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Análisis de Subsurface Circular

Domo arigato, mista robato.

A pesar de su atrevimiento e interés, Subsurface Circular se queda atrapado en la red de sus propias implicaciones filosóficas.

Ocurre algo gracioso cuando ves una película como El día de los muertos o La tierra de los muertos vivientes, y es que George A. Romero, en paz descanse, insiste en hacer que el respetable simpatice con los zombis. La película que lo inició todo, La noche de los muertos vivientes, utilizaba a sus criaturas como símbolo de la amenaza de las masas, el público, el rebaño que no piensa, y a través de ellos situaba a sus protagonistas en una situación que mostrase el lado más crudo del ser humano, terminando con una crítica al racismo a través de la acción humana, el odio entre iguales incluso ante una amenaza mayor. El amanecer de los muertos ponía al zombi en el papel del consumidor, la gente que, como yo, piensa que pasar la tarde mirando cosas en la Fnac es un plan tan válido o incluso mejor que salir de cañas con los amigos. El zombi era el ciudadano de mente muerta que se paseaba por los centros comerciales sin rumbo, alma en pena él, sujeto a leyes por encima de su entendimiento, puro instinto y sin objetivos. Fácil de pillar.

El problema cuando llegas y pones al zombi como metáfora del racismo, al zombi digo y no al hombre o mujer que huye del zombi, es que eso trae toda una serie de reglas y asunciones a tener en cuenta. Hasta donde yo sé, las gentes de otras etnias no se mueven en grupos con los brazos en alto y devoran al primer idiota que se encuentran por su camino ni tampoco van por ahí balbuceando "uh" y "ah" con la mirada perdida porque su cerebro literalmente no les funciona y su cuerpo empezó a pudrirse hace ya semanas. Quizá sea que no he salido de casa lo suficiente, yo qué sé, pero la cuestión es que el zombi como sustituto del africano, el asiático, quien sea, resulta extraño porque no es la misma relación ni es la misma criatura.

Ocurre algo parecido con Subsurface Circular, obra de Mike Bithell que él mismo describe en los créditos como "un corto". Este videojuego ocurre entre robots, Teks los llaman en este futuro scifi, y habla sobre temas de candente actualidad que encuentran un sustituto fácil en los Estados Unidos de Trump y sus tensiones sociales. Su historia es una de opresión y miedo, grupos ultraconservadores que desfilan predicando la violencia contra lo distinto y un sistema que o bien poco puede hacer o poco le importa lo que ocurra ahí abajo mientras los engranajes sigan girando.

La cuestión es que todo pasa con robots.

Quizá llamar "experimento" a Subsurface Circular sea demasiado; esto es un cortometraje, una idea postulada. Sobre todo, es un mundo interesante donde no me importaría quedarme. Sugiere lo suficiente como para que se entienda pero deja a la imaginación material para crear nuevas obras, y desde luego tiene una identidad y estética reconocibles.

Subsurface Circular es un videojuego sencillo de funcionamiento simple: eres un robot detective que investiga una serie de desapariciones de varios Teks. La acción se limita a la línea de metro circular y los asientos que te rodean y el tiempo se sucede lentamente sin elipsis ni flashbacks. Aquí y ahora, la realidad en tu cara. De primeras, parece un videojuego que experimenta con la conversación porque lo único que haces es conversar con otra gente, escogiendo distintas opciones de diálogo y, de vez en cuando, desbloqueando nuevos puntos de conversación para proseguir en nuevas direcciones, pero el resultado se parece más a una aventura gráfica que a, digamos, Façade. Subsurface Circular se sucede entre diálogos repetidos y opciones que vuelven a salir mientras rebuscas cuál es la adecuada. Te dicen que el metro se mueve y pasa de estación en estación, pero todo esto es mentira: el juego avanza a su propio ritmo y no te quedarás sin nada que decirle a nadie. No estás hablando sino resolviendo puzles, buscando qué decir a esta persona con qué punto de conversación. Es irónico decir esto con un juego protagonizado por robots, pero resulta artificial.

El experimento se queda en poco. Quizá llamarlo "experimento" sea demasiado; esto es un cortometraje, una idea postulada. Sobre todo, es un mundo interesante donde no me importaría quedarme. Sugiere lo suficiente como para que se entienda pero deja a la imaginación material para crear nuevas obras, y desde luego tiene una identidad y estética reconocibles. Pero en su corazón descansa esa idea, la de la revolución o su ausencia, el descontento y la sociedad agitada, y ahí uno no sabe bien qué responder porque Subsurface Circular siente lo que dice, pero lo dice en un contexto extraño porque un robot no es una persona, y alguien saldrá a decirme que sí, y otro que no, y otro que si el alma o Dios o qué, y entonces ya no estamos hablando de nuestra sociedad sino el transhumanismo. Se desvía la conversación y el tren descarrila.

Subsurface Circular se presenta como el comienzo de algo. Nada destacable, pero una adición agradecida, y si esto significa que Mike Bithell va a hacer más juegos que se coman a bocados, como si fueran snacks, bienvenida sea la idea. A pesar de los problemas adicionales, de esas nuevas capas que vengan con la inclusión de robots y no la existencia de personas en esta obra, sus intenciones son claras y sus métodos, más sabios de lo que parezca en un principio. Explorar los problemas desde cerca, la conversación. Es casi socrático, pero versión bit. No volará cabezas, no rompe estándares y he visto cosas más interesantes salir de una game jam, pero no es un mal camino. Espero con interés ver qué ofrecerá Bithell a continuación. Con un poco de suerte, no habrá zombis o similares.

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