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Análisis del Sinclair ZX Spectrum Vega

Tributo a un mito.

Si en 2012, cuando los jugadores retro celebraban el trigésimo aniversario del Sinclair ZX Spectrum, me hubiesen dicho que apenas tres años más tarde veríamos no uno, sino dos lanzamientos de hardware con el nombre del Speccy, no me lo hubiese creído.

Pero así son las cosas. Tengo en mis manos el Sinclair ZX Spectrum Vega, un aparado plug-and-play producido mediante crowdfunding en el que ha colaborado el propio Sir Clive Sinclair. Incluso la caja, de color negro y con el arcoíris en una esquina, ha sido diseñada para imitar la del ordenador doméstico de 48k original. Puedo notar como la nostalgia emana de mi cuerpo, pero también una oleada de escepticismo. ¿Es esto un genuino producto de Sinclair o simplemente un emulador bien empaquetado?

Es importante tener en cuenta que el Vega es un dispositivo portátil, y que no tiene nada que ver con el ZX Spectrum Bluetooth Keyboard de Elite Systems, que también se pondrá a la venta en unas pocas semanas. Con dos "nuevos" productos Spectrum compitiendo en el mercado, parece que muchos usuarios están confundidos con cual es cual, o incluso si son lo mismo.

El Vega es un pequeño y plano mando rectangular, no un teclado, con un tamaño muy parecido al de un KitKat. Fabricado para parecerse al mítico Spectrum de 48k, tiene botones direccionales a la izquierda y varios controles más a la derecha. Estos también están fabricados con goma; F es para FIRE y S para SELECT.

Puedes guardar las partidas en snapshots y seguir más adelante. Es una característica propia de los emuladores que mejora la experiencia de jugar con un Speccy.

La posición de los cuatro botones principales es un poco extraña, en un patrón cuadrado de 2x2 en vez de la tradicional disposición tipo diamante de la mayoría de pads. Bajo estos botones hay cuatro pequeños botones más con las inscripciones A, B, C y M. Los tres primeros se usan para ampliar las opciones de entrada en juegos con controles más complejos y el botón M despliega un menú en el que puedes guardar tu progreso (como en un snapshot) o acceder al teclado virtual.

Esta opción no estaba contemplada inicialmente en el diseño del Vega, y se introdujo cuando algunos fans mostraron su decepción por el uso de un diseño tipo joypad para un ordenador que podía controlarse con teclado o joystick. En concreto, por aquellos que querían volver a jugar a la gran cantidad de aventuras de texto del Speccy, que con el sistema de cuatro botones hubiesen sido injugables.

No es un teclado virtual tradicional, en el que mueves el cursor a cada tecla. En vez de eso el alfabeto -así como los números y los símbolos- se segmentan en partes. Cambias entre ellas con el d-pad, y las letras se asignan a cada uno de los cuatro botones principales. Es una solución muy inteligente, y bastante rápida y cómoda cuando te acostumbras a ella. Sigue siendo laboriosa, por eso, e introducir cadenas de palabras para una aventura es un poco pesado. Una opción de texto predictivo hubiese estado bien, especialmente teniendo en cuenta que la mayoría de aventuras usan el mismo parse, con palabras como GET, LOOK, USE y demás.

Como hardware, el Vega no impresiona. Es ligero y parece barato. Los botones son duros, y su extraña posición no hace ningún favor a aquellos juegos que requieren algo más que moverse, saltar y disparar. Pero más problemáticos son otros recortes. Del Vega salen dos largos y feos cables; uno es una salida AV estándar que se conecta a las entradas Video In y Audio de tu televisor. No hay HDMI, e incluso si quieres utilizarlo con un euroconector SCART tendrás que conseguir un adaptador por tu cuenta.

Lo mismo ocurre con la alimentación, ya que la que viene de serie es un cable USB. La idea es que lo conectes al puerto USB de tu televisor -suponiendo que lo tenga- porque de lo contrario tendrás que usar un cargador de móvil u otro adaptador USB. Estas cosas dan la sensación de un producto barato, lo cual no sería un problema si el Vega costase más o menos treinta o cuarenta libras como otros dispositivos plug-and-play similares para TV, pero cuando el precio son cien libras pedir al usuario que compre otros componentes es una decisión bastante discutible.

Estos recortes en el coste afectan al propio rendimiento del dispositivo. Muchos puertos USB en televisores no están diseñados como fuentes de alimentación, así que el Vega puede tener problemas para extraer suficiente energía y la salida se distorsiona. Incluso conectado a una fuente de alimentación fiable la calidad de imagen deja mucho que desear en las modernas pantallas planas. Los parpadeos y la imagen borrosa son comunes, mientras que el menú principal -tan sobrio y básico como el propio dispositivo- sufre un sutil ghosting. La mejor opción, irónicamente, es enchufar el Vega a una vieja tele CRT, si todavía tienes una.

Aunque puede no impresionar a nivel técnico, el Vega al menos lo compensa en términos de contenido. La caja anuncia "mil juegos clásicos preinstalados", y aunque la cantidad de auténticos clásicos es inevitablemente pequeña hay algunos muy interesante. Destacan títulos como Horace Goes Skiing, Wheelie, Skool Daze o Back to Skool, por ejemplo, aunque estos dos últimos, con su complejo sistema de control, sufren un poco con el Vega. También están los primeros juegos de Ultimate Play the Game, tras décadas en los que no se permitió su redistribución. Quizás ahora no sea tan importante al estar incluidos -en un formato más atractivo- en el recopilatorio Rare Replay, pero aún así es un plus para los fans del Speccy.

El botón del centro te permite resetear el Vega, una característica que realmente le hacía falta al Speccy original con teclas de goma.

En el Spectrum siempre hubo bastante morralla, así que la cantidad de relleno tampoco es una sorpresa. Quizás hubiese sido mejor si en vez de 1.000 juegos hubiesen buscado un ratio de calidad-cantidad más equilibrado, pero la mayoría comprará el dispositivo para satisfacer sus necesidades de emulación, no por la selección de juegos preinstalados. Un slot para tarjetas Micro SD permite cargar juegos descargados de páginas web como World of Spectrum en el Vega, y también abre las puertas a futuras actualizaciones de firmware.

Añadir nuevos juegos es, de hecho, muy sencillo. Simplemente debes copiarlos en la tarjeta, introducirla en el slot y el Vega ofrece automáticamente un menú separado con todos los juegos, clasificados en orden alfabético. La única pega es que los juegos que añadas por ti mismo no tendrán los esquemas de control guardados en el dispositivo, con lo cual deberás definirlos en el juego si este permite cambiarlos. Por defecto se mapea como un viejo joystick Kempston, así que seleccionar esa opción funciona con la mayoría de los juegos.

Como emulador básico funcional, el Vega hace exactamente lo que debería, aunque un poco más de finura no hubiese estado de más. Su principal problema es la combinación de una construcción poco ambiciosa con un precio bastante alto. Por cien libras puedes comprar una consola de la anterior generación, así que cobrar lo mismo por un dispositivo retro con una salida de vídeo de poca calidad y sin adaptador es pedir mucho al fan casual con un impulso nostálgico. Al mismo tiempo, los fans más acérrimos del Spectrum pueden comprar una Raspberry Pi, o bien un Spectrum original de segunda mano con todos los cables, el cassette y una selección de juegos en formato físico.

Pero aún así no puedo negar que la idea de ver el ZX Spectrum como producto comercial en 2015 es emocionante, y la idea de tener un dispositivo portátil que se enchufa a la tele y ofrece acceso inmediato a juegos clásicos es atractiva, aún cuando choca un poco con el ethos del ordenador original. El Vega se queda cerca de ofrece algo verdaderamente especial, y con un precio más bajo tendría sentido. En su estado actual, sin embargo, es demasiado caro y tiene una fabricación demasiado sencilla como para justificar realmente su existencia.

Traducción por Josep Maria Sempere.

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