Borderlands • Página 2

El videojuego alimenticio.

RPG

Las intenciones roleras del título de Gearbox quedan claras nada más introducir el disco en el lector. Lo primero que harás cuando comiences a jugar será elegir entre cuatro clases de personajes, que en esencia vendrían a ser francotirador, mago, luchador y soldado, cada uno de los cuales posee sus propias características y modificadores, así como una habilidad específica. Se trata de un punto de partida importante, pero que, al menos en lo relativo a determinadas clases, no resulta fundamental para pasarse el juego, en el sentido de que el hecho de elegir un personaje, aunque otorga determinadas bonificaciones para según que armas, no te impedirá posteriormente utilizar el armamento de otro. Así es perfectamente factible elegir la clase soldado y tirar luego de rifle francotirador.

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Los diseños son tan buenos que un simple vistazo basta para comprender cada una de las cuatro clases que propone el juego.

Cada elemento susceptible de ser equipado (arma, escudo, etc.) requiere de un nivel de experiencia mínimo para poder hacerlo. En Borderlands subir de nivel es, por tanto, requisito imprescindible para progresar y la manera de hacerlo es, como en cualquier RPG al uso, combatiendo. De hecho, la propia filosofía del juego obedece a esta finalidad: dejar una zona limpia de enemigos no impide que éstos reaparezcan cuando vuelvas, en una mecánica que parece imitar, pese a tratarse de un RPG de acción puro y duro, a la de los combates aleatorios del rol japonés por turnos. Por otro lado, la ingente cantidad de misiones, esto es, de combates, garantiza la adecuada promoción del personaje.

El juego tiene el acierto de no incorporar autoleveling, por lo que eres tú el que ha de adaptarse a los enemigos y no éstos a ti, así como el detalle de mostrarte en todo momento el nivel de tu personaje y, apuntando con el arma, también el del rival, como si de una habilidad libra se tratase. Un nivel superior al del enemigo implica que cada proyectil que impacte en el blanco causará mayor cantidad de daño y, al revés, un nivel deficiente te exigirá más disparos certeros para vencer. Por otro lado existe una amplia variedad de potenciadores o power-ups de quita y pon con los que podrás equiparte, siempre y cuando sean compatibles con tu clase, incrementando así características de lo más variopinto: velocidad de recarga del escudo, barra de vida, etc. La variedad es enorme y afecta incluso a las prestaciones de determinada artillería.

Lo cierto es que el componente rolero que ofrece Borderlands no es desdeñable. Sin llegar a alcanzar ni mucho menos la convicción o el empaque que muestran otros títulos más puros, ofrece al menos unas posibilidades de equipación enormes y logra transmitir esa sensación de progreso tan gratificante y apreciada por el aficionado al rol. Todo ello no es suficiente, sin embargo, para que el juego crezca y termine por despegar, ya que, por un lado, sus otras facetas jugables actúan como un auténtico cáncer y, por otro, tropieza con un grave error de diseño: la munición se agota. Cualquier RPG centrado en el combate normalmente tira de armas blancas para ganar en dinamismo, ya que son imperecederas. En el peor de los casos se deterioran progresivamente con su uso, por lo que periódicamente deberás repararlas o sustituirlas por otras. El uso de armas de fuego es perfectamente factible en un juego de estas características, pero en tal caso es conveniente establecer un sistema de munición infinita o de regeneración gradual, ya que lo contrario condenará al jugador a explorar los entornos para recargar sus armas, distrayéndole así de lo verdaderamente importante y destrozando el ritmo del juego. Esto es lo que sucede en Borderlands: pese a que su mecánica lo pide a gritos, únicamente los vehículos poseen munición infinita, por lo que te verás en la necesidad de recolectar artillería registrando cadáveres, cofres, etc. Ya avanzado el juego obtienes un objeto que permitirá su regeneración automática, pero se trata de una solución que, aunque efectiva, llega excesivamente tarde.

Más sobre Borderlands 2

DLC's

El inesperado éxito de Borderlands propició el lanzamiento sucesivo de 4 DLCs de calidad diversa, amén de la recientemente anunciada segunda parte. Pese a carecer de relación argumental alguna con el título original (salvo The Secret Armory of General Knoxx), estas expansiones respetan el nivel alcanzado previamente por el personaje y algunas de ellas están concebidas incluso para mejorarlo aún más. Con todo, las novedades jugables que ofrecen no pasan de lo anecdótico y su valor añadido se traduce únicamente en la posibilidad de incrementar la ya de por sí vasta propuesta del título principal.

  • The Zombie Island of Doctor Ned te impone el objetivo de acabar con una plaga de "no muertos" y constituye, probablemente, el capítulo visualmente más atractivo. Dada la naturaleza de los enemigos, los combates resultan algo más viscerales y de cortas distancias, pero al mismo tiempo más mediocres y aburridos.

  • Mad Moxxi's Underdome Riot viene a ser un más de lo mismo en una serie de arenas que has de superar, alterando en cada una de ellas determinados parámetros (características de los enemigos, escudos, daño, velocidad, etc.) para aportar cierta variedad. Se trata de una propuesta carente de mayores pretensiones, claramente orientada al cooperativo y que recuerda ligeramente al modo horda de Gears of War.

  • The Secret Armory of General Knoxx representa una prolongación en toda regla del juego principal y constituye, en este sentido, su expansión más ambiciosa tanto desde un punto de vista argumental como jugable.

  • Claptrap's New Robot Revolution nace con la intención de hacer caja con coste cero y se limita a reciclar buena parte del material ya visto. Sin duda alguna, se trata del episodio más flojo.

Conclusiones

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En la vida hay cosas que mejoran en compañía de alguien. Echar una partida a Borderlands es, sin duda, una de ellas.

Borderlands Game of the Year Edition es un título ambicioso a la hora de combinar mecánicas procedentes de diferentes géneros, pero carece del pulso suficiente para encajarlas con precisión, quedándose en un sandbox cuyo principal activo consiste en los kilómetros cuadrados que esgrime, un FPS carente de interés y un RPG rico en posibilidades pero lastrado por un sistema de munición inadecuado a la premisa del juego. Pese a mejorar en el modo cooperativo, cuando la inteligencia humana ejerce el trabajo que no ha sabido traducir a código el estudio de desarrollo, transmite en todo momento cierta sensación de encorsetamiento y nunca llega a proponer un componente cabra o gamberro que le habría sentado como un guante.

Un título, en definitiva, puramente alimenticio, el juego ideal cuando sientas la necesidad imperiosa de darte un atracón de pad pero tu presupuesto no te permita demasiadas alegrías. Borderlands representa el triunfo de la cantidad frente a la calidad y cada céntimo invertido en su adquisición te reportará un considerable puñado de horas frente al monitor, pero ni un solo segundo realmente memorable.

nota

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