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Probamos el monitor Canvas 27Q de NZXT

Un estreno por todo lo alto.

Me está sorprendiendo, y para bien, el movimiento de expansión que está realizando NZXT en tiempos recientes. Hasta ahora la compañía era conocida, sobre todo, por sus cajas para PC - la H510i sigue siendo una de las favoritas en esta santa casa - y por sus sistemas de refrigeración, pero en el último año hemos visto como lanzaban al mercado un micrófono (el Capsule) y unas capturadoras (la Signal HD60 y la Signal 4K30) con excelentes resultados. Y la cosa no termina aquí: ahora llega el asalto al mercado de los monitores.

El Canvas 27Q, que es el que hemos podido probar, es un monitor de veintisiete pulgadas diseñado para el juego a 1440p, con un panel IPS compatible con HDR10, una resolución nativa de 2560x1440 pixeles, una tasa de refresco de hasta 165Hz y una respuesta de 1ms. A nivel de conectividad posee dos puertos HDMI 2.0, un puerto DisplayPort 1.2, un puerto USB-C con modo DisplayPort, un jack de 3.5mm para conectar auriculares, un USB-B y un par de puertos USB de tipo A. Y, siendo un monitor enfocado principalmente al sector gaming, no falta tampoco la compatibilidad con las tecnologías de sincronización adaptativa AMD FreeSync Premium y G-Sync. Sobre el papel, empezamos bien.

Y las pruebas certifican esa sensación, aunque siempre teniendo en cuenta que es un producto de gama media con un precio ajustado, no una opción premium de coste elevado. Esto se nota, por ejemplo, en los acabados; son buenos y con una buena calidad de fabricación, pero de plástico (excepto el pie, pero de esto hablaremos más adelante), con unos marcos bastante finos en los lados y en la parte superior, pero el marco inferior es un poquito más grueso. La interacción con el menú de ajustes se realiza a través de un joystick en la parte posterior, una solución sencilla de utilizar y que, la verdad, resulta más cómoda que la típica selección de botones en la parte inferior que podemos encontrar en la mayoría de monitores de la competencia. Además, si conectamos el cable USB-B al ordenador podremos realizar los ajustes directamente desde el software NZXT CAM, una opción todavía más cómoda que el OSD con el joystick.

Ese menú de ajustes tiene las opciones típicas (brillo, contraste, nitidez, saturación, gamma y temperatura de color), así como algunos preajustes. Se echan en falta, quizás, algunas opciones más avanzadas para terminar de calibrar el monitor, pero entiendo que el público al que va dirigido no necesita tantas florituras, y los presets incluidos no me acaban de convencer. No es un gran problema, en cualquier caso, porque de serie viene bastante bien calibrado y con las opciones disponibles es posible obtener una personalización más que adecuada para jugar, pero es importante tenerlo en cuenta si se pretende usar también el monitor para realizar tareas de diseño gráfico o para darle un uso mínimamente profesional.

La calidad de imagen que ofrece es más que correcta. Notablemente buena, diría, especialmente en contenido SDR. Como decíamos antes, posee una resolución nativa de 1440p y funciona a 165Hz (con cualquiera de los puertos, no es necesario HDMI 2.1 para obtener esta tasa de refresco), y si combinamos un brillo por encima de la media (se anuncia como un monitor de 300 nits, pero alcanza casi los 380 nits, con un ratio de contraste de 1000:1) con el acabado mate de la pantalla, se puede usar perfectamente en espacios muy iluminados. La representación del color (100% del espacio sRGB, 97% del DCI-P3 y 87% del Adobe RGB) es buena, la precisión del mismo fantástica y la uniformidad de brillo excelente. Y el movimiento también sorprende de forma agradable, con un tiempo de respuesta bajísimo y un blur casi imperceptible, sin efecto de ghosting (habiendo, además, un modo MPRT si lo deseamos). Las únicas pegas son un ligero efecto glow, aunque esto es un problema inherente a la tecnología IPS, y que el HDR no es para tirar cohetes, al no ser lo suficientemente brillante (son necesarios mucho más que 350-400 nits para ofrecer un HDR de calidad).

Un par de cositas a tener en cuenta, por cierto. La primera, que el 27Q no lleva altavoces integrados; teniendo en cuenta que los altavoces de monitor son generalmente deficientes no es algo que haya echado de menos, pero pensad que necesitaréis unos externos o enchufar unos auriculares. Y la otra, que el puerto USB-C tiene la limitación de que no sirve para alimentar a un portátil - siendo un monitor gaming no es un uso habitual que se le vaya a dar, pero tened esto en mente si no vais a conectarlo a un PC de sobremesa.

Hay, además, un detalle que me ha parecido cuanto menos polémico. Siguiendo el ejemplo de Apple (que, en ocasiones, no es precisamente el mejor ejemplo a seguir), NZXT vende con el precio base únicamente el panel del 27Q, siendo necesario sumar la opción del pie (30€) o el brazo telescópico (169€). Es simplemente una cuestión de imagen, claro, pero no queda del todo bien ir a comprar el monitor, ver el precio, y luego tener que sumar otros treinta euros como mínimo al añadir un elemento indispensable para la inmensa mayoría de usuarios. Si se quiere dar la opción de comprar solo el panel hubiese sido mejor, creo, era mejor dar de base el precio con pie y luego rebajarlo si se quita.

Pero dejando esto de lado, el Canvas 27Q supone un gran estreno por parte de NZXT dentro de un nuevo segmento de negocio. Como producto de gama media toca todas las teclas adecuadas, e incluso sorprende en algunos apartados estando por encima de la media, todo ello con un precio bastante contenido. Si estás buscando un monitor para jugar a 1440p (el sweet spot con tarjetas gráficas tipo GTX 3070 o RX 6800) es una opción muy a tener en cuenta y que, en definitiva, nos parece muy recomendable.

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Josep Maria Sempere

Director

Jose es fundador de Eurogamer España y el director de su línea editorial y de contenidos. Ama el punk-rock, el cine palomitero de Hollywood, los simuladores de submarinos, la sci-fi, los cacharros de Apple y la década de los 80. Puedes leerlo también en su Twitter o verlo en su canal de Twitch.

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