Warparty

Oculta bajo el disfraz de la leyenda a la que trata de emular encontramos a una banda tributo que toca lo mismo, pero sin ninguna pasión.

Análisis de Warparty

No es difícil ver a Age of Empires como uno de esos juegos que marcaron a toda una generación, que contribuyeron a hacer crecer nuestra relación personal con un medio todavía en expansión. Para mí, saber si forma parte de tan selecto grupo se reduce a una regla muy sencilla: si recuerdo los códigos para trampearlo quiere decir que no solo le eché muchas horas, sino que también dejó una huella profunda e indeleble. De ahí que tenga que considerar a Turok 2 (Bewareoblivionisathand) como el primer gran juego de Nintendo 64, por encima incluso de Super Mario; que no pueda entender los juegos de simulación y gestión sin SimCity 2000 (Imacheat); o que vea a esta primera entrada de lo que sería a posteriori una exitosa y legendaria serie como uno de los pilares maestros de los juegos de estrategia en tiempo real (how do you turn this on).

Es lógico que la gente de Warcave/Crazy Monkey Studios vea también la obra de Ensemble Studios como un antes y un después en el género. Es lo que fue. Quizás sea menos lógico que, 23 años desde de su lanzamiento, continúen exprimiendo la misma fórmula como si hubiéramos tocado techo ya entonces y no hubiera nada nuevo que decir. Warparty es un juego que hace bien lo que intenta hacer, pero su escaso interés a la hora de aportar ideas nuevas convierte un buen planteamiento de base en una barata imitación.

Como copia cabe decir que hay cosas en las que demuestra saber. La primera, la más importante posiblemente, es lo de quitarse el sambenito de que los juegos que vienen de un Early Access relativamente prolongado en el tiempo -su lanzamiento se produjo en octubre del año pasado, con una beta ya en mayo-, especialmente en el caso de estudios modestos y primerizos, suelen contar con unos valores de producción pobres que acaban reflejados sobre todo en su apariencia y su apartado técnico. Aquí no contamos con lo último de lo último en tecnología ni tampoco en diseño, pero al menos sí evitamos tener la impresión de estar jugando a la enésima entrada genérica en la Play Store, gracias en gran medida a unos modelados aceptables teniendo en cuenta el tipo de juego ante el que estamos y a la fluidez con la que se mueve todo, animaciones incluidas. Nada chirría en exceso: el juego va razonablemente rápido, la música y los efectos de sonido están bien integrados y la interfaz, aunque sencilla y derivativa dentro de su género, permite entender más o menos rápido de qué va la cosa.

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