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Análisis de Salt & Sacrifice - Nada más clásico que un soulslike 2D en un mundo post-Elden Ring

Nobody expects the soulslike inquisition.
Eurogamer.es - Recomendado sello
Duro, cruel y malencarado, Salt & Sacrifice es un soulslike 2D que juega la baza tradicional en un 2022 marcado por Elden Ring.

De cuando en cuando, la aparición de una obra sacude los cimientos del género al que pertenece. Da igual el medio al que nos refiramos, lo importante es que ciertas creaciones marcan un antes y un después a la hora de percibirlo. Pero claro, las industrias no solo se nutren de obras maestras y “tours de force” que desdibujan los límites de la creación a martillazos. Dentro de ellas existen creadores que asisten, atónitos, al nacimiento de un nuevo paradigma en pleno desarrollo de su propia visión. El videojuego, con unos tiempos de desarrollo cada vez más largos, es terreno fértil para estos embates del destino, pudiendo darse la situación de que un creador comience su obra y que, para cuando esta llegue a sus compases finales, otra haya dado un giro de ciento ochenta grados a las sensibilidades y expectativas de los jugadores. Para cuando Salt & Sacrifice ha podido ver la luz, Elden Ring ha vuelto a revolucionar el género que inventó la propia From Software.

Y esto es un problema muy serio, porque Ska Studios demuestra hechuras más que suficientes como para que los aficionados más irredentos del género se interesen por sus producciones.

Salt & Sacrifice es, para aquellos que lo desconozcan, la secuela de Salt & Sanctuary, un potente soulslike en 2D que vió la luz allá por 2016 cuyas virtudes eran la dureza de su exploración, un diseño intencionalmente oscuro y feísta y su nada oculta admiración por la obra de Miyazaki. No pocos años han pasado desde el título original y, sin embargo, gran parte de sus cimientos originales permanecen casi inalterados. Un diseño horroroso en los personajes humanos - que en sus primeros juegos podríamos haber estimado accidental pero al mantenerse en el tiempo casi aseguramos que es intencional - que se alía con unas criaturas tan espeluznantes como impecables, aprovechándose ambos de estar pintadas a mano junto a unos paisajes que evocan a la perfección la caída de un reino a manos de la corrupción mágica.

En esencia, de eso trata Salt & Sacrifice. La corrupción mágica es combatida por una Inquisición compuesta de criminales de baja estofa a la que, por supuesto, nos uniremos antes de recorrer el Reino de Altarstone. En nuestra mano quedará decidir cuál es el crimen cometido, que nos otorgará unos objetos relacionados. Además, y siguiendo los dictados del género, escogeremos nuestra clase favorita y podremos configurar distintos parámetros de nuestra apariencia. Así, y combinando todos estos elementos, podremos obtener asesinos condenados por lascivia, clérigos pirómanos y demás elementos de malvivir que deberán expiar sus pecadillos eliminando a los magos que se dedican a expandir la corrupción libremente por las tierras de Altarstone.

A diferencia de su predecesor, Salt & Sacrifice no se presenta ante nosotros como un único gran escenario interconectado. Nada más recibir el primer correctivo del monstruo invencible de rigor, recalaremos en Pardoner´s Vale, una apacible zona que hará las veces de nexo y en la que podremos encontrar, entre otras cosas, a nuestros aliados, la forja o el portal que emplearemos para dirigirnos a las distintas zonas que necesitarán de nuestras habilidades inquisitoriales. Una única zona, el poblado de Ashbourne, estará accesible al inicio y, conforme vayamos avanzando en nuestra aventura, iremos consiguiendo más runas que nos permitirán acceder a más territorios para continuar nuestro deber.

Sin embargo, es en esa primera zona donde se desvela que Salt & Sacrifice no se desarrolla como un soulslike al uso. Si bien es cierto que ciertos rasgos permanecen - atajos desbloqueables, trampas, durísimos enemigos, mid-bosses y demás - la progresión a través de sus localizaciones tiende a desligarse de esa linealidad pre-Elden Ring a la que estábamos tan acostumbrados. Gran parte de culpa la tienen los ya mencionados magos, unos enemigos a los que tendremos que cazar y que serán buena parte de la alineación de los durísimos jefes de este título. Encontrar los marcadores que contienen las runas que nos permitirán iniciar su caza será el primer desafío, estando estos desperdigados por todo el mapeado. Una vez aceptemos el encargo, tendremos que seguir el rastro que dejarán sus impías artes taumatúrgicas para hacernos una idea aproximada de su ubicación. Y, finalmente, lucharemos con ellos hasta derrotarlos para poder devorar la fuente de su poder: su corazón. Hasta que los acorralemos a una lucha cara a cara, se teleportarán a otras zonas del mapa, invocarán a sus esbirros, intentarán eliminarnos y, en suma, se revolverán contra nuestra furia inquisidora con todas sus fuerzas.

Estas instancias previas a la lucha final harán que, si jugamos bien nuestras cartas durante la caza, podamos llegar al combate mano a mano habiendo deducido un buen pedazo de vida de nuestro oponente. Por si esto fuera poco, la configuración de escenarios y enemigos hace que surjan imprevisibles y descacharrantes momentos de jugabilidad emergente, con trampas mermando los puntos de vida de magos, estos lanzando esbirros contra los enemigos propios del escenario, explosiones, magos contra otros magos que pasan por ahí y demás pandemonios imposibles de explicar en pocas palabras. Ah, y también cabrá la posibilidad de que todos ellos aparezcan, fruto del azar, en alguna que otra batalla con los demás jefes finales, pegándonos todos contra todos a ver quién queda. Alegría.

Ahora bien, no todos los hechiceros que cacemos serán iguales. Mientras que ir devorando a aquellos que tengan nombre y apellidos nos permitirá fabricar nuevo equipamiento en la forja y acceder a nuevas zonas del mapeado, los que no estén identificados servirán, simple y llanamente para farmear materiales y la sal necesaria para subir de nivel. Otra forma de llamar a las almas en un título que, erróneamente, se aleja del sistema original de los souls para mantener dos monedas distintas, la sal y la plata. Por el contrario, uno de los cambios que sí resulta interesante es el sistema de acceso al equipamiento. De una forma mucho más inmediata e intuitiva, cada vez que eliminemos a un nuevo tipo de mago se nos desbloqueará la posibilidad de fabricar un nuevo set completo en la forja. La única restricción, claro, serán los materiales. Así, se facilita el acceso a una mejor y más variada panoplia llena de efectos y posibilidades para las más variadas builds, dejando a un lado las búsquedas interminables por todos los recovecos del mapeado en busca de una daga que no nos sirve ni para pisar papeles.

Y si antes decíamos que los magos servían, en parte, como una suerte de control de acceso a nuevas zonas, los Jefes de Salt & Sacrifice son, en gran medida, unas pruebas de habilidad a la vieja usanza. Sin rozar la imposibilidad, sí podemos llegar a situaciones que enlacen reintento tras reintento hasta agotar todos nuestros recursos. Y es que, pese a que el Reino de Altarstone está tocado por lo extraño, nuestras herramientas son de lo más terrenal. Para emplear armas arrojadizas, tendremos que picar piedra para extraer el mineral necesario para fabricar su munición y otro tanto pasará con las pociones, tanto curativas como ofensivas, que requerirán de un esfuerzo recolector por nuestra parte. Sumados ambos factores, ciertas batallas pueden volverse realmente cuesta arriba, sobre todo si tenemos en cuenta que si abandonamos la zona para pertrecharnos habrá que rehacer el nivel desde cero. Y con lo puñeteros que son ciertos emplazamientos enemigos - sobre todo en los compases finales -, todo esto no es cuestión baladí.

En última instancia, Salt & Sacrifice es una más que digna secuela de Salt & Sanctuary. Un título duro, exigente y desarrollado con gran pasión por el género. Pero todas estas virtudes, que lo son sin género de dudas para los amantes irredentos de los soulslike, quizá no lo sean tanto en un panorama que ha visto surgir otro título revolucionario de las manos de From Software. Imponente en ciertos aspectos de su apartado artístico, crudo y brutal en su combate y muy inteligente de su desarrollo, Salt & Sacrifice posee algunas asperezas difíciles de obviar. Cuando ciertos ataques nos impactan o los jefes desplazan a nuestro avatar, los problemas de sus hitboxes salen a la luz en un título que pertenece a un género que exige precisión cuasi-milimétrica. Si a esto le sumamos que algún que otro input puede no entrar a su debido tiempo, algún que otro disgusto está garantizado. Sobre todo en aquellas zonas donde la suma del emplazamiento de los enemigos con el desplazamiento requiere de altas dosis de precisión. Sin embargo, estas asperezas no empañan el hecho de que Salt & Sacrifice es, junto a su predecesor, uno de los mejores ejemplos de cómo trasladar la fórmula soulslike a las 2D. From Software ha vuelto a pegar un puñetazo encima de la mesa con Elden Ring, pero Ska Studios sigue fiel a sus principios. Con todo lo que ello conlleva.

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Acerca del autor

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Pablo Casado

Colaborador

Licenciado en Derecho, compagina sus (des)venturas laborales con las videojuerguistas. Sus pasiones son el hardcore-punk y el heavy metal, su perro Karl Max, el cómic, el cine y los videojuegos. Hace el zángano en el podcast Ocho sobre Diez y en Twitter como @PabCasado.

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