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Análisis de Last Day of June

Hamuertohamuertohamuer...

Last Day of June es sentimiento impostado, un juego de romance sin romance que dice conocerse pero no sabe dónde va y, encima, termina mal.

Recuerdo que en el instituto, no sé si fue un amigo o un compañero o un conocido de clase, pero de alguna manera escuché una historia que catalogaré como "de amor", aunque por descarte. El relato iba como sigue: una pareja, ella y él, van en una moto por una carretera secundaria. El sol, el mar a un lado, el campo al otro, y entran en una cuesta abajo. Entonces él se da cuenta de que no le funcionan los frenos y, en lugar de pensar alguna solución o intentar frenar en cuanto bajan para ver el fallo a tiempo, le dice a su novia que le abrace con fuerza omitiendo el detalle de que, en fin, que se van a partir la crisma. Parejas. La historia se supone que debe evocar una reacción azucarada de "qué mono es él, que quiere compartir sus últimos momentos feliz con su amada", pero yo no paraba de pensar en lo imbécil que era ese chaval por no haber comprobado si los frenos funcionaban en primer lugar. Pero así es el género del romance, uno de gente haciendo cosas raras, de esas que si se ven desde fuera parecen acoso, psicopatía o una combinación de ambas. Y en esto entra Last Day of June.

June es ella, Carl es él. Viven felices en una villa con menos habitantes de los que puedas contar con los dedos de las manos y salen a visitar un lago porque ella, después de tocarse el vientre y reír, quiere contarle algo a él. El juego vende esto como el secreto a descubrir, para que nos hagamos una idea. La cuestión es que antes de que pueda ocurrir nada, empieza a llover y, en el viaje de vuelta, su vehículo se sale de la carretera con catastróficos resultados. Ella muere y él termina en una silla de ruedas, triste, a solas, llorando y con las luces apagadas. Su lamento encuentra una vía de escape cuando las pinturas de June de pronto cobran vida; Carl puede volver al pasado y corregirlo. Puede salvar su relación.

Last Day of June funciona siguiendo la dinámica de aquel proverbio inglés que versa "por falta de un clavo, se perdió la herradura. Por falta de una herradura se perdió el caballo. Por falta del caballo se perdió el jinete. Por falta del jinete se perdió el mensaje. Por falta del mensaje se perdió la batalla. Por falta de la batalla se perdió el reino. Y todo por la falta del clavo de una herradura". Resolver el pasado no significa volver tú a esa cita a la orilla del lago e intentar explicarle a tu pareja por qué entrar en el coche es la peor decisión que puedes tomar, sino que adoptas el papel de otros cuatro personajes que cada uno, a su manera, ha tenido un efecto en la muerte de ella. Es un juego breve y de mecánicas simples cuyos puzles no exigen pensar demasiado, de esos que prefieren ser completados en vez de bloquearte por no saber cómo combinan un gato y la Declaración de Derechos Humanos para entrar por la puerta trasera de una discoteca. Pero incluso en su brevedad, tanto general como de cada capítulo y cada personaje, Last Day of June se hace largo. Plúmbeo, mejor dicho.

Last Day of June actúa como Zack Snyder, dando más importancia a los momentos que las escenas y esperando que todo hile y que le sigamos el juego aunque él no nos dé nada con lo que jugar. Es todo forma y la forma no cautiva tanto.

La culpa no es del ritmo pausado; el juego despliega un aspecto visual de paleta atractiva y look simple, de esos que pretenden ser un indie darling y ya de primeras te dice que todo esto va de llorar. Se espera un plato a fuego lento, pero no uno que entreguen crudo y vuelva a la cocina, esperar dos minutos, otra vez crudo, vuelta, minuto y medio, había dicho poco hecho pero es marrón, vuelta a empezar. El verdadero puzle no es qué necesitas para resolver la situación de cada personaje sino cómo relacionar su segmento con el de los demás para que, cuando visites otro, hayas dejado el mundo de tal manera que puedas avanzar. Si dejas al niño jugando con el perro, no puedes acudir a él cuando seas el cazador. Si utilizas la cuerda para atar unas cajas, la cuerda se queda ahí para el resto. Y en un título que vive del ensayo y error, terminar una secuencia para repetirla y enmendar errores, tener que soportar todo el rato la cinemática de cómo va a morir la pareja, de en qué condición se encuentran los personajes, de cada paso, cada acción, cada todo, es un suplicio. No necesita ser Super Meat Boy, pero sí agilizar.

Last Day of June, como veréis, me recuerda a demasiado. Me recuerda a Fragments of Him, título que también hablaba sobre la memoria y la pérdida de un ser querido, pero la brecha que los separa es significativa. Fragments of Him era una exploración del efecto que había tenido el desaparecido en su entorno, cómo había ayudado y enriquecido las vidas de los demás, como una meditación sobre el valor de la persona, un Qué Bello es Vivir de final triste y sin ángeles. Last Day of June no va sobre nada de eso. Son una pareja. Se quieren. Ella se ha ido. Punto final, sin profundizar, sin utilizar al resto de personajes como símbolo o siquiera referencia. Es vadear por aguas que no cubren ni hasta el tobillo y el verdadero picor que este juego no rasca no es cuestión de imagen o ritmo sino sustancia. Es una historia corta que se resume en menos, ella, su final y su mensaje, una frase que alguien ha convertido en un cortometraje y no sabe cómo alargar. No hay nada en el niño o la mejor amiga de Carl que contribuya a la atmósfera, la historia, la reflexión. Es una estética que, de no ser por esas miradas vacías, podría llamar "cuca" y un final que pretende hacernos un nudo en la garganta, pero llorar por esto significaría darle muy poco valor a la lágrima. A la lágrima y, en general, a la gente, porque aquí no se conoce a nadie. Por qué se quieren. Qué les hace especiales. Qué hay de llamativo en su entorno. Qué más da que haya un hombre persiguiendo a un pájaro. El hecho de que un título tan corto se sienta con relleno habla mucho de su falta de sustancia.

Lo más trágico o gracioso, según se mire, es su manera de terminar, un final más cabrón que ese relato que ha abierto el texto y que encima pretende ir de mono. Last Day of June actúa como Zack Snyder, dando más importancia a los momentos que las escenas y esperando que todo hile y que le sigamos el juego aunque él no nos dé nada con lo que jugar. Espera que sea todo tan obvio, tan archiconocido y manido, que conectemos y nos proyectemos en su historia sin necesidad de poner de su parte y, olvidando que nada de esto importa, que da igual lo que haga el niño con su cometa, que la mudanza de la vecina tiene la misma carga emocional que un donut de chocolate, se proclama como puro sentimiento. Es todo forma y la forma no cautiva tanto. Si esto es el amor, yo me bajo.

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