Yakuza 2

Más vale tarde que nunca.

Pues sí, definitivamente, en Sega no se aclaran. Por un lado, y desde hace tiempo, circulan rumores no confirmados sobre la posibilidad de que Yakuza 3 no salga de Japón. Por el otro tenemos el repentino cambio de intenciones en cuanto a la segunda parte de la saga, que a pesar del éxito cosechado en el mercado nipón no termina de calar en occidente. Así que no me preguntéis por qué nos llega precisamente ahora, dos años después de su lanzamiento original. Sencillamente lo ignoro. En cualquier caso, bienvenido sea todo lo que mantenga con vida la consola más vendida de la historia. Gracias Sega, tú siempre serás grande.

Yakuza 2 está situado contextualmente un año después de los acontecimientos de la primera parte. De hecho empieza justo donde acabó ésta, en el cementerio. Sin duda una estampa de gran valor metafórico y premonitorio. Kazuma Kyriu no consigue dejar atrás su pasado como miembro de la mafia japonesa. Esconderse o huir no le sirven de nada, no importa cuánto empeño ponga puesto que nunca será suficiente para desvincularse de la Yakuza. La amenaza procedente de Osaka, Gouda Ryuji, el Dragón de Kansai, y la guerra de clanes le envuelven de nuevo, por lo que el mito de Kamurocho siente la obligación de regresar a las calles. Vuelve a Tokio el vigilante incansable de traje beige y zapatos italianos. Vuelve el Dragón de Doujima para imponer su ley.

Éste es, grosso modo, el planteamiento de una trama repleta de intereses y personajes secundarios totalmente unidireccionales, que sirve para justificar la ración de peleas callejeras –de lo más brutal– que ofrece. Es por tanto un guión que juega con la doble moral, convirtiendo en héroe a un mafioso siempre dispuesto a honrar su condición y Hacer Lo Correcto. No serán necesarias grandes motivaciones para ver a Kazuma estampar su suela sobre la cara de algún rufián callejero. De hecho se convertirá en un suceso de lo más trivial a la vez que satisfactorio. Pero seamos sinceros, ¿quién no disfruta con este tipo de acción desenfrenada?

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El carácter del juego está totalmente definido desde un principio por la introducción, y el género de cine negro no es sino un medio perfecto para camuflar una mecánica de la vieja escuela. Si algo han tenido claro en Sega desde el comienzo es que Yakuza iba a ser una saga de raíces profundas, un yo contra el barrio dos punto cero, un nuevo enfoque del clásico de Mega Drive Street of Rage, amparado por una historia cuidada e interesante. Para los que decidan iniciarse con esta segunda parte hay que decir que Yakuza no es –aunque desconozco si lo pretende– un Shenmue con otro nombre ni un GTA oriental como dicen algunos. Más bien define un género bastante propio. Ambos juegos combinan elementos de aventura, rol y hack and slash, con partes en las que se otorga al jugador plena libertad para explorar y llevar a cabo misiones secundarias, y otras en las que destaca la restrictiva linealidad.

Todo el conjunto está orquestado por numerosas escenas cinemáticas de alta factura técnica y acabado cinematográfico, que desarrollan un guión de lo más complejo. No olvidéis marcar esto último con letra negrilla puesto que es una de las señas de identidad de Yakuza. Tal es el punto que a veces cuesta seguir el desarrollo a la vez que intentamos comprender quién es ese personaje que está en pantalla y cuales eran sus intenciones. Al hilo de todo esto, Yakuza 2 nos llega subtitulado en inglés. Decisión en parte obvia considerando que casi no sale de Japón, pero una dificultad añadida para el jugador. Leer los subtítulos a la par que se traducen e interpretan mentalmente cuesta Dios y ayuda.

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