad que queramos y avanzar por los niveles aumentando progresivamente atributos como la vida o la velocidad para completarlos en el menor tiempo posible. También tiene ases guardados bajo la manga para los que quieren alcanzar el 100% en el marcador en forma de piezas de puzles repartidas por los niveles que completan ilustraciones, o botones que activan niveles secretos.

Kirby Star Allies no es un juego diseñado para jugarse solo. Desde la construcción de sus niveles hasta su ritmo o concepción de la acción, todo está creado en torno a la idea de la colaboración y la cooperación, por lo que no está especialmente dirigido al fan de Kirby de toda la vida, ni mucho menos al fan de las plataformas. Es mucho más completo que los recientes juegos que han aparecido para celebrar su 25 aniversario, pero no es el nuevo Planet Robobot a pesar de que hace un trabajo remarcable con su ambientación y, sobre todo, con su épico final. Es un juego inocente que no exige nada al jugador experimentado, un paseo acomodado que maravillará a los más pequeños pero que resultará previsible y algo repetitivo a todo aquel que ya haya desvelado a Kirby de su siesta en más de una ocasión. Aun así eso queda en segundo plano cuando se juega y se disfruta tal y como se ha planteado, porque si hay algo que queda claro una vez ruedan los créditos es que todo mejora si tienes amigos dispuestos a echarte una mano.

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