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Análisis de Titan Souls

Solo se vive una vez.
Plagado de buenas intenciones y mejores referentes, Titan Souls sacrifica ambición por diversión, con desigual resultado.

Rastrear el árbol familiar de Titan Souls es una de las tareas más sencillas a las que podemos enfrentarnos como presuntos conocedores del medio. La influencia de la obra reciente de Miyazaki, patente en el mismo título, y los gigantescos titanes que cimentan el núcleo jugable de manera similar a cómo lo hacían en Shadow of the Colossus hacen que localizar al padre y a la madre de este proyecto nacido bajo el concepto de "unidad" -no es del todo exacto, pero seguidme la corriente- en la Ludum Dare Game Jam sea, y esta es seguro la única vez que utilizaré esta expresión en el texto, pan comido. Si a ello le sumamos los ojos de los primeros Zelda y un ligerísimo aire a su primo Fez, podemos empezar a conocer al retoño concebido por Acid Nerve gracias a la ayuda de su matrona, la últimamente omnipresente en lo que a indies se refiere Devolver Digital.

Elegir dos de los juegos con un seguimiento más apasionado e implacable de los últimos años como inspiración es un movimiento tan arriesgado como los que debe realizar nuestro protagonista para seguir con vida en cada enfrentamiento con los titanes que dan nombre al juego. Dos botones, uno para lanzar y recuperar nuestra única flecha y otro para esquivar rodando con una soltura relativamente realista son lo único que nos separa de perecer aplastado, reducido a cenizas o alguna que otra putada visualmente cómica pero fastidiosa para nuestros nervios, sobre todo si tenemos en cuenta lo irritante de estar 10-15 minutos sobreviviendo a duras penas para fracasar miserablemente y volver a empezar o lo tedioso de recorrer de nuevo el camino hasta la sala donde espera cada uno de nuestros enemigos.

Es extraño esto último, porque si algo parece querer ser Titan Souls es una respuesta arcade y simplificada a los juegos anteriormente mencionados. Como decía al principio, la gracia del juego radica en la unicidad, en el sentido de que el grueso del juego gira en torno al número uno: Un personaje, una vida, una flecha, un único punto débil para cada titán que, a su vez, son derrotados de un solo toque. Reducir todo a su mínima expresión contrasta, por tanto, con la ocasional lentitud de nuestro avance, algo que en el caso de los paseos hasta la siguiente zona es beneficioso por cómo nos deja disfrutar de un paisaje pixelado lo suficientemente colorido y bien pensado como para que merezca la pena detenernos un momento, pero que en lo jugable puede llegar a resultar bastante incómodo por su aparente demanda de inmediatez.

Por sí solo Titan Souls es simple, retante y lo bastante divertido como para conquistar algunos -bastantes, incluso- corazones, pero su falta de ambición acaba siendo un problema para aquellos que esperan encontrar la chispa que reside en los juegos de From Software o en la obra de Fumito Ueda.

Pese a todo, es en este relativo minimalismo donde encontramos también su mayor virtud. Aunque no todos los titanes están pensados con el mismo grado de acierto, cada uno esconde un reto lo suficientemente distinto como para que tengamos que replantearnos nuestra estrategia en cada enfrentamiento. El hecho de que no podamos movernos para recuperar nuestra flecha, unido a una pequeña pausa entre un esquive y otro, incrementa la sensación de lucha a vida o muerte; algo parecido a revivir una y otra vez la escena final de La Guerra de las Galaxias en la que Luke, tras un largo y peligroso recorrido por la Estrella de la Muerte, dispara casi a ciegas al único punto letal de la colosal estación del Imperio. Esta comparación no es baladí, ya que la agresividad de algunos de estos jefes provoca que, ante la imposibilidad de trazar un plan de ataque, debamos de confiar en la suerte tanto como en nuestra habilidad para no repetir veinte veces cada combate; cosa que acabaremos haciendo igualmente en la mayor parte de los casos.

Todo esto puede sonar relativamente bien, pero las malas noticias llegan cuando, superada la impresión inicial y asimilado el concepto, nos encontramos con que poco más nos queda por ver. Y eso, siendo hijo de quién es, duele especialmente. La saga Souls, con su alto nivel de exigencia y su facilidad a la hora de crear situaciones únicas que compartir con una comunidad entregada y fiel no sería lo que es sin su gigantesco lore. Podríamos decir lo mismo de Fez o Zelda, por supuesto, pero si alguien se ha ganado en los últimos años el derecho a presumir de contener un argumento rico en detalles que recompensa enormemente a los jugadores más dedicados es la obra de Miyazaki. Aquí, esta narración brilla por su ausencia, y ni siquiera nos encontramos con herramientas suficientes como para crear nuestra propia historia.

Y qué decir de su otra fuente de inspiración, Shadow of the Colossus. La última obra maestra del Team Ico nos atrapaba en un mundo vibrante y envolvente, dejándonos epatados con la gigantesca escala de unas criaturas que servían a la vez de escenario y de enemigo; pero quizás su mayor virtud era la de crear un vínculo con el jugador, mecánicas mediante, imposible de imitar si reducimos las pretensiones y el tamaño de las apuestas. En este caso no es tanto el no intentarlo, y la más que correcta música que adorna nuestros melancólicos paseos y nuestros arriesgados combates da fe de ello, sino que construir esa sensación única de la que muy pocos pueden presumir cuando no contamos con los mimbres necesarios para hacerlo es, permitidme la ironía, una tarea de auténticos titanes.

Castigar a alguien por lo que pudo ser en vez de por lo que es no parece la manera más imparcial de emitir un juicio, pero cuando tu inspiración en los más grandes es tan evidente es lógico que surjan las comparaciones. Por sí solo Titan Souls es simple, retante y lo bastante divertido como para conquistar algunos -bastantes, incluso- corazones, pero su falta de ambición acaba siendo un problema para aquellos que esperan encontrar la chispa que reside en los juegos de From Software o en la obra de Fumito Ueda. Trascender mediante la reducción de un concepto tan complejo es imposible si, en el camino, no condensas las virtudes que apelan directamente al jugador; algo que el juego de Acid Nerve evita hacer tanto por su lado más arcade como por el de sus referentes. Que el hijo haya decidido recorrer un camino distinto al de sus padres es loable, pero siendo familia de quien es carga sobre sus hombros una herencia, para su desgracia, difícil de olvidar.

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Acerca del autor

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Diego Pazos

Colaborador

Licenciado en Historia por vocación, gallego de profesión. Le gusta el punk-rock, el post-rock y el whisky on-the-rocks. Sus chistes malos son solo suyos y no representan la opinión de la empresa. Puedes seguirlo en Twitter: @yipee182.

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