Final Fantasy XIII

La reivindicación de un género.

Pocas veces un género entero había dependido tanto de un solo juego como parece que está pasando con los llamados JRPG y este mesiánico Final Fantasy XIII que tanto se ha hecho esperar. Cuesta recordar un título sobre el que recaiga tanta presión, y es que todas las miradas están puestas sobre la última obra de Square Enix; existe la creencia de que sí falla todo ese gran legado cimentado tras años y años de combates por turnos se podría venir abajo. Ante tal panorama de escepticismo será un alivio para los seguidores de esta saga el saber que el género sigue a salvo y que efectivamente ni tan siquiera el llevar el número de la mala suerte en el título ha podido mancillar esta leyenda del ocio electrónico.

La gran puesta de largo de Final Fantasy en la presente generación de consolas supone todo un hito dentro del mundo de los juegos de rol orientales. Estamos ante una reivindicación de estilo: cuando todo el mundo estaba reclamando que el juego diese un cambio de rumbo para adaptarse a los nuevos tiempos y dejar atrás los clichés del género, Square Enix ha dado un fuerte golpe sobre la mesa y ha jugado unas cartas totalmente inesperadas. Lejos de “occidentalizar” la franquicia ha cogido sus elementos más criticados y los ha potenciado hasta el extremo. La linealidad que tan poco había gustado de las últimas entregas ahora es más evidente que nunca, el ritmo desobedece de forma salvaje las tendencias actuales del diseño de juegos, y el guión es más melodramático que trece culebrones venezolanos juntos.

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Contra los pronósticos anunciados, no hace falta ser un reputado sociólogo para darse cuenta que se ha buscado contentar al público japonés por encima de todo. Al mismo tiempo, tal como apuntábamos en nuestras primeras impresiones, el mundo de fantasía creado por Square Enix se convierte con esta entrega en la aproximación más auténtica de lo que podríamos llamar “un Star Wars a la japonesa”. Y no me refiero solamente a la obra en sí, sino también a su vocación comercial: FFXIII es una máquina perfectamente diseñada para hacer dinero en forma de merchandising. Ningún otro juego en la historia del medio había llegado a este nivel: todo –absolutamente todo– está pensado para venderse luego en forma de figuritas, pendientes, discos, posters, cosplay... Yo mismo, mientras escribo estas líneas, siento una necesidad imperiosa de hacerme con un chocobito como el que aparece en el juego, y creedme, Square Enix lo tenía todo planeado.

Ahora bien, parece ser que entre los planes oscuros de esta compañía también estaba el crear la gran epopeya fantástica de esta generación, idear un sistema de combates épico y muy bien planteado, maravillarnos con un envoltorio visual y sonoro que quita el hipo, sorprender con las cinemáticas más potentes que jamás se han visto en un juego... Todo ello dando como resultado una grandiosa aventura en todos los sentidos, empezando por ejemplo, por las más de 50 horas que os costará completarla.

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