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Knytt Underground

Explorando las profundidades.

Cuando juegas a Knytt Underground resulta muy sencillo adivinar el motivo por el cual Nicklas 'Nifflas' Nygren está tan bien valorado dentro del sector de desarrolladores independientes. En una muestra de modestia, el propio Nifflas afirma no entender este reconocimiento, pues nunca ha creado nada que sea gran cosa, y en parte lleva razón, pero también ha demostrado que entiende el medio como pocos y su talento queda patente en juegos de libre distribución como Within a Deep Forest, Saira o la serie Knytt, además del fabuloso NightSky, que viera la luz en Steam allá por 2011 y posteriormente fuera lanzado en la e-Shop de Nintendo 3DS el pasado año. Todos ellos, juegos basados en mecánicas simples de plataformas o puzle de física de objetos, pero que siempre mantienen un denominador común: buscan que el jugador experimente con el encanto del descubrimiento. Una particular forma de entender los videojuegos cuya base ha sido evolucionada y pulida hasta dar como resultado el título que nos ocupa.

Con un 'bigger, better and more badass' grabado a fuego en su código, en Knytt Underground convergen todas y cada una de las ideas utilizadas por Nygren hasta el día de hoy. Y así, embutidos en la piel de un pequeño duende que responde al nombre de Mi, nos embarcamos en un viaje hacia la fuente de las hadas, lugar donde la pizpireta niña espera hallar un remedio para su mudez. Más tarde, una pelota de ojos saltones llamada Bob entra en escena para retorcer los sencillos mecanismos jugables que todavía estamos asimilando e introduce otros nuevos con los que deberemos lidiar de ahí en adelante. Estos dos primeros capítulos sirven a modo de tutorial para posteriormente lanzarnos de cabeza hacia una peculiar historieta plagada de seres extravagantes con dos facciones bien diferenciadas en la que como 'Sol' debemos alcanzar a tocar seis campanas para, según dicen, evitar el inminente armageddon.

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A lo largo de nuestro periplo por este mundo subterráneo debemos alternar entre ambos personajes teniendo que combinar de forma imaginativa y perspicaz las habilidades de Mi y Bob para seguir avanzando por una ingeniosa distribución de plataformas: como Mi podemos realizar pequeños saltos y escalar cualquier superficie lisa, además de utilizar algunos elementos del escenario que le otorgan distintos poderes. Por su parte, Bob, se sirve de su elástica composición y capacidad de ampliar o reducir su índice de rebote para salvar grandes distancias y poder alcanzar alturas aparentemente inaccesibles.

Aunque podríamos encasillar a Knytt Underground en el subgénero de 'Metroidvania', al igual que todos los trabajos anteriores de Nifflas, éste no se centra en el combate, sino que hace de la exploración su principal pilar y la aparición de algunos seres mecánicos es una pieza fundamental para generar diferentes puzles de habilidad que tendremos que sortear. No obstante, es muy probable que algunos jugadores exijan algo más de reto, pues morir al contacto con uno de estos robots o caer en un río de lava no conlleva apenas penalización, ya que automáticamente el personaje es devuelto al inicio de la habitación y en ocasiones atravesar una estancia se convierte en un ejercicio de ensayo y error.

También encontramos un buen número de misiones secundarias que adornan un poco el grueso de la aventura, que si bien ninguna de ellas es obligatoria para llegar al final, si aportan cierto sentido a la búsqueda y recolección de objetos que llevamos a cabo. Lo curioso en este sentido es que algunas se resuelven de forma bastante arbitraria y en ocasiones solo recorremos un largo trayecto de ida y vuelta plagado de obstáculos para comprobar a nuestro regreso como el personajillo que nos la asignó ya ha encontrado solución al problema por sus propios medios, o sencillamente no está donde debería, lo que deja claro que la intención de Nifflas es que vayamos visitando las estancias de las que se compone el amplísimo mapa independientemente de que el juego nos exija hacerlo o esperemos recibir una recompensa a cambio. Algo que podría volverse desmoralizador y hasta tedioso si no fuera tan endiabladamente divertido.

Para bien o para mal, muchas de las habitaciones de Knytt Underground son meramente testimoniales, puramente ambientales, y solo sirven para aumentar la distancia entre objetivos, lo que unido a su deliberadamente limitada y genérica construcción de personajes, así como la casi completa ausencia de oposición por parte de enemigos puede que pronto se traduzca en una leve sensación de desazón para devoradores de acción en dos dimensiones, y que por mucho que intente distraernos esgrimiendo unas escasas y disparatadas líneas de guion cargadas de insinuaciones sexuales e hilarantes encontronazos que vagan entre el mal gusto y la genialidad más absoluta, éste no alcance el atractivo deseado.

Al final del trayecto uno puede sentir como si todo lo que gira en torno a Knytt Underground no fuera más que un buen puñado de intentos del propio Nifflas por hacer frente a los esqueletos que guarda en el armario, pero a poco que levantemos la cabeza nos daremos cuenta de que el desarrollador sueco se las ha arreglado para introducirnos en una vorágine de adicción de casi cuarenta horas que, experimentando sutilmente con el recurso del lenguaje no verbal, ha estado coqueteando con nuestros sentidos mediante unas sólidas y sencillas mecánicas que obedecen a la perfección y su exuberante arte visual y sonoro.

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