Deadly Premonition: The Director's Cut Análisis

Análisis de Deadly Premonition: The Director's Cut

Análisis de Deadly Premonition: The Director's Cut

Una experiencia de las que dejan huella.

En los límites del núcleo urbano de Greenvale, al final de una leve elevación del terreno, se encuentra el Swery '65, el bar de copas y juegos donde acude buena parte de la población del pequeño pueblo estadounidense donde transcurre toda la historia de Deadly Premonition. No es extraño encontrar por las inmediaciones a personajes importantes para la trama yendo y viniendo, pero la visión de una mujer volando sobre el pub es, desde luego, de aquellas que hacen detener el coche y que nos frotemos los ojos. Sally Graham sale por la puerta y comienza a caminar en línea recta, ignorando por completo el eje de inclinación de la carretera, lo que en pocos segundos hace que se encuentre flotando en el aire, avanzando en línea recta hacia el corazón del bosque por una pasarela invisible más elevada con respecto al suelo a cada paso. Esta escena es, con casi total seguridad, una de las decenas de bugs que contiene el juego de Acces Games y nada peor que lo que hayamos podido ver en cualquier otro título de mundo abierto, sin embargo, es probable que Deadly Premonition se trate del único videojuego que nos haga dudar; el único que provoque que pasemos semanas preguntándonos si realmente se trata de un fallo o es una imagen construida con toda la intención del mundo. Esta escena de lo cotidiano siendo invadido por lo imposible es demasiado poderosa, demasiado bien ligada con el espíritu onírico de la historia como para tratarse de una simple torpeza de programación y, no obstante, parece que no es más que eso: un error.

Este momento de juego -que por lo que sé, bien podría haberme pasado sólo a mí- resume mejor que cualquier texto la extraña naturaleza de Deadly Premonition: el acierto y el accidente, la chapuza y la genialidad, el defecto y la capacidad única para la maravilla se encuentran tan unidos que intentar desligar uno de otro no es sólo imposible: es equivocado.

"El boca a oreja, acompañado del cariño con el que se habla de aquellas obras injustamente ninguneadas, fue cincelando un halo especial en torno al juego y, en el lapso de apenas tres años, la opinión más extendida entre la prensa especializada lo ha situado como un imprescindible de esta generación de consolas."

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