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Dante's Inferno

Abrazad toda esperanza...

La Comedia de Durante Alighieri (que, con el tiempo, terminó recibiendo el epíteto de "Divina" por muchas y poderosas razones) es, como todo el mundo sabe, uno de los pilares fundamentales de la cultura literaria y del imaginario europeo, una pata inescapable del trípode que conforma el canon occidental. En ella asistimos a un viaje iniciático y metafísico por las diferentes capas de la realidad que se nos presenta, sucesivamente, como un infierno espantoso, un purgatorio contrito y un paraíso redentor. El amor como catalizador de la salvación, el deseo del bien y la distancia con el pecado son los motores de esta historia épica y legendaria. A todas luces, empero, le faltan sopapos y le sobran versos, amigos lectores; y en la interpretación que del primer libro de la Comedia dantesca han realizado en Visceral Games se han decidido a corregirlo adecuadamente.

En Dante´s Inferno raro será el momento en que podamos detenernos a dejarnos embelesar por las salvajes selvas, ásperas y fuertes, o las nubes ligeras. Y no porque sus gráficos no sean dignos de admiración, que lo son por escala, diseño, detalle y porte, sino porque lo más probable es que muy pronto estemos zurrándonos la badana con más de cinco y diez demonios infernales a los que haya que poner en su sitio.

Resumen rápido de la situación (las licencias con respecto al poema renacentista son evidentes): Dante es un caballero templario más, engañado por las promesas papales de que la Cruzada, como toda buena guerra santa, le absolverá de todos sus pecados. En casa ha dejado a Beatriz, su novia de toda la vida con la que va a casarse en cuantito vuelva de guerrear y desmembrar sarracenos. Ante la promesa de esa inminente boda, la por demás virtuosa Beatriz se entregó al conocimiento carnal de Dante antes de su viaje y, cuando éste cae en combate, el mismísimo Lucifer se la lleva al Infierno por fornicadora y con la nada oculta intención de convertirla en la futura señora de Satán. Que a Dante esto no le haga ninguna gracia es comprensible y poco tarda en liarse la manta a la cabeza y empeñarse en bajar hasta lo más profundo y apestoso del Infierno para rescatarla. Y si por el camino hay que poner a unas cuantas almas descarriadas a caldo, pues se hace y listo.

Dicho y hecho, Dante se provee de dos armas: la Guadaña de la mismísima Muerte y su cruz de templario. Con la primera ensartaremos, desgajaremos, destriparemos, emascularemos, picaremos y, por decirlo brevemente, mataremos de mil maneras a cuanto engendro infernal nos salga al paso. Con los parámetros clásicos (golpe rápido, golpe lento pero potente y las adecuadas combinaciones de ambos) de los beat´em up contemporáneos iremos haciendo camino al matar. La Guadaña, además, nos permitirá decidir sobre la suerte de las almas de aquellos a los que cosamos a cortes: podremos absolverlas y enviarlas al paraíso o podremos condenarlas aún más si cabe haciéndolas pedazos cual si fuésemos Cenobitas barkerianos. La cruz de templario, por su parte, arrojará luminosas y purificantes andanadas de cruces gigantes a las que nuestros hediondos enemigos son bastante vulnerables.

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