Rhythm Paradise

En esos momentos en los que no me apetece jugar a nada, en los que prefiero quedarme anonadado mirando pensativo la pared, a veces me da por echarle un ojo a mi juegoteca y pensar en los juegos a los que he dedicado la mayor parte de mi tiempo estos últimos cinco años de generación.

Rhythm Paradise

Rhythm Paradise

El paraíso nunca estuvo tan cerca.

No tiene gráficos HD a 1080p y 60 fps con iluminación dinámica, texturas ultradetalladas y efectos atmosféricos en tiempo real. No tiene un argumento profundo y complejo que nos obligue a reflexionar. No tiene un protagonista carismático de los que se quedan grabados en la memoria. No tiene un modo online que prolongue hasta el infinito su vida útil. No tiene modo multijugador, así que damos por supuesto que nada de cooperativo. No tiene nada de lo que muchos consideran vital en un juego hoy en día. Rhythm Paradise solo tiene, y perdonen la redundancia, ritmo. Y con eso le sobra para comerse a la práctica totalidad del mercado.

Break! Come On! Uh!

Rhythm Paradise puede parecer al ojo inexperto otro recopilatorio de minijuegos, de las decenas que pueblan las estanterías de Nintendo DS en las tiendas, con algo de música de por medio. Hay que investigar un pelín (en realidad con mirarlo en Wikipedia basta) para darse cuenta de que sus creadores son el SPD 01 de Nintendo, los creadores de los WarioWare de DS y GBA. Los mismos que redujeron el minijuego a la más mínima expresión: el microjuego. Además, cuenta con un compositor japonés medianamente renombrado por sus lares, Mitsuo Tserada. Así que ya tenemos un pequeño voto de confianza.

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