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Análisis de Digimon Survive - El problema no es que sea una visual novel

Megadramon.
Digimon Survive no está ni a setas ni a Rolex: no es particularmente bueno como novela visual ni lo suficientemente potente como RPG.

Llegados a este punto, no creo que se le escape a nadie que Digimon Survive tiene un planteamiento muy peculiar, tanto dentro de su propia franquicia como dentro del género de RPGs de monstruos que podemos reclutar y utilizar para combatir. La curiosa mezcla de novela visual postapocalíptica con un combate táctico y sólo parcialmente heredero de otras entregas anteriores, como la saga Cybersleuth, nos proponen una aproximación a Digimon bastante genuina y diferente. Una que, claro, no atraerá a todo el mundo por igual, pero que, como mínimo, cuando empezamos a jugar se nos plantea como algo que podría convertirse en un buen espacio para desarrollar una historia independiente y un poco más madura de lo habitual y, simultáneamente, aglutinar un buen puñado de referencias nostálgicas y sistemas más clásicos.

Un par de capítulos después, habremos perdido prácticamente todas las esperanzas de que esto suceda.

La trama de Digimon Survive parte de un grupo de adolescentes que se trasladan a una localización rural de Japón como parte de un campamento de verano. En medio de la excursión, acaban investigando las ruinas de un antiguo y sospechoso santuario que termina por transportarles al mundo de los Digimon. Allí el protagonista principal, Takuma, conocerá a su compañero, Agumon. Poco a poco, iremos reuniéndonos con el resto de integrantes del grupo de estudiantes, que también han encontrado a sus respectivos Digimon, y trataremos de guiarles en la supervivencia en este mundo extraño hasta que encontremos, por fin, la causa de este suceso. Y, quizás, encontremos una manera de volver a casa.

La historia se desarrollará fundamentalmente a través de texto. En la perspectiva de Takuma, conversaremos con nuestros compañeros de aventura y, en ocasiones, podremos tomar decisiones sobre qué contestarles. Determinadas respuestas cambiarán nuestro “karma”: a pesar de que el juego no nos lo dice explícitamente, utilizar la opción que nos aparece a la izquierda de la pantalla nos inclinará hacia el karma de la moralidad, la del centro, hacia la ira, y hacia la derecha, hacia la armonía. El karma que domine a nuestro personaje tendrá un impacto directo en el final que obtenemos en nuestra primera partida, y condicionará también las distintas evoluciones a las que nuestro Agumon podrá acceder. No obstante, no todas las opciones que escojamos tendrán efecto directo en el karma: algunas servirán para mejorar - o empeorar - nuestra relación con los compañeros. Por ejemplo, ante la diatriba de si es mejor mantener la calma y ponernos a resguardo o arriesgarnos a explorar y buscar víveres, algunos personajes reaccionarán positivamente y otros negativamente. Así, a la hora de escoger las opciones de diálogo tendremos que tener en cuenta, además de nuestros intereses personales, lo que sabemos sobre nuestros distintos compañeros, y cuáles queremos priorizar antes los otros.

Un sistema definitivamente bienintencionado, pero cuyas costuras son automáticamente evidentes. Para empezar, es extremadamente fácil llevarse bien con todo el mundo: en rarísimas ocasiones podremos tomar una decisión que realmente genere descontento en alguno de los personajes secundarios, e incluso los momentos de tensión dramática nos taquigrafían muy evidentemente cuál es la opción correcta que tenemos que escoger. Por otro lado, lo que decidamos casi nunca tendrá relación real con lo que termina sucediendo. Si elegimos todo el rato la opción más obvia, quizás no nos demos cuenta del truco; pero en el momento en el que intentamos salirnos un poco por la tangente y tomar decisiones algo menos arquetípicas, el juego nos reconducirá automáticamente a la opción que considera que deberíamos haber seleccionado. Por ejemplo, ante ciertos enemigos poderosos se nos da la opción de escoger luchar o salir corriendo. El juego quiere claramente que tomemos la opción de huir, y si no lo hacemos, nuestros compañeros se negarán a aceptar nuestra decisión y se marcharán igualmente. A pesar de que en un principio podemos pensar que las estadísticas de nuestro personaje podrían acabar impactando en el desarrollo de la trama, lo cierto es que, salvo en el momento específico del final del juego en el que se nos advierte explícitamente de que la historia va a bifurcarse, las opciones que seleccionemos tienen escaso o ningún impacto.

Además de las escenas en las que se desarrolla directamente la historia, cada uno de los doce capítulos del juego estará dividido en distintas fases. Las fases de exploración nos instan a movernos por los distintos escenarios disponibles en busca de pistas sobre lo que está sucediendo. Generalmente, para superar estas secciones tendremos que hablar con los distintos personajes, que compartirán con nosotros la información que han recabado. Además, podremos explorar por nuestra cuenta los distintos escenarios, utilizando la cámara de nuestro móvil para buscar una especie de “perturbaciones” que a veces nos servirán para avanzar la trama y en otras ocasiones nos otorgarán nuevos objetos o coleccionables. Por otro lado, también habrá segmentos de acción libre, en los que, de nuevo, nos moveremos por los mapas, en esta ocasión con un número de acciones limitadas, y podremos escoger pasar tiempo con los personajes para conocerlos mejor. A muchos jugadores este tipo de estructura puede recordarles, por ejemplo, a la presente en la saga Persona de Atlus; no obstante, es una impresión superficial, ya que siempre tendremos puntos de acción suficientes para establecer conversación con todos los miembros de nuestro grupo, y el impacto de nuestra relación con ellos en la trama del juego es, con contadas excepciones, casi nulo. En la práctica, no hay mucha diferencia entre ambas partes del juego, y los segmentos de acción libre apenas nos ofrecen verdaderas posibilidades de interactuar con los personajes.

Con todo esto sobre la mesa, y como seguro que ya habéis notado, pasaremos la inmensa mayoría de las horas de juego leyendo diálogos. A pesar de lo que puedan decir el puñado de usuarios descontentos que han decidido hacer review-bombing del juego porque no leyeron correctamente la descripción de él que ofrecían la página de Steam y los tráilers, el problema de Digimon Survive no es ser una novela visual. El planteamiento de un grupo de jóvenes que van, poco a poco, lidiando con sus problemas y luchando por sobrevivir y madurar unidos a sus compañeros Digimon podría perfectamente crear textos y diálogos interesantes, escenas tensas o emocionantes, y momentos memorables. El problema de Digimon Survive es que, a pesar de que dedica una amplísima cantidad del tiempo de juego a los diálogos y a la narración, la escritura del juego es mediocre, en sus mejores momentos, y deficiente, en los peores.

No afirmaría algo así a la ligera, pero es que hay una cantidad limitada de veces en las que uno puede tener las tres mismas conversaciones vacías en las alrededor de treinta horas que ha durado mi primera partida del juego antes de trazar una línea. Durante prácticamente dos tercios del juego, la inmensa mayoría de los diálogos entre Digimon y humanos, o entre los niños humanos son, en general, absolutamente insulsas, y no aportan ningún desarrollo real ni a la trama ni a los propios personajes. El noventa por ciento de diálogos del principio del juego constan de los niños diciendo de manera cíclica que están asustados, que quieren volver a casa, y que quieren mucho a sus Digimon; sentimientos encomiables, por supuesto, pero que pierden significado después de una veintena de ventanas de texto exactamente iguales. El juego tiene, además, la tendencia a pensar que aportar una perspectiva “adulta” sobre la franquicia Digimon viene de la mano de un par de muertes crueles con apenas ningún impacto sobre el desarrollo principal de los personajes; y, mientras tanto, apenas vemos ningún progreso en su forma de pensar o relacionarse y gestionar la situación que están viviendo. Digimon Survive tarda decenas de horas en establecer cuál es el conflicto que mueve su narrativa, y para cuando esto sucede ya es muy difícil que nos siga importando realmente lo que está sucediendo. Incluso si lo sigue haciendo, la necesidad apresurada de contar en tres capítulos los trasfondos, problemáticas y demás sucesos fantásticos que no ha sido capaz de explicarnos en los nueve anteriores deja un montón de cabos sueltos y hace que la resolución de la trama sea insatisfactoria por demasiado apresurada.

Afortunadamente para nosotros, no todo Digimon Survive es texto. También hay secciones de combate, en una cantidad mucho más limitada pero, aún así, presente. Cada uno de los niños elegidos tiene un Digimon que le acompaña y que podremos utilizar en batalla. Como las batallas obligatorias dentro de la trama son tan limitadas y no pueden repetirse, también hay una opción de “combate libre” en las secciones de exploración y acción libre en las que podemos enfrentarnos a monstruos aleatorios e incluso reclutarlos para nuestro equipo.

Por lo demás, el combate es una encarnación sencilla, pero efectiva, de un RPG táctico por turnos. Según la velocidad de nuestros Digimon y de los Digimon oponentes, se establecerá un orden a través de los cuales moveremos a los monstruos por las casillas de los mapas, utilizando distintos ataques o la habilidad de digievolucionar para hacerlos más poderosos. Mantener a nuestros Digimon digievolucionados nos costará puntos de habilidad cada turno, mientras que mantenerlos en su forma inicial hará que recuperemos una pequeña cantidad de ellos al final de éste. Así, se crea una dinámica bastante llamativa por la cual tendremos que estrategizar en qué momentos digievolucionar a nuestros bichos, para hacerlos más fuertes y resistentes, y en qué momento protegerlos para mantenerlos en su forma más débil y ganar así más espacio para utilizar los ataques particularmente fuertes más tarde. Está presente, además, el triángulo habitual de tipos de los Digimon (virus, vacuna y datos) y cada uno de ellos tendrá diferentes fortalezas y debilidades a los ataques elementales. Ciertos objetos que encontraremos al final de las batallas y durante las exploraciones nos permitirán, al equipárselos a cada bicho, hacer que aprendan ataques concretos o mejoren sus estadísticas.

La variedad de Digimon que nos encontraremos a lo largo de la aventura y que podremos utilizar en nuestro equipo ronda la centena, y es bastante variada; el juego es parcial, sin embargo, a que utilicemos a los Digimon que acompañan a los personajes. Los Digimon “principales” de nuestro equipo obtendrán nuevas digievoluciones a través de la historia y la afinidad que tengamos con sus dueños, y además tendrán distintos bonus en combate y la posibilidad de “hablar” con su niño elegido en cuestión para obtener una mejora de sus estadísticas. Los Digimon que reclutamos a través del combate libre, sin embargo, necesitarán de objetos especiales que obtendremos a lo largo de la historia para obtener sus formas más poderosas, y carecen de la mecánica de hablar con los protagonistas. Así que, a pesar de que los más versados en la saga querrán pasar tiempo capturando y entrenando a sus Digimon favoritos, me atrevería a decir que la inmensa mayoría de los jugadores simplemente utilizarán los Digimon estándar y no se molestarán particularmente en fijarse en los demás.

Que el combate de Digimon Survive sea sencillo no es un problema, y de hecho esto lo hace notablemente más ágil y agradable en los primeros compases del juego. Sin embargo, conforme avanzamos, acaba adoleciendo de una dificultad demasiado baja y, sobre todo, de demasiada repetitividad. Hay apenas un puñado de mapas en los que combatiremos, que se repetirán constantemente; y, además de eso, pronto nos daremos cuenta de que el juego nos obliga a vencer constantemente a los mismos cuatro o cinco jefes una y otra vez. Se me escapa, la verdad, el motivo por el cual un título con tantísima variedad de criaturas limita la historia principal a hacernos perseguir, una y otra vez, a los mismos jefes, en ocasiones en combates sucesivos que nos instarán a jugar y superar la misma batalla en más de cinco ocasiones. Hay motivos de trama que justifican, claro, el hecho de que tengamos que repetir constantemente estos enfrentamientos, pero en última instancia acaba siendo un tanto frustrante saber que podríamos estar disfrutando de batallas mucho más variadas con monstruos que están, de hecho, programados dentro del juego, y que en lugar de eso Digimon Survive nos obliga a repetir una y otra vez las mismas situaciones. La curva de dificultad, si bien apta y definitivamente accesible para los jugadores más novatos o que quieran centrarse en la historia, se tornará enseguida demasiado sencilla para aquellos que sí tengan cierta experiencia en el género. Las evoluciones más poderosas de los Digimon principales pueden, en los últimos compases del juego, acabar fácilmente de un sólo ataque con hasta los enemigos más poderosos, creando situaciones un poco extrañas en las que debilitamos a un jefe con varias fases a la primera, y el juego nos insta a pegarle un par de golpes más para poder desencadenar las cinemáticas que tenía programadas para él.

No creo, a pesar de todo, que Digimon Survive sea un título imposible de disfrutar. Los fans de la saga disfrutarán con las apariciones de sus monstruos favoritos, con las referencias a otros videojuegos y otros momentos de la saga o, simplemente, con visitar de nuevo la familiar estructura narrativa de los niños perdidos y obligados a madurar demasiado rápido y contraponerse a sus propias limitaciones. No obstante, habiendo terminado varias de sus rutas no queda ninguna duda de que es un juego al que le falta foco. Quiere centrarse en su texto, pero el texto no es suficientemente bueno; quiere darle más empaque a la fórmula Digimon con su combate, pero la imposibilidad de complicar éste último en exceso para no alienar a los jugadores que quieran centrarse en la historia termina por hacerlo un tanto tedioso. Una traducción al castellano que no es mala, pero a la que sí que se le nota una falta de corrección y de correlación con las imágenes que se muestran que en muchas ocasiones enrevesa más de la cuenta ciertas mecánicas o situaciones hace que disfrutar del conjunto sea todavía más complicado. El resultado duele particularmente porque Digimon Survive, con todos sus defectos, siempre expresa unas intenciones puras y voluntariosas en su percepción de su propia franquicia, y en las ganas de hacer algo nuevo con ellas; pero las buenas intenciones, como ya sabéis, no siempre son lo más importante en estos casos.

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Acerca del autor

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Paula García

Redactora

Tirana de lo cuqui. Mi referente periodístico es la Rana Gustavo. Me gustan los cómics y las superheroínas. Fui a buscar el Nuclear Throne un día y todavía no he vuelto. Si me veis por ahí, enviad ayuda. No, en serio. Twitter: @cecilos

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