The World Ends With You: Final Remix

Incluso con sus problemas de control, TWEWY mantiene su esencia: un juego arriesgado y caótico que transmite una intimidad muy particular.

Análisis de The World Ends With You Final Remix

Este es un texto extraordinariamente complicado de escribir para mí.

Casi tan complicado como ridículo suena ponerme así de emocional en la primera línea de un análisis, pero es que la ocasión lo merece: The World Ends With You es uno de mis juegos favoritos de todos los tiempos, y como mi única aspiración cuando escribo es ser total y absolutamente sincera con quien me lee, me parecería deshonesto no contaros esto antes de empezar. Creo que solo así se puede entender que la meta de estos párrafos que vienen a continuación no sea, en absoluto, alcanzar la objetividad y hacer una valoración neutral sobre la versión que nos ocupa ahora mismo. No es que no me sienta capaz de hacerlo, en realidad; es que no quiero ser imparcial porque me parece más importante ser justa, y darle el valor adecuado a lo que el juego significa para mí, lo que significó en su día para una gran cantidad de jugadores y para el medio, lo que su salto a otras plataformas implica una década más tarde, y lo que las modificaciones aportan y eliminan a la experiencia a la que aspiraba la obra original. No puedo separar esta nueva versión para Switch del juego que he jugado y rejugado tantas veces durante los años, así que no voy a intentarlo; en lugar de calificar esta actualización como un ente en sí mismo quiero contextualizarlo, intentar que el lector comprenda qué es lo que el juego pretende y en qué medida lo consigue y qué aspectos se mantienen y cuales se han perdido para siempre, para bien o para mal.

Como todo esto me parece extremadamente importante, voy a empezar mi discurso con una de esas verdades que duelen: las primeras horas de juego de The World Ends With You son, para mí, una forma muy sutil y refinada de tortura vestida de estética noventera y expresiones desfasadas.

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