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Avance de Profesor Layton vs. Phoenix Wright

Nada que objetar.

Debo reconocer que el anuncio de Professor Layton vs. Phoenix Wright me generó una fascinación desmedida. Soy un gran seguidor de ambas sagas, hasta el punto de que muchas veces he sentido la tentación de interrumpir alguna conversación estándar con un "¡protesto!" o he deseado dirimir una diatriba mediante algún puzle ocurrente. La emoción que sentí al ser consciente de tal anuncio es tan solo comparable a la inherente duda de cómo diablos Capcom y Level-5 se las iban a arreglar para unir en un solo título a dos de sus personajes más icónicos; en realidad las raíces de ambos juegos, basados en la experimentación y la investigación, ya ofrecían un nexo de unión exprimible, pero aunar dos universos que saben muy bien cómo hacer funcionar una extravagancia tan única y distinta era todo un desafío.

Por eso empecé a jugar con cierta reticencia, a pesar de albergar mucha esperanza. Es complicado agradar a todo el mundo cuando se acomete un crossover, y mucho más cuando se trata de dos juegos que centran su atractivo en una narrativa original en lugar de en unas mecánicas similares. En este caso no se trata solo de contar una historia estrafalaria que esté a la altura o de ofrecer rasgos identificables, personalidad al fin y al cabo, a cada uno de los personajes, sino también de adornar todo eso con un entorno que aporte la suficiente profundidad como para resultar creíble a pesar de las licencias -muchas, todo sea dicho- tomadas. Lo que ya hacen con mayor o menor soltura ambas sagas, vaya, pero elevado al máximo exponente.

Las secuencias animadas ayudan a narrar una historia extravagante pero bien hilvanada, y por primera vez podemos oír hablar a Wright y Maya: el juego está doblado y traducido al castellano.

Quizá el problema es que, una vez asumido eso, sigue pareciendo improbable que esos dos universos puedan encontrarse en una historia coherente. Es por eso que los desarrolladores han optado por una fantasía perturbadora, que mantiene el misterio y el interés a pesar de resultar inverosímil. El estilo artístico está diseñado de forma escrupulosa para agradar tanto a los fans del profesor como del abogado, y hasta el más mínimo detalle parece haber sido discutido para mantener el equilibrio entre los dos, desde la estética de los menús hasta la organización de los capítulos o la personalidad de los protagonistas. Las primeras horas de juego nos introducen gradualmente en cada uno de los mundos, y los personajes están suficientemente equilibrados como para no destacar demasiado uno por encima del otro; Phoenix y Maya se dan más a la enajenación y a las situaciones pintorescas, mientras que el profesor Layton y Luke mantienen su seguridad y flema británica intactas. Cada uno sigue siendo tal y como es.

La historia empieza cuando una alterada joven llamada Aria aparece en la oficina del profesor Layton y de Luke portando un una carta y un misterioso libro y asegurando que está siendo perseguida por una fuerza maligna; la chica desaparece de la vista del profesor y, como quien no quiere la cosa, Phoenix Wright acaba defendiéndola en un juicio por robo y agresión mientras está de visita en Londres con motivo de un evento académico. Tras el correspondiente prólogo los protagonistas terminan apareciendo por arte de magia en la misteriosa y fantasiosa ciudad de Labyrinthia, lugar de brujas y brujería, que parece guardar una estrecha relación con todos esos sucesos. En realidad la población de la localidad está sometida al mandato del Narrador, una especie de líder supremo, un Kim Jong Un de la fantasía, que escribe, literalmente, el destino de sus habitantes en unas cuadrillas. En este juego es todo más grande, más loco, más épico, aunque lo que sigue permanece prácticamente igual: Layton continúa resolviendo sus puzles, y Wright se dedica a alardear de verborrea en el tribunal, a presionar y a presentar las pruebas pertinentes. Lo que más destaca al principio, eso sí, son las cuidadas escenas cinemáticas, las secuencias dobladas que aparecen de vez en cuando y la calidez de su diseño y sus gráficos.

"Hasta el más mínimo detalle parece haber sido discutido para mantener el equilibrio entre las dos franquicias, desde la estética de los menús hasta la personalidad de los personajes."

Técnicamente es al mismo tiempo el mejor Layton y el mejor Ace Attorney que se ha visto hasta ahora, algo que no hace más que elevar las expectativas. Además a medida que avanza el juego reluce, como decía, esa adecuada mezcla entre las mecánicas de los dos títulos, y a pesar de que al principio da la sensación de que parecen ser dos historias distintas se puede percibir cómo poco a poco se unen en una sola. Una inquietante, sí, pero una sola. Las interacciones entre ambos van aumentando y, por ejemplo, a partir de cierto momento podemos usar las monedas que consiga Layton para facilitar las cosas en el tribunal, cuando debemos defender a los acusados como Phoenix. Es una relación en la que existen muchas posibilidades teniendo en cuenta la especialidad y carácter de los personajes, pero falta por ver si la cosa sigue yendo a más o termina estancándose.

Todavía falta por ver, también, cómo se desarrolla una historia que promete quizá demasiados momentos estrambóticos, pero por el momento es un hito que una apuesta tan arriesgada como esta sepa mantener el potencial y la esencia de cada una de las sagas que representa renunciando prácticamente a nada. Mentiría si dijera que hasta ahora Professor Layton vs. Phoenix Wright no ha reforzado ni justificado el cariño que profeso a ambos, pero esperamos que tanto Capcom como Level-5 hayan sabido asumir los riesgos necesarios para evitar que, a la larga, todo el jugo que tiene por ofrecer se reduzca finalmente a un pomposo y aburrido escaparate del fan service. Sería una auténtica pena.

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Borja Pavón

Redactor

Borja se encarga de mantener el ritmo de las noticias, las guías, los trucos y la samba que todos llevamos dentro. Analista ocasional, tú dale un mando, un Tender de chocolate y algo de lo que despotricar y le harás la persona más feliz del mundo.

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