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José Altozano

Colaborador

José lleva dando vueltas de un lado a otro en esto del periodismo de videojuegos desde 2011 y, que Dios nos proteja, ha acabado aquí como colaborador. Cinéfilo él, hipster aunque se niegue a aceptarlo, tiene además un canal de YouTube donde se le conoce como Dayo.

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Análisis de Cat Quest

Rima con 'gato'.

Existe por ahí un videojuego maravilloso llamado Half Minute Hero, un JRPG condensado cuya premisa consiste en que cada nivel debe superarse en medio minuto. Quizá me estoy limitando; no tienes treinta segundos para superar cada fase porque hay formas de alargar tu tiempo y, por ejemplo, cada vez que pisas una ciudad el cronómetro deja de correr, pero el tiempo corre siempre que te mueves y, al final, lo que consigue este título es apretujar la colosal aventura de un Final Fantasy y repartirla en paquetes pequeños, en bocaditos de consumo rápido que se presentan con la misma pompa y fanfarria que cualquier épica, aunque todos sepamos que el villano du jour va a durar en su trono menos que un polvo.

Análisis de Ruiner

La hostia.

Recuerdo, y no con demasiado cariño, ese partido de blitzball que te obligan a jugar en Final Fantasy X. Es una actividad totalmente ajena a la aventura principal y no contribuye en nada, pero aún así tienes que hacerlo ¿Y por qué? Porque Tidus juega a blitzball, dicen, pero en realidad porque alguien lo inventó y tenían que meterlo con calzador y mucha vaselina. Es uno de mis escasos recuerdos de la adolescencia: yo frente a la pantalla, el rostro de absoluto neutro, aporreando cualquier botón con la esperanza de que termine pronto el sufrimiento y termine esta versión impía del fútbol de una maldita vez. Los aditivos vacíos o nocivos existen en todas partes, pero al menos la comida con aceite de palma tiene un cierto sabor. Te comes un twinkie y eres feliz hasta que te das cuenta de que estás comiendo un twinkie, pero el blitzball es agonía de principio a fin, sale de ninguna parte y permanece como una cicatriz. No recuerdo si son uno o dos los partidos que debes jugar por narices, pero incluso si fuera uno solo ya sobrarían tres. Luego puedes jugar la liga si estás grillado y no tienes nada que hacer con tu vida, pero sigue siendo una inclusión inútil que ni viene ni va.

Análisis de Subsurface Circular

Domo arigato, mista robato.

Ocurre algo gracioso cuando ves una película como El día de los muertos o La tierra de los muertos vivientes, y es que George A. Romero, en paz descanse, insiste en hacer que el respetable simpatice con los zombis. La película que lo inició todo, La noche de los muertos vivientes, utilizaba a sus criaturas como símbolo de la amenaza de las masas, el público, el rebaño que no piensa, y a través de ellos situaba a sus protagonistas en una situación que mostrase el lado más crudo del ser humano, terminando con una crítica al racismo a través de la acción humana, el odio entre iguales incluso ante una amenaza mayor. El amanecer de los muertos ponía al zombi en el papel del consumidor, la gente que, como yo, piensa que pasar la tarde mirando cosas en la Fnac es un plan tan válido o incluso mejor que salir de cañas con los amigos. El zombi era el ciudadano de mente muerta que se paseaba por los centros comerciales sin rumbo, alma en pena él, sujeto a leyes por encima de su entendimiento, puro instinto y sin objetivos. Fácil de pillar.

Análisis de Last Day of June

Hamuertohamuertohamuer...

Recuerdo que en el instituto, no sé si fue un amigo o un compañero o un conocido de clase, pero de alguna manera escuché una historia que catalogaré como "de amor", aunque por descarte. El relato iba como sigue: una pareja, ella y él, van en una moto por una carretera secundaria. El sol, el mar a un lado, el campo al otro, y entran en una cuesta abajo. Entonces él se da cuenta de que no le funcionan los frenos y, en lugar de pensar alguna solución o intentar frenar en cuanto bajan para ver el fallo a tiempo, le dice a su novia que le abrace con fuerza omitiendo el detalle de que, en fin, que se van a partir la crisma. Parejas. La historia se supone que debe evocar una reacción azucarada de "qué mono es él, que quiere compartir sus últimos momentos feliz con su amada", pero yo no paraba de pensar en lo imbécil que era ese chaval por no haber comprobado si los frenos funcionaban en primer lugar. Pero así es el género del romance, uno de gente haciendo cosas raras, de esas que si se ven desde fuera parecen acoso, psicopatía o una combinación de ambas. Y en esto entra Last Day of June.

Análisis de Miitopia

No son valientes héroes, pero no tenemos más.

Creo no haber prestado atención al Mii como entidad hasta que lo revelaron en Super Smash Bros. para Wii U diciendo que sería otro luchador más. Hasta entonces mi actitud había sido afín a videogamedunkey: "¿Qué clase de degenerado utiliza al Mii?". Es un moñeco soso y básico, tu reflejo orondo cuando estás jugando a Wii Fit. Pero tras aquella revelación, años más tarde, vinieron Tomodachi Life y Miitomo, y estaba claro por dónde iban los tiros: el Mii es la versión Nintendo del rabbid o el minion. Hay más en el Mii que non sequitur, griterío y jerigonza: es propio, tuyo, personal, y si no te recrea a ti, recrea algún famoso, un personaje que te gusta, tu waifu. Si te sientes ambicioso, es una abominación de ojos colosales y cuerpo minúsculo que ruega que Dios le libre de su miseria. El Mii es creatividad y la mano del jugador y no sólo hace el memo sino que insta al respetable a que, con él, haga lo propio: al ponerle cara no estás creando un personaje como lo harías en The Elder Scrolls sino que piensas en el chiste, el meme, la combinación rara. Reggie Fils-Aime caminando por la playa junto a Samus Arán. Lonk de Pennsylvania. Por supuestísimo que sí.

Hay un capítulo maravilloso de Los Simpson, ese de Hank Scorpio, en el que la familia se muda a Cypress Creek y todo parece maravilloso a primera vista. La casa es grande y bonita, Homer logra inspirar a sus trabajadores con dos frases cortas, la aspiradora está en modo vigilancia. Aparece Hank Scorpio. Pero toda esa belleza superficial acaba revelando un fondo anodino en el mejor de los casos y, en el peor, amenazante. Las alergias para Lisa, las clases de refuerzo para Bart. Hank Scorpio con un lanzallamas. Hace pocos días el youtuber Beet Beat Bit comentaba en Twitter: "Sospechad de los juegos bonitos. Cuando el preciosismo visual es el principal reclamo, a menudo flaquea lo que hay detrás. [...] Uno se pregunta: si no fuesen tan bonitos ¿Tendrían la misma reputación? ¿Se sostendrían?" Esto venía a cuento de que, en sus palabras, "se viene Cuphead" e, imagino, aludía a tantos otros títulos, en mi caso Monument Valley, pero resulta apropiado que lo dijese un día después del lanzamiento de una obra como es Yonder: The Cloud Catcher Chronicles.

Análisis de Black: The Fall

Moscú está helado.

Hace dos años, cuando tuve la brillante idea de hacer un canal secundario para hablar sobre cine, fui al pase de prensa de The Cut (El Padre), de Fatih Akin. Me pareció una cinta extraña, como si me contasen una historia que no comprendía. No era cuestión de marcarse un David Lynch; es que no entendía de qué iba todo esto. Poco después se me ocurrió leer la sinopsis y algo hizo click en mi cabeza: la película relataba desde el punto de vista de un padre el genocidio armenio de principios de siglo XX, una atrocidad olvidada. Ahora entendía que su protagonista no pudiera hablar y que le hubiesen marcado la garganta con un cuchillo y entendía la gravedad de cada uno de sus pasos. Lo que hace el contexto.

Análisis de Get Even

El Megatrix.

Get Even se presenta con dos gimmicks. La primera es la doblaesquinas, un prototipo de arma que, como bien indica su nombre, puede doblarse para disparar por las esquinas, y la segunda es un smartphone. Resulta curioso que un título que se ambienta en 2015 tome un arma real, la CornerShot, que se desarrolló en 2003 y, prácticamente copiando su diseño, la presente como el no va más de la tecnología armamentística. Para hacernos una idea, imaginad que este mismo juego dijese que el iPod, el primero de todos, es la gran revolución del hardware musical en 2017. Pero más curioso aún resulta que desde The Farm 51 se hayan tomado la molestia de desarrollar el funcionamiento de la doblaesquinas para que, en efecto, podamos disparar a gente a noventa grados a la izquierda o derecha, incluso sobre nuestra cobertura, y que aún así Get Even no esté construido alrededor de ese principio o siquiera te pida explotarlo o explorarlo de ninguna manera. Salvo en el tutorial, no he sentido la necesidad de acudir a la doblaesquinas una sola vez.

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